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miércoles 6 de mayo de 2026

30 años atrás

El día que volvieron los pibes de la guerra

Sin la pompa del 2 de abril, el sábado 17 de julio de 1982 llegó el tren a la Estación San Martín con los soldados sanjuaninos que habían luchado en las Malvinas. Esta es su historia, 30 años después. Por Daniel Tejada.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan

“Me acuerdo que cuando abrí la ventanilla me lo encontré a mi padre de frente y él me preguntó: ‘¿No sabés si viene Roberto Arroyo?’ ¡Me preguntó a mí! Y le dije: ‘Soy yo, viejo’. ¡Me quería sacar por la ventanilla del tren! Quería agarrarme, tocarme… preguntarme qué me faltaba: un brazo, una pierna. ‘Nada papá, estoy bien’, le contesté”.

Pasaron 30 años de aquel reencuentro, pero Roberto aún recuerda con detalle ese sábado 17 de julio de 1982 en la Estación San Martín. Fue el día del regreso de los pibes sanjuaninos que habían peleado en la guerra de Malvinas.

Apenas había cumplido 20 años de edad. No tuvo festejo ni velitas porque la fecha lo sorprendió prisionero de las tropas británicas. Pocos días antes había soportado el bombardeo inglés en la base aérea de la isla Borbón -donde Roberto estaba asignado- y la historia ya estaba escrita. No era esa del “seguimos ganando”, impreso en las portadas del relato de la dictadura.

Irreconocible por su extrema delgadez, por su barba crecida, por el cutis ajado por el frío isleño, ni siquiera su padre adivinó cuál de esos jóvenes de uniforme militar dentro del tren era Roberto.

Ese sábado en la Estación San Martín sólo había familiares de los soldados veinteañeros. Era mucha gente, según la crónica del día siguiente publicada por Diario de Cuyo. Pero ni por asomo fue la multitud que salió a festejar con banderitas celestes y blancas el 2 de abril. La aclamación para Leopoldo Fortunato Galtieri había quedado diluida en la derrota. El militar se tuvo que correr a un costado y en su lugar asumió Reynaldo Benito Bignone. Empezaba la transición hacia el llamado a elecciones.

“En la Estación del Ferrocarril General San Martín los soldados que llegaron con goce de licencia reglamentaria fueron esperados por gran cantidad de familiares viviéndose verdaderas escenas de alegría y emoción”, publicó Diario de Cuyo el domingo 18 de julio de 1982. Todos pertenecían al Batallón de Infantería de Marina (BIM) 3.

Uno de los excombatientes prisioneros de guerra, dio un testimonio mesurado, reflejado por el matutino local: “Luis Morandi nos relató que se lo había tratado bien al igual que sus compañeros. Dijo que estaba físicamente bien y que venía a San Juan a visitar a sus familiares en uso de la licencia anual reglamentaria. Evitó Morandi dar detalles de los acontecimientos en el Atlántico Sur manifestando que había llegado al continente con las tropas prisioneras que llegaron junto al gobernador de las islas, general Mario Benjamín Menéndez”.

Hoy Morandi vive en Canadá, según relató Roberto a Tiempo de San Juan. 30 años más tarde, el recuerdo no envejeció y la democracia abrió la puerta a la libre expresión.

“En la isla Borbón nos rendimos un día después de que terminó la guerra, cuando llegaron los helicópteros a la isla. Nosotros estábamos custodiando el aeropuerto, que fue bombardeado por los ingleses. Ahí destruyeron varios aviones que había en los hangares. Fue muy doloroso. Sentí mucha angustia. Mucho dolor. Lloré también. Lloré por esa tristeza de que nos teníamos que rendir. Ya se había rendido Puerto Argentino el día 14 de junio. Y bueno, nos quedaba a nosotros rendirnos. Éramos casi los últimos. Yo estaba por cumplir 20 años”, relató Roberto.

“Después fuimos trasladados hasta Puerto Argentino. Ahí estuvimos 15 días en los hangares. A nosotros nos tenían en un sector y al personal de cuadro en otro. Dos veces por día comíamos. No era un diálogo fluido con los ingleses. Estábamos prisioneros de guerra. Después fuimos a parar a un barco de la Cruz Roja Internacional. Ahí estuvimos alrededor de 15 días más”, recordó.

El 14 de julio la prensa nacional reflejó la llegada de los últimos prisioneros de guerra a suelo continental. Los 593 ex combatientes argentinos a bordo del buque Sanit Edmund, arribaron a Puerto Madryn. Así lo publicó Diario de Cuyo el jueves 15 de julio.

“En Madryn tomamos un avión hacia Buenos Aires. Como siempre decimos: entramos por la puerta de atrás. Muy silenciosos llegamos a La Plata. Estuvimos una semana en tratamiento médico para ver cómo veníamos. Veníamos flacos, quemados con el frío. En una guerra si bien necesitás alimentarte no es para comer como comemos hoy, que estamos en la vida civil. La misma tensión nerviosa te lleva a no comer y a no pegar un ojo”, explicó.

“A los 7 días, después de estar en La Plata, volvimos a San Juan en tren. En un vagón veníamos los sanjuaninos nada más. Veníamos vestidos de militar. Mucha gente nos fue a esperar en la Estación San Martín”, recordó Roberto. Después vino la anécdota del primer encuentro con su papá y la mirada brillante de tanta lágrima contenida, tres décadas después.
“De ahí comenzó otra historia, otra vida para el veterano de guerra. Realmente hemos crecido de golpe. Perdimos nuestra juventud”.

“Entramos por la puerta de atrás. Muy silenciosos llegamos a La Plata. Veníamos flacos, quemados con el frío”.
Roberto Arroyo

Roberto Arroyo hoy conduce el Centro de Excombatientes del Atlántico Sur (CEAS). Su sitio web es www.ceassanjuan.com.ar

La Kodak 110
Escondida en los borceguíes o en la ropa interior, una cámara fotográfica Kodak 110, de esas finitas que había en cualquier hogar argentino en los ’80, sobrevivió al combate en las Malvinas. Tal vez no la máquina, pero sí las películas. Algunas de esas imágenes lograron subsistir.
Los soldados del Batallón de Infantería de Marina 3, entre ellos Roberto Arroyo, registraron con esa cámara algunas escenas y lugares de suelo malvinense, donde aparecen ellos mismos con 30 años menos. En las trincheras, con las ametralladoras 732 o los fusiles FAL, las caramañolas, hasta las pieles de ovejas –faenadas ahí mismo- que utilizaban para sentarse y mitigar el frío. También el paquetito verde atado al casco, con una dosis de morfina para inyectarse en caso de caer herido en combate. Todo quedó registrado. Aún pese al impiadoso paso del tiempo que dañó la definición de los colores.
Roberto no quiso regresar a las Malvinas nunca más. Dijo que sólo lo haría si se pudiera viajar simplemente presentando el DNI, sin hacer aduana. Le resulta insoportable ese trámite. Tal vez porque sea la demostración más contundente de una dura realidad: el poder aún está en manos del Reino Unido en ese territorio.


Bignone en la Nación, Bravo en San Juan
Ese jueves 15 de julio de 1982, la tapa de Diario de Cuyo apareció partida en dos. A la izquierda, el título principal: “Retornaron de las Malvinas los últimos prisioneros”. A la derecha: “Confirman a Bravo como gobernador de San Juan”.
Fue el mismo día. Regresaron los últimos excombatientes que estaban prisioneros de los británicos y llegaron a Puerto Madryn para luego ser trasladados a sus respectivas unidades en distintos puntos del país. En paralelo, el dictador Reynaldo Benito Bignone confirmó en sus respectivos cargos a los gobernadores de Santa Fe, Roberto Casis; del Chaco, coronel retirado José David Ruiz Palacios; y de San Juan, Leopoldo Bravo. Según la crónica periodística, “a todos los cuales les pidió que desarrollen sus gestiones con total imparcialidad política y amplitud de diálogo con todos los sectores”.
Bignone había asumido el 1 de julio de ese año, luego de la derrota de su antecesor, Leopoldo Fortunato Galtieri, en la guerra de Malvinas. El 10 de diciembre de 1983 le entregó el poder al primer presidente del regreso de la democracia, el radical Raúl Alfonsín.
Fue el último dictador. En el año 2011 fue condenado por la justicia argentina a la pena de prisión perpetua por delitos de lesa humanidad. Y este año sumó otra condena a 15 años de cárcel por la causa de robo de bebés, en el mismo fallo en que Jorge Rafael Videla fue sentenciado a 50 años.

 

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