Por Viviana Pastor
“Niiiiiiiiiiña, la María esa es una chuñenta”. Así hablamos los sanjuaninos, exagerando la pronunciación, estirando algunas vocales y anteponiendo ‘la’ o ‘el’ a los nombres personales, juntando palabras y hasta eliminando algunas letras. Todo esto ha servido para identificar la tonada y la forma de hablar de los nacidos en San Juan.
Sanjuaninos, con diccionario propio
Muchas otras provienen de Chile, dada la cercanía y el intercambio permanente con los trasandinos desde tiempos anteriores a la colonia.
Otras palabras son del lunfardo, pero siempre usadas a la manera ‘sanjua’.
Algunos vocablos que aparecen en el Diccionario Sanjuanino son: ‘Achacado’, para referirse a una persona decaída; ‘alfeñique’, cuando se aplica a una persona débil, delicada o floja; ‘amucharse’, acercarse unos a otros; 'chichonear', fastidiar a alguien; 'chicoco', es pequeño; 'poto' por cola, entre otras.
Faltan allí algunas sanjuaninadas como 'choco' (perro), 'pilladita' (juego), 'chullito' (chirle), 'chucho' (frío), 'chancho' (cerdo), 'sopaipilla' (torta frita) entre otras.
Horacio Videla, en su libro Historia de San Juan, señala: "No es lo huarpe, a pesar del atavismo de este elemento en lo antropológico sanjuanino, sino la lengua quichua del conquistador incaico del último siglo precolombino, la que dejó en San Juan el mayor sedimento de vocablos en uso".
Luego el historiador incluye un listado de unas 120 palabras de ese origen, algunas de ellas son: achura (entrañas de la vaca); añapa (bebida del algarrobo); curcuncho (jiboso); chala (hojas secas del maíz); challar (arrojar agua, carnaval); chasca (cabello despeinado); huano (por guano, estiércol); huacho (por guacho, huérfano); llama (animal andino); minga (poca cosa); mishi (gato); pachango (arrugado); pilchas (ropa de hombre); pirca (montón de piedras); porongo (calabaza para el mate); pupo (ombligo); quisco (cactus); yapa (añadidura), y la lista continúa.
Advierte este sanjuanino que muchas de esas palabras alcanzaron consagración académica con algún cambio de la fonética indígena y transformación en la ortografía. Como los casos de la h aspirada transformada en g: gaucho, guagua, guanaco, guano, guasca.
Los españoles trajeron su lengua, pero los sanjuaninos aprendieron a incorporar las palabras de los pueblos originarios para que perduren a través del tiempo.
El diccionario sanjua de la web también incorpora frases típicas y camperas como:
'Te voy a alumbrar' para referirse a dar consejo.
'Lo hiciste en balde', inútilmente.
'Le hicieron un buraco', perjuicio sobre todo en lo económico.
'Le echó carbón', alentar para influir mal.
'Es un cartucho', sin experiencia sexual.
'Le quedó un culito', resto mínimo en un vaso.
'Está guaseando', haciendo alarde.
'Es un gorriao (gorreado)', que lo engaña su pareja, por ende sinónimo de tonto.
'¿Está horneando?', hurgarse la nariz con el dedo.
Y para terminar, algo muy, muy sanjuanino: '¡eeeeee guon! Velo ve!'
En la literatura
Los grandes poetas sanjuaninos no se privaron de incluir en sus versos las voces de su tierra, muchas de ellas del interior de la provincia.
De patay -güen alimento-
y de algarroba tamién,
en Jáchal cargué el jumento
pa´ mi Niño de Belén.
Yo soy marucho de tropa
-naides más pobre que yo-,
pero le traigo esta ropa
pa´ abrigarlo al Niño Dios.
Eusebio Dojorti, Buenaventura Luna, extracto de Ofertorios de los Pobres
Los poemas de Jorge Leonidas Escudero ofrecen cierta resistencia a los estudiosos foráneos por su uso del habla local.
La paloma voló seguramente
para no insistir con su lamento.
O sea: nun banco de la plaza quedé ntrinstecido
e iba kuúu ku ku kuúu runrunear yo también
pero tuve miedo
no fuera que algún transeúnte pudiera pensar
¿qué le pasa a este güevón?
Por eso es quedé pensativo, mudo, claro:
Allá en los lejos campos de mi querer
la soledá no andaba adentro de uno,
sino afuera y sin hacer ruido.