Llevaran o no el rótulo de curas tercermundistas, en San Juan hubo sacerdotes que militaron en esta corriente interna de la Iglesia Católica, entre la segunda mitad de los años ’60 y los primeros años ’70. No fue tarea fácil para ellos en aquel momento. Como tampoco lo fue reconstruir al menos parcialmente su historia para contarla ahora. Casi 40 años más tarde sigue siendo tabú.
Iglesia militante: La huella de los curas tercermundistas en San Juan
Sin embargo, su historia no escrita –hasta hoy- se mantuvo viva en la memoria de los que convivieron con ellos en la época. O bien, en la curia que aprendió en el Seminario la mirada crítica hacia aquellos que “ideologizaron” el Evangelio, llegaron a empuñar armas y finalmente abandonaron los hábitos.
“Muchos de ellos (los sacerdotes tercermundistas) en una formación espiritual poco sólida, cayeron en una cierta trampa de politizar el Evangelio”, consideró el cura párroco de la Catedral, Rómulo Cámpora.
“Tal es así que terminan dejando su ministerio sacerdotal. Algunos llegaron hasta el extremo de empuñar las armas, de fomentar la lucha de clases, de fomentar el enfrentamiento entre hermanos. Cosa que es totalmente ajena al Evangelio. Tanto las Cruzadas como esto terminaron siendo algo parecido. El fin no justifica los medios”, advirtió.
Enrique Pochat, un sanjuanino que completó su formación sacerdotal sin llegar a la ordenación y que abiertamente estuvo enrolado en el movimiento tercermundista, expuso una mirada completamente opuesta a la de Cámpora: “La presencia del movimiento del Tercer Mundo fue providencial en la Iglesia argentina. Fue una expresión muy importante de renovación y llevó mucha luz y mucha esperanza a mucha gente. Después las consecuencias fueron muy duras”.
Hoy Pochat es abogado, integra la Defensoría del Pueblo de la Municipalidad de Morón y es docente de Derechos Humanos en la Universidad de Quilmes, en la Provincia de Buenos Aires.
Es un rasgo común a todos los que militaron en esta corriente: no queda ninguno en San Juan.
“Había una voluntad o un deseo de vivir los ideales evangélicos. Estos sacerdotes, de este movimiento, le daban una concreción en el testimonio de sus vidas, no solamente en el discurso teórico”, aseguró Pochat.
El movimiento de sacerdotes del Tercer Mundo se manifestó en San Juan con mucha fuerza en la segunda mitad de la década del ’60 en Jáchal y también en algunas parroquias céntricas, donde -coinciden los testimonios- Guadalupe fue el epicentro.
“El nivel de adscripción que tenían los sacerdotes en San Juan al movimiento del Tercer Mundo, no lo sé decir con precisión. Sé que había sacerdotes que estaban en la misma línea. Pero no sé si había una adscripción formal”, dijo Pochat.
“Yo estuve muy vinculado por razones de amistad y de aprendizaje por ejemplo a sacerdotes que fueron en ese momento muy notables como José Luis Parisí, Víctor Falanti en el año ’63, Godoy, Orlando Martín anteriormente. Todos ellos después dejaron el ministerio”, apuntó.
En efecto, el padre “Pepe” Parisí –actuó en Guadalupe- fue identificado también por Tulio Del Bono como un importante referente del tercermundismo en San Juan. Del Bono, hoy a cargo de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la provincia, en aquellos años estudiaba Ingeniería y militaba en agrupaciones políticas cristianas. Parisí se fue de San Juan y se radicó en Panamá, según confirmó su familia.
En el caso de Falanti, fue capellán del Colegio La Inmaculada y firmó, con otros sacerdotes sanjuaninos, un documento crítico al extremo sobre la situación social que se vivía en la provincia durante la dictadura de Onganía. El texto fue publicado en la revista “Cristianismo y Revolución” el 8 de mayo de 1969. Hoy Falanti, alejado del sacerdocio, es funcionario del Poder Judicial Federal en Mendoza.
Podría asumirse que la lista completa de los curas firmantes de aquella declaración estaba enrolada en el movimiento del Tercer Mundo (ver aparte).
Contexto
Eran años convulsionados a nivel internacional y en Argentina. San Juan no estaba dentro de una burbuja. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Europa había quedado devastada y la Guerra Fría entraba en el pico de tensión. En el Sur de Francia surgió la corriente de sacerdotes que luego –adaptada a Latinoamérica- adquirió el nombre de tercermundista.
Encontró puntos de conexión con la izquierda marxista y también con el peronismo que había basado su ideario en la Doctrina Social de la Iglesia (la encíclica Rerum Novarum, del papa León XIII, promulgada el 15 de mayo de 1891, abrió la serie de textos católicos referidos al asunto).
Concluido el Concilio Vaticano II, el mundo seguía su curso bajo la mirada atenta del Papa Pablo VI, autor de la encíclica Populorum Progressio, promulgada el 26 de marzo de 1967. En este documento, la Iglesia Católica puso el acento en las diferencias económicas y sociales entre naciones. Entre otras afirmaciones polémicas, estableció la relatividad de la propiedad privada, cuando la misma excede la satisfacción de las propias necesidades y hay hermanos carentes de lo más básico.
En San Juan, la Iglesia Católica estaba bajo el mando de monseñor Ildefonso María Sansierra. Un capuchino nacido en Santa Fe y ordenado sacerdote en Génova (Italia), que llegó a la provincia el 2 de junio de 1966. Tuvo una tensa relación con los curas tercermundistas y a él le atribuyen la disolución posterior de esta corriente en la zona.
“Yo era seminarista en el tiempo de Sansierra. Conmigo debo decir que tuvo una actitud muy respetuosa como obispo. Para otros cristianos de la diócesis fue una figura contradictoria”, dijo Pochat.
“Sé que hubo dificultades posteriormente porque tuvo manifestaciones muy negativas respecto a las dictaduras latinoamericanas. Tuvo expresiones que, viniendo de un obispo, siembran dudas, molestias. Ese tipo de persecuciones ideológicas, ¿no?”, remató el ex seminarista.
Desde la misma habitación que ocupó en vida monseñor Sansierra, en la Catedral, el sacerdote Cámpora ratificó que fue el obispo el encargado de expulsar a los tercermundistas. Sin embargo el cura párroco lo defendió, con una mirada reivindicatoria de su actuación.
“Hubo varios sacerdotes tercermundistas en San Juan. Cuando asume monseñor Sansierra, los obispos en esa época se encuentran con esta actitud de rebeldía y de poca obediencia. ¿Y qué significa esto? La obediencia en la Iglesia no se entiende como la quieren hacer entender los periodistas y los artistas de cine. La obediencia es un camino que nos lleva a los religiosos a la unidad. Porque si cada uno hace lo que se le da la gana, entonces compromete la vida de muchos”, justificó Cámpora.
“Muchos de los sacerdotes que monseñor Sansierra tuvo que acompañar en todos estos procesos no tenían una recta intención en lo que estaban haciendo. Es decir que ellos se proyectaron en la realidad social y su resentimiento, su falta de equilibrio emocional en el momento, hicieron que se pusieran a contrapunto. Y bueno, tomaran actitudes que el obispo tuvo que terminar pidiéndoles que se fueran”, reconoció el párroco de la Catedral.
“Nunca se confundió la religión con el Movimiento Montoneros”, afirmó contundente Pochat. “Lo que sí ocurrió fue que el compromiso con el Evangelio llevó a muchos cristianos a compromisos políticos. En algunos casos, Montoneros”, sostuvo.
“Ha sido muy importante la presencia de los cristianos en Montoneros y las agrupaciones peronistas. Pero no porque se creyera que eso era la religión. Eso era un compromiso político. Pero era la traducción, como en todo momento histórico, uno hace una concreción de su compromiso cristiano en términos políticos”, explicó el ex seminarista tercermundista.
Guadalupe
“En realidad creo que el grupo más importante de la Iglesia de San Juan fue el grupo de Guadalupe. Éramos muchas personas que nos motivó básicamente la Iglesia, pero en ese momento fueron los sacerdotes del Tercer Mundo”, recordó Cristina Bustelo, sanjuanina radicada con su familia en Tierra del Fuego. Casada con Carlos Candino, ambos eran militantes peronistas ya en los años ’60. Como en tantos otros casos, conjugaron religión y política.
“En ese momento el párroco era el sacerdote Dionisio Castillo, que casualmente nos casó a nosotros en el ’73. Yo no sé si él públicamente se manifestaba como sacerdote del Tercer Mundo pero sí de hecho el compromiso era una Iglesia cerca de las necesidades sociales de la gente”, explicó Bustelo.
“La fe y el compromiso social y político iban juntos, no iban de forma separada. Desde la jerarquía de la Iglesia no había ningún tipo de apoyo. Sansierra estaba directamente en la vereda de enfrente. A la parroquia llegaban los honorarios que debían cobrarse para el bautismo, para los casamientos, dinero que el sacerdote no cobraba porque consideraba que no debía”, aseguró.
“Nuestro grupo de trabajo se llamaba ‘Grupo de Reflexión de Guadalupe’. Nos reuníamos todos los jueves, la lectura que seleccionaba el cura para el próximo domingo se la discutía y se la adaptaba. Buscábamos qué significaba esa lectura para el presente. Ese trabajo se mimeografiaba y se repartía a los concurrentes a la misa”, recordó Candino.
“Acercábamos las lecturas a lo que interpretábamos que se debía hacer en la comunidad en ese momento. El cura Castillo no conducía el grupo, pero la última palabra en la interpretación bíblica la tenía él”, advirtió.
La ruptura de la obediencia a la que aludió Cámpora también se manifestó en Guadalupe, porque el sacerdote Castillo no obligaba a los feligreses a confesarse para recibir la eucaristía, sino que bastaba simplemente un acto de constricción personal. Así lo relató Candino. “Esa era una cuestión de fe muy profunda, que el cura aceptaba”, reconoció.
Bustelo rescató en el sitio web www.elortiba.org las ediciones digitalizadas de la revista Cristianismo y Revolución que debió quemar cuando llegó el golpe de Estado el 24 de marzo de 1976.
Jáchal
El padre Emilio hablaba un castellano mixturado con su francés natal. Andaba en motoneta y la sotana acaso si la usaba para celebrar misa. Toda una afrenta para la Iglesia de los años ’60 en el lejano San José de Jáchal, donde las señoras aún se rehusaban a entrar al templo sin cubrirse la cabeza con una mantilla oscura.
El padre Emilio quedó grabado en la memoria de Eloy Camus, nieto homónimo del ex gobernador peronista, que vivía en Niquivil en aquellos años. “Era un cura comprometido con los pobres. Defendía a los pobres. A los dueños de la tierra iba y les exigía que pagaran lo justo. Parecía más abogado laboralista que cura”, recordó el militante de Derechos Humanos.
“Hablaba en serio de la ‘Teología de la Liberación’. No venía con este verso de que tenés que ser pobre para ganarte el cielo y asumir la pobreza y seguir pobre. Bueno, hicieron todo lo posible por sacarlo de Jáchal. Y lo lograron”, lamentó.
Con el tiempo supieron que el cura revolucionario de Jáchal habría caído asesinado en Uruguay, como miembro del movimiento Tupamaro. Camus no pudo recordar el apellido del padre Emilio. “Cabón”, arriesgó apelando a su memoria de la niñez el comerciante jachallero Luis Pezzini. Claramente recordaba aquel sacerdote de acento francés, que revolucionó la parroquia del Cristo Negro y fue el antecesor de otros dos curitas de tonada española, también identificados como tercermundistas.
“Aparecieron estos dos sacerdotes jóvenes. Veníamos de sacerdotes un poco más grandes, con la cuestión más tradicional. Uno se llamaba Miguel y el otro Fermín, eran españoles”, relató Pezzini.
“Escuchábamos hablar que estos curas eran tercermundistas… Pero no teníamos mucha idea de lo que era. Ni siquiera de lo que era un ‘tercer mundo’. Después nos dimos cuenta”, apuntó el jachallero que en aquel momento se acercó a la parroquia para colaborar como monaguillo, junto a un grupo de unos 60 niños y adolescentes atraídos por el carisma de los recién llegados.
“Ellos empezaron a introducir una serie de modificaciones. Por ejemplo: sacar los altares de los costados de la Iglesia. Esa fue una de las medidas más fuertecitas”, recordó Pezzini.
Ordenaron retirar todas las imágenes de yeso de todos los santos y advocaciones de la Virgen que se encontraban en las naves laterales del templo y dejaron solamente el Cristo Negro. “Eso a la gente no le gustó mucho. Fueron muy criticados. Después introdujeron otros instrumentos musicales. Hasta ese momento sólo se tocaba el armonio, pero Miguel cantaba muy bien y nos entusiasmó a tocar guitarra dentro de la Iglesia. ¡Ubiquémonos en la época!”, continuó.
“Estuvieron unos años en Jáchal, no muchos. Porque debido a esta resistencia de la comunidad se tuvieron que ir. Se ve que el Arzobispado se vio en la obligación de trasladarlos. Sé que uno de ellos dejó de ser cura después y se casó con una señorita jachallera y dejó los hábitos”, apuntó Pezzini.
Tiempo después, la mirada de la Iglesia sobre la tarea de los sacerdotes tercermundistas en Jáchal se tornó lapidaria: “Si usted va a Jáchal, ¿qué hicieron algunos sacerdotes que vivieron ahí y que se refugiaron ahí con esta ideología marxista? Expoliaron y destruyeron el patrimonio del pueblo”, consideró Cámpora.
“Sacaron las imágenes, rompieron todos los mármoles, vaciaron las iglesias porque las iglesias eran de los pobres. Y la gente pobre era la que justamente había hecho con su sacrificio sus templos, el orgullo del pueblo, el lugar social donde el pueblo tenía la voz de lo que necesitaba”, afirmó el cura párroco de la Catedral, que estuvo muchos años en suelo jachallero, en Villa Mercedes. “Mucha gente los recuerda con mucha tristeza. Porque terminaron destruyendo el trabajo pastoral y el trabajo social de muchos años. Y sembrando mucha confusión”, consideró.
Luego de los tercermundistas, el cura Alejandro Farías se hizo cargo de la zona y de sus 124 capillas, con sotana roída y militancia social, pero siempre en comunión con el Arzobispado, a diferencia de sus antecesores.
Universitarios
El tercermundismo hizo pie en las agrupaciones universitarias de los ’60, según recordó Del Bono. “Dentro de mi familia era repudiado fuertemente compartir ideas con esto autodenominado tercermundismo que para mí era Doctrina Social de la Iglesia”, sostuvo. En San Juan y las demás provincias cuyanas, este movimiento adquirió el nombre de “Ateneo Universitario”, mientras que en Córdoba se llamaba “Integralismo” y en Buenos Aires, “Humanismo”. Todos partían del mismo ideario y muchos de sus militantes se trasladaron luego al peronismo de los ’70: el de Montoneros y el regreso del General.
“Yo leí una frase de Juan Domingo Perón: ‘El peronismo es profundamente humanista y cristiano’. Por esa frase me hice peronista”, aseguró Del Bono. Su historia personal no hace más de desnudar los puntos compartidos por un sector y otro, que a menudo se confundieron en uno mismo. Los sectores más conservadores lo repelieron fuertemente.
El “tercermundista” que no lo fue
En Chaco, antes de llegar a San Juan como obispo, Ítalo Severino Di Stéfano fue tildado de ser tercermundista. Siempre que tocaban este tema se ponía nervioso, según dijo el cura párroco de la Catedral, Rómulo Cámpora. “Di Stéfano sabía que detrás de estas ideologías se encerraban ideas dañinas, que usando a los pobres, sus necesidades y la buena voluntad de muchos sacerdotes se habían perdido grandes hombres de la Iglesia”, afirmó.
“Ese fue el dolor de los obispos. No que tuvieran que atender a los pobres. Porque si no se atendía a los pobres y a sus necesidades había que sacar las imágenes de San Francisco, el Cristo, cambiar el Evangelio. Es decir, esta gente infiltrada quiso destruir un mensaje de amor para sacar un rédito político. Porque mucha gente que decía luchar por los pobres y dar su vida por los pobres terminó en grandes residencias, en grandes casas en el exterior, algunos con buenas sumas de dinero. ¿Y entonces en qué quedó todo? Ese fue el dolor de muchos pastores”, insistió Cámpora.
Tras la convulsión de los ’60 y ’70, el arribo de Di Stéfano a la diócesis sanjuanina tuvo como premisa aquietar las aguas. En sus homilías y en sus intervenciones, el nuevo arzobispo se destacó por su opinión. Llegó a ser presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana en el área de lo social.
La intrusión de Fidel
“Muchos se infiltraron en las filas de la Iglesia para crear la confusión”, afirmó seguro el sacerdote Rómulo Cámpora. “Y es sabido históricamente que Fidel Castro preparó a jóvenes estudiantes en una formación de Seminario con una orientación marxista. Y fue así como se infiltraron en los seminarios de Buenos Aires, de Córdoba, que eran los dos más importantes”, advirtió.