Los pone en foco y se enoja, como viéndolos en el aire hacer piruetas y con el dedo señala "estos tipos tienen el discurso equivocado, se sienten hijos exclusivos de Gaia, y se equivocan, no deducen en su argumentación, son agresivos, te espantan, sino pensá cómo ellos te descalifican sin argumentos, son extremistas, mercenarios del futuro, fundamentalistas, y es una tremenda lástima porque la sociedad los necesita bien plantados", y por fin,... esa es una ocurrencia para distender.
Le cuento lo que termino de hablar con mi primo y no advierto diferencias.
Miguel Montoya Jamed, ingeniero, ambientalista, pensador y militante de lo que piensa, me cuenta por teléfono rasgos de su nuevo libro y dice: “Aquí me planto. Sé que van a criticarme mucho, pero esta es mi parada,… ya está”.
Me lo dice con la seguridad del que vuelve, no hablo de años sino de pensarse y repensarse en sus aciertos y contradicciones hasta definirse.
Te lo mando por “carta” (enfatiza sin negociar con el sistema), y ambos sabemos que es por mail.
"El hombre se salva de la destrucción como "sujeto" si vuelve a la tierra. A esta tierra que depende del hombre, que depende de la tierra", dice el libro en su contratapa influenciada por lecturas de años, pensada y escrita en bucólicos paisajes de aquí nomás, en los cerros pocitanos. Pero el libro se vende en Alemania, Europa o en amazon.com, en dólares y euros, que ni él podría comprar.
Desde Pocito mi primo es influencia y tendencia en el viejo continente, de donde vienen las tendencias e influencias. Otra vez a la Calle 14 como un mono ambiente sin distancias de diálogo, ni de relatos, va y viene una conversación hecha millones para el mismo mundo o el mismo cuarto.
Por suerte es una conversación.
Eso se necesita. Decirlo, decirlo sin trampas. Escuchar sin guardia, sintiendo. No estar de acuerdo y respetar el desacuerdo, es una evolución. Es la inteligencia la que nos diferencia del mismo ambiente animal.
Sin embargo, y colgado en lianas facebookeras, un par de monos asustados y primitivos gritan y se inquietan porque otros están gritando, pero no saben por qué. Se agrupan, se pelean y reagrupan de frente y de costado con desconfianza de su propia naturaleza, y nada, no logran comunicarse entre ellos y menos con los hombres que siguen avanzando entre el bullicio. Alguno golpea su pecho y no impresiona, otro manotea de vez en cuando una banana y calla, otros festejan algún ocasional cocazo para el protagonista de la nueva senda y ya está, eso es todo, se dan por satisfechos con ese momento de atención, después no pasa nada, nadie más los sigue.
Recién la Presidenta anuncia oficialmente "Potasio Rio Colorado", es minería, no es oro, ni cobre, es potasio que, entre otras cosas, sirve para la tierra como nutriente, es balanza comercial con Brasil, que es Latinoamérica, no Canadá, no es invasión Gringa, son 1.2000 puestos de trabajo, es en Mendoza, aquí al lado, es oportunidad, vienen a producir porque existe el recurso, y alguien de este mono-ambiente mundial lo está necesitando y está a dispuesto a pagar por ello.
Mendoza tendrá minería, y muchos de los argumentos ANTI se vuelven a caer, y se van a seguir cayendo por su propia torpeza. La anti minería apostó al miedo comunicacional, al terror, y eso tiene patas cortas y por eso se cae.
Vuelvo al primo ambientalista, a su carta, que en la intro dice "Hermano mío: aquí te mando el libro "Manifiesto por la vida", hay que rumiarlo y rumiarlo, es muy breve la vida.... ¡y es tan bella! Estoy leyendo a Sábato frente a la estufa a leña...se hizo de noche, pero sólo por un rato... para que en la madrugada vuelvan a nacer las mariposas y los hombres concluyan sus sueños. Ahora te envío la carta y voy a darle de comer al caballo, un abrazo y un beso para cada uno. Miguel, de la Calle 14" ¿Alguien cree que yo no daría la vida para que este tipo explique sus razones?