Por Ernestina Muñoz
CANAL 13
Vía libre inaccesible
Para simplificar, podría decirse que ninguna rampa del microcentro sirve a las personas para las que fueron creadas. El 98% está en mal estado, mal construida o con el nivel de pendiente equivocada. Donde hay rampas, casi nunca están enfrentadas, rompiendo la continuidad. El dato surge de los estudios de la arquitecta Marcela Domínguez, especialista en accesibilidad del Ministerio de Desarrollo Humano.
Algunos ejemplos puntuales: la esquina de Córdoba y Sarmiento no tiene rampas en ningún cruce. Una joven como Caro deberá movilizarse y cruzar por la calle, al igual que los autos, obviamente con el peligro latente de sufrir un accidente. La reacción más rápida es no salir en absoluto.
La escuela EPET Nº 4, ubicada en Avenida Ignacio de la Roza, tiene una rampa tan empinada, que ni siquiera la puede subir cómodamente una persona a pie. Para colmo, tiene un bulto a centímetros del suelo, para amortiguar el empinado descenso. Sólo imaginar una silla de ruedas bajando por allí da vértigo.
El cruce de Rioja y Libertador es uno de los pocos donde se ven las rampas enfrentadas, pero el mal estado hace que frecuentemente se empoce agua y desechos. La ausencia de semáforos peatonales, además, dificulta el cruce a la velocidad de una silla de ruedas.
El Centro Cívico, el epítome de la construcción moderna y eficiente de San Juan es sólo completamente accesible por dentro. Desde Libertador es imposible cruzar hasta la puerta de entrada. Por el cruce de España se empoza el agua en la rampa, cuando no lo tapa algún taxi de los que paran en el quiosco de la esquina. Por el lado de la Legislatura, la rampa queda en la curva donde, a falta de un semáforo peatonal, alguien en silla debe esperar a que amaine el tránsito para cruzar.
Respecto de las plazas, hay algunas, como la Laprida, que cuentan con rampas para acceder desde la calle, pero que tienen escaleras para llegar al espacio verde, malogrando la construcción. La otra cara es el Parque de Mayo, donde sí se puede acceder en sillas de rueda.
El núcleo cultural de la Ciudad también es difícil, a pesar de que hubo una intención de adaptar esos edificios para que sean accesibles a todos.
El Centro Cultural José Amadeo Conte Grand tiene una rampa con barandas por donde es medianamente fácil subir a una persona en silla de ruedas, empujando. De ninguna manera, alguien como Carolina podrá subir sola. El envión se agota a mitad del declive. Pero incluso con ayuda, es difícil circular entre un museo y el otro. Para ir al Museo Provincial de Bellas Artes, a metros del Conte Grand, Carolina tuvo que pedir auxilio por teléfono celular. “Me confundí y me dejaron en San Luis y Las Heras y nos teníamos que juntar con amigas en el Franklin Rawson. Me fui sola hasta la Libertador por Las Heras, porque pude bajar la rampa usando los frenos de las ruedas y porque el cordón es bajito. Pero llegué a la rotonda y no había forma de cruzar”. Con ayuda de una amiga, cruzaron a toda velocidad, esquivando autos en ese cruce tan transitado. “En esa época no estaba la rampa que ahora han agregado, afortunadamente”, contó Carolina. El MPBA es uno de los pocos edificios públicos que están completamente adaptados, con ascensores en el interior, rampas en la puerta de acceso, con pendiente moderada y además incorporaron recientemente una rampa auxiliar en la calle, para permitir el acceso desde que la persona baja del auto en que se transporta hasta la vereda.
Aparentemente la ciudad fue construida pensando en que los discapacitados son “depositados” desde un vehículo hasta la vereda y son retirados en la misma forma. Actualmente se entiende que la discapacidad es una condición de la persona y del entorno. Es decir, un ambiente accesible puede dotar de autonomía a las personas con movilidad reducida: discapacitados motrices, visuales, sordos, adultos mayores y las embarazadas.
Lo que se busca es reinsertar socialmente a las personas con discapacidad, como ocurre en otros lugares del mundo. Son pequeñas obras de adaptación que hacen a la dignidad de las personas con alguna dificultad en su motricidad.
ARQUITECTURA CLAVE
Se brega por llegar a un diseño universal que permita la accesibilidad de todos. Para el caso de rampas, se pretende que se hagan con el mismo estándar: ancho mínimo permitido de 1,80 m, una pendiente no mayor al 8 % para usarlas con seguridad y autonomía. Son datos aportados por una de las pocas arquitectas sanjuaninas especializadas en la materia, Marcela Domínguez. La profesional trabaja en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Humano como puente entre la Dirección de Discapacidad y la de Planeamiento, dependiente de Infraestructura.
La profesional informó que el 98% de las rampas construidas tienen un 16% de pendiente y hay casos “toboganes” como algunas rampas de avenida Libertador, en Desamparados.
Dice que un 98% de las rampas en el cruce de calles no están enfrentadas, o están en mal estado, o mal construidas por utilizar material poco conveniente para lograr adherencia. “Las únicas rampas que cumplen con el ancho, y pendiente, pero no todas, porque cada esquina es un mundo y situación diferentes, son las del Conector Sur. Es cierto que le falta la continuidad en la vereda, la textura para ciegos, pero en un 60% son accesibles”, dijo.