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jueves 7 de mayo de 2026

Violencia escolar

Como una película de terror, pero en las aulas

Los datos son impactantes: el 63,1% de los docentes de la provincia asegura que hay un chico maltratado por sus compañeros en los cursos que dicta clases. A este fenómeno de violencia se lo conoce con el nombre de bullyng u hostigamiento escolar. Dos alumnos de distintos niveles contaron su historia a Tiempo de San Juan.
Por Redacción Tiempo de San Juan

De lunes a viernes de 8.30 a 12.15 la vida de Andrés (se utilizó un nombre ficticio para proteger la  identidad de la víctima) se transforma en un calvario. Cada paso puertas adentro de la escuela, implica sufrimiento. Dice que le late muy rápido el corazón cuando entra al curso y ve a los dos compañeros que le hacen la vida imposible. Tanto es el terror, que más de una vez se hizo pis en el banco. Andrés tiene apenas 10 años, va a quinto grado en una escuela ubicada en Rawson y desde que empezó el ciclo lectivo es víctima de golpizas y burlas.

A esta realidad, que se encuentra instalada en las escuelas sanjuaninas, se la conoce con el nombre de hostigamiento escolar. Los expertos aseguran que el acoso es una tendencia que no hace distinciones. El fenómeno afecta tanto a alumnos de escuelas públicas como a estudiantes de colegios privados, a niños y a adolescentes por igual.

Aunque no hay estadísticas oficiales elaboradas por el Ministerio de Educación, sí hay cifras en UDA (Unión Docentes Argentinos). El gremio realizó una encuesta en establecimientos escolares de la provincia y los resultados fueron contundentes: el 63,1% de los docentes tiene a un alumno  maltratado en los cursos que dicta clases.  Generalmente en la primaria la mayor parte de los casos de acoso escolar se da en los últimos años (4º, 5º y 6º) mientras que en la secundaria es indistinto.

Cuando Andrés relata sus vivencias en el ámbito escolar, retuerce con sus manitos una punta del guardapolvo, se muerde los labios y dice mirando para abajo que tiene miedo, que está cansado de las constantes burlas de sus compañeros. “Me hacen zancadillas y cuando estoy en el piso me agarran a patadas. Siempre se burlan de mis orejas y me gritan cosas delante de todos. En gimnasia se burlan porque no corro rápido y nunca puedo jugar al fútbol porque no me eligen para ningún equipo. Una vez fui al baño solo y los chicos me metieron la cabeza adentro del inodoro, por eso ahora si la seño no me acompaña, no voy al baño”, contó el pequeño.

De la mano
El nivel de pánico es tal que, cuando suena el timbre de la salida, Andrés espera la mano de su maestra, quién todos los días lo lleva a la parada de colectivo. La vida del pequeño cambia radicalmente cuando se adueña de las calles de la villa Don Pablo, donde vive desde que nació. Allí vuelve a ser un niño, con los mismos intereses que el resto, dispuesto a jugar un picadito con sus amigos en la plaza de la esquina.

Visiblemente preocupada, su señorita Claudia explica las mil y una estrategias que aplicó para que el acoso escolar contra Andrés cese. Sin embargo, ninguna rindió los frutos esperados. “Intenté primero ubicar los agresores en bancos lejanos a Andrés, pero no funcionó. Hablé con los dos chicos y también con los padres, pero no hicieron nada. Los mandé a la psicopedagoga y nunca los llevaron. Hablé con la directora para que los suspenda, los suspendieron tres días, pero después volvieron. Ya no me quedan puertas que tocar. Lo último que hice fue insinuarle a la madre de Andrés que lo cambiara de escuela porque es lamentable lo que tiene que pasar este niño todos los días”.  La docente remató su experiencia diciendo: “Muchas veces tenemos que optar por dar sermones de convivencia antes que clases académicas”.

La violencia en las aulas ha llegado a tal punto que los docentes muchas veces no saben cómo manejarla ya que no han sido preparados para dictar clases bajo estas condiciones. “Aunque no se llegue al extremo del bullyng, en todas las aulas las burlas conviven con el estudiantado y las ofensas llegan a la denigración extrema”, señaló el Secretario General de UDA, Roberto Rosa, quien es también director de una escuela secundaria en el Médano de Oro.

Sin edades
El caso de Andrés no es el único. En las aulas del nivel medio, también sucede lo mismo. Ramiro (el nombre usado no es el real) es un adolescente que empezó a ser acosado por sus compañeros cuando se conoció su orientación sexual. El adolescente quiso contar su testimonio para ayudar a aquellos chicos que puedan estar atravesando una situación similar.

“Tengo 17 años, voy a sexto año en la escuela Froilán Ferrero. Fui y soy víctima de hostigamiento. Todo surgió cuando mis compañeros se enteraron de mi condición sexual. Una vez presenté un trabajo sobre los derechos de los homosexuales y  solo recibí ofensas de mis compañeros. La profesora nunca dijo nada, nunca me apoyó cuando todos me decían que había que matar a los gays. Vas caminando por el colegio y te señalan como si fueras un marciano, nadie quiere entrar al baño cuando estoy adentro, me aíslan. 

Los pocos que inician una conversación imitan la tonalidad de los gays y me hacen burla. En un principio no quería ir a la escuela, tenía mucho miedo a enfrentarme a mis compañeros,  que me peguen, porque uno no sabe quiénes tiene a su alrededor. Pero después me apoyé en mi familia, que siempre me respaldó y ahora entro a la escuela con la cabeza en alto. Comprendí que no tengo nada de qué avergonzarme”.

Las estadísticas y los testimonios hablan de una realidad que va ganando terreno en las aulas sanjuaninas. Delinear estrategias para erradicar la violencia en las aulas se tornó en una necesidad en la que deberá trabajar el Ministerio de Educación.

¿Qué es el acoso escolar?
Se lo define como cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado.

El perfil de los acosadores
El perfil de los acosadores está marcado por dos características. En sus casas suelen ser ignorados por sus familias y pasan largas horas frente al televisor viendo programas cargados de contenidos violentos.

“Los pequeños vienen de hogares en donde las familias no se escuchan, donde los maltratan y creen que ese es el parámetro para que los demás los respeten. Están acostumbrados a sólo ser escuchados si hay agresión de por medio”, contó la maestra de Andrés.
 
Los victimarios recurren a distintas tácticas para denigrar al máximo al compañero tomado de punto. Insultos, burlas, golpes, destrucción de útiles y amenazas llevan a los chicos acosados al aislamiento y en los casos más extremos, al suicidio.

¿Qué pasa con las víctimas?
Si una víctima de acoso no es contenida a tiempo, el deterioro de la autoestima termina en configurar una personalidad insegura y propensa a la depresión. Hay casos en los que se invierten los roles y la víctima termina convirtiéndose en victimario.

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