El secreto de sus ojos
Fue fotógrafo de Canal 8 durante 20 años, pero muchos lo conocen como enólogo, pocos saben que es gran bailarín, eximio cocinero y gran analista social. Por Viviana Pastor.
Cuando Rafael tuvo que empezar la escuela se mudaron a la ciudad y aun recuerda con veneración a su maestra, Margarita Palá de Pereyra, quien le enseñó las primeras letras.
Con el terremoto de 1944 murió gran parte de su familia y la visión apocalíptica de la destrucción total de la ciudad le quedó grabada en la memoria. "Eso me marcó terriblemente, tenía 7 años. Las personas queridas desaparecieron y la casa que mi papá construyó con mucho cariño sobre calle Alem se destruyó. Por 30 días vivimos en unas carpas abajo de un parral, fue terrible". La familia volvió a Carpintería, a 38 kilómetros de la Ciudad.
Su padres decidieron que Rafael se educara en Buenos Aires y lo mandaron pupilo al colegio Carmen Arriola de Marín, en San Isidro, donde iban Quito Bustelo y Jorge Estornell. Pero a los 11 años volvió a San Juan y terminó en la escuela Sarmiento.
Con precisión quirúrgica Rafael cuenta como cambió San Juan después del terremoto, sus calles, sus veredas y sus edificios.
En el '54 se recibió de enólogo, tenía apenas 17 años, en el Consejo de Enólogos tiene la matrícula número 15. Tuvo la suerte de hacer sus prácticas "en una de las bodegas más extraordinarias que había en San Juan, la López Peláez, que cerró por fallecimiento de sus propietarios". Allí aprendió de grandes maestros a producir garnacha, mistela, oporto, jerez, los vinos especiales de la provincia se hacían ahí. "Recuerdo todavía el aroma que me recibía cuando entraba a la bodega de esos vinos exquisitos", dice y agradece a Guillermo y Rogelio López Peláez por todo lo que aprendió con ellos.
A los 19 años le tocó el servicio militar obligatorio en la Marina, y cuando volvió le dieron trabajo en la bodega de Romero Ruiz. Allí se hacían vinos de mesa comunes para traslado y aprendió a manejar él solo una bodega y toda la elaboración. "Eran épocas en las que no había gaseosas ni cervezas y la gente tomaba vino con agua o soda, el pan y el vino eran infaltables cuando se sentaba el padre a la mesa", asegura.
En el ámbito de la bodega y en una foto conoció a quien sería su esposa, Norma Romero, que por entonces tenía 14 años, y cuando se vieron por primera vez, los dos quedaron prendados para todo el viaje.
Nace el fotógrafo
En la bodega Romero Ruiz trabajó hasta que se casó, tenía 24 años y Norma 19. Luego su suegro construyó una bodega propia en Rivadavia, que diseñó Rafael y donde fue el enólogo principal. Para entonces ya había incursionado en un arte que no abandonaría hasta la actualidad: La fotografía. Sus primeros pasos fueron las fotos familiares, lograba como nadie atrapar rostros y encantar a todos con sus imágenes. Sus amigos empezaron a pedirle que inmortalizara cumpleaños y fotos familiares y después su fama atrajo a desconocidos. Tenía su propio laboratorio y realizaba todo el proceso, revelaba negativos y hacía los positivos en papel. Todo esto sin dejar la enología.
En el '65, la bodega enfrentó una crisis y un primo suyo que trabaja en Canal 8 le dijo que necesitaban un fotógrafo, se presentó, lo probaron y lo tomaron. "El trabajo en el canal fue un puente impresionante para otros trabajos particulares, toda la gente que iba al canal y yo fotografiaba me conocían y después me encargaban sociales", contó.
Jorge Estornell, propietario y director del Canal era muy exigente y estricto y Rafael pasaba muchas horas allí retratando la actividad de todos los programas que producía el canal que eran muchos ya que por entonces Canal 8 era el canal del interior que más horas aire propias tenía. Estuvo 20 años con los Estornell. "Ahí conocí y fotografié a grandes figuras como Rosanna Falasca, Edmundo Riveros, Raúl Lavie, Pinky, Andrea del Boca, todos los actores que llegaban a San Juan. Lolita Torres me elogió las fotos, me dijo que ni en Buenos Aires le había hecho una foto tan buena", cuenta con naturalidad y despojado de egocentrismo.
Económicamente el trabajo de fotógrafo le redituó mucho más que el de enólogo y fue una vidriera importante porque "el fotógrafo de Canal 8 era muy conocido".
Hacía los mejores casamientos de San Juan y sus competencias eran sólo Carmona y Volpiansky, otros dos grandes de la fotografía. La demanda lo desbordaba y era necesario pactar eventos con 4 o 5 meses de anticipación.
El auge duró hasta que llegó la fotografía color y se asentó el primer laboratorio en San Juan, entonces surgieron muchos fotógrafos nuevos, la competencia era dura y la ecuación económica decayó.
Por entonces Rafael, que había dejado de lado la enología, volvió a la bodega full time a mediados de los '80. Pero jamás abandonó su amor por los retratos y paisajes y siguió siempre con la fotografía como hobbie. Rafael suele ir a los eventos del vino con su cámara, una Nikon digital, retrata a periodistas trabajando y después les regala esas fotos en papel. “Si no hubiera sido enólogo hubiera sido periodista, es la mejor profesión”, asegura.
En su casa tiene grandes murales armados con sus fotos familiares, paisajes y flores, y gigantografías de la finca que tiene Rivadavia, de la que está terriblemente orgulloso porque asegura que es la que más kilos de uva por hectárea produce en toda la provincia. "Tengo un parral que da 80.000 kilos de Cereza por hectárea, y otra hectárea que da 50.000 kilos de Bonarda y 2.000 de color. Tengo una hectárea de Cabernet Sauvignon que producía 12.000 kilos y como los costos no daban la injerté con Cereza, ahora da 55.000 kilos de una Cereza muy especial. El año pasado coseché un racimo de 3,6 kilos, nunca vi nada igual", cuenta.
A la finca va dos veces por semana, tiene allí un encargado con el que trabaja desde hace 35 años y que fue con quien logró llevar la finca a esas cifras de productividad.
El político
La herencia política de su padre hizo que Rafael militara en el partido Bloquista, pero se alejó hace años “porque no me gustan ciertas cosas”, dijo sin interiorizar. Fue presidente del Agrovitícola, que manejaba el seguro por granizo de los viñateros, y renunció en el '84 cuando discrepó con la mayoría: Pérez no apoyó el pago del seguro por desastre a los que no pagaban su cuota al día. Ese año había caído piedra y diezmó el 10 % de la cosecha. Con un Gobierno de su color político, lo nombraron Director de Recursos Naturales, cargo que ocupó hasta que terminó de gobernar el Bloquismo. Aclara que tiene una jubilación común de $2.800 mensuales.
El bailarín
Desde los 15 años Rafael se inició en el baile, es la otra pasión de su vida que sigue llenando sus horas. Tuvo la suerte de que a su esposa Norma también le gustara el baile y juntos hacen una dupla que arranca aplausos en las pistas de milongas. Pero además de tango, ellos deshilachan la pista con mambo, bugui-bugui, tarantelas, pasodoble y hasta rock. "Me ha dicho el médico que no abandone el baile, no sólo por los beneficios físicos sino espirituales. Uno descarga todo en el baile, así que mientras me sienta bien lo seguiremos haciendo", dice. Dos o tres veces a la semana los Pérez Romero se suben al auto y aterrizan en alguna pista conocida, viernes y sábados, seguro, y los miércoles, a veces. No figuran en el Record Guinness pero podrían: Llegaron a bailar hasta 8 horas seguidas, sin perder una pieza. Pavada de récord y corazones a toda prueba. "Nunca me cansé, jamás", dice para matar de envidia al lector más aeróbico. Una madera en extinción.
Pero esto no termina aquí señoras y señores. La cocina también es un ámbito donde Rafael se mueve como abeja en panal. Tiene una colección impresionante de libros de cocina y le encanta cocinar para su familia y amigos. Su especialidad es el pollo al champignon.
Conserva la curiosidad de un niño y no hace mucho quiso saber sobre el calor sanjuanino, logró cocinar un huevo y un bife de carne en el suelo, en el fondo de su casa donde el termómetro le marcó 70º.
Sabe de memoria la extensión del país y cuantas naciones europeas caben en él, lo que lo lleva a deducir “cómo puede un país tan rico y diverso tener una moneda tan débil”, aunque admite que no es un problema actual sino que se arrastra desde hace muchas décadas. Maneja los números de la rentabilidad por hectárea del tomate y las uvas y el efecto de la disparidad del peso con el dólar.
En la charla puede pasar de analizar la falta de identidad de los argentinos en la ropa y la música, a realizar su tesis sobre la posibilidad de legalizar el aborto, al que se opone terminantemente este arquetipo del buen cristiano.
Y cuando habla de sus tres hijos y sus nietos lo desborda el orgullo: Graciela, Silvina y Rafael, el último enólogo igual que su padre.
Norma está presente durante toda la entrevista y no sólo muestra su generosidad ofreciendo su dulce casero de membrillo, sino que le escribe machetes en un papelito a Rafael para que no se olvide de algunas cosas "importantes". "Llevamos 54 años de casados, fue mi primera novia, la única, la madre de mis hijos, abuela de mis nietos, tengo una familia maravillosa", dice él y ella sonríe tímidamente como si aún fueran adolescentes. "Todo me gustó de él, era buen mozo, buena persona, sabía de todo y eso era importante", asegura Norma.
Ambos se ríen, él la besa en la cabeza y uno se siente testigo de un momento de gloria.
Es entonces cuando Rafael reflexiona: "Tengo premios por algunas fotos mías, tengo medallas de plata y oro por mis vinos, en concursos de baile también ganamos premios, y tengo medalla de platino de mi señora por buen esposo (risas). Nos queremos mucho, somos muy compañeros, vamos por la calle de la mano y nos dormimos de la mano".
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