Esta semana que pasó, me encontré releyendo un artículo del MDZ del periodista Christian Sanz. Es un periodista que no conozco, pero el medio es líder, importante, y si él escribe opinión en ese medio es porque involucra el respeto editorial de toda una redacción.
La respetable mirada de Christian en mí se pone grave, porque llegó de la mano de un periodista local que levantaba su celular como bandera o como escudo y protección. Este autollamado periodista (el local) quiere venderse como censurado y ese título le da una excusa glamorosa para él y otros tantos mediocres incorregibles o anarquistas consumados, que no entienden ni de equipo ni de vida.
Sanz dice en su artículo..."El periodista que cobra dinero o recibe regalos por parte de funcionarios o empresas privadas, sabe que está haciendo lo incorrecto".
Habla de periodistas "recibiendo" como en actitud pasiva, de inocencia, de víctima y como corruptor a la empresa o al Estado.
Supongo que él sabrá, habrá visto o escuchado, que también existen los periodistas que ponen precio a su verdad aunque sea una mentira, que llevan tarifario en paralelo a la investigación y cobran antes, o amenazan como Minguito..."con un buraco así" , sólo son extorsionadores disfrazados. Por estos pseudos periodistas hay funcionarios que se protegen grabando y archivando ellos también, la nota formal y la otra casual, como protección testimonial de sus dichos y decisiones.
Supongo que él también sabrá, porque ya es común, sobre los regalos de fin de año en las redacciones de empresas, políticos, estados. Los agasajos y encuentros con la prensa de manera selectiva y en espacios más reducidos. Suceden a menudo por el Día del Periodista, por la fecha de independencia en la embajada, por la primavera, o por el invierno.
Supongo que él sabrá, porque hasta mí me consta, que ninguna de esas berretas acciones son compradoras de conciencias, o limitadoras de ética periodista.
Supongo, porque quizá él sí lo sabe y no lo quiere decir.
La nota de Sanz no es problema, pero facilita una sonrisa al periodista mediocre local, a quién le explico, hasta donde yo sé, todo lo que existe para mejorar condiciones profesionales, desde los manuales de estilo, a la figura del ombudsman, del defensor de los derechos del lector, a la asociación de usuarios interactuando con la redacción, y fundamentalmente le explico lo más grave, según yo, que él no juega por falta de talento, o por sus trampas preexistentes.
El periodismo mediocre está en riesgo, porque ya no le alcanza con el rumor, con el dato suelto, con decirlo en potencial, inventar la nota en un bar y amenazar como Minguito.
El otro periodismo, el serio, el que sabe, tiene ahora infinitas formas de potenciarse, incluso más audiencia y nuevos medios. Los talentosos, nunca quedan solos; los que saben, los Messi, siempre tienen equipo dónde jugar, y eso es lo único que no ha cambiado ni cambiará.
¿La prensa es para prensar?
Algunos periodistas no pueden, no mejoran, se quedan al costado reclamando un espacio que perdieron como audiencia. La mediocridad los sentencia, y ellos se esconden en la censura, como glamorosa excusa. Por Daniel Soler.
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