Gestión... y demagogia
En esta última semana se encendieron varias luces amarillas en las declaraciones públicas de los intendentes. Reaccionaron en cadena, a lo que pensaron ellos, fue casi un insulto. “Demagogos”, dicen que les dijo un Ministro.
El problema de las peleas en público, y mucho más con inhábiles declarantes (que todavía creen que los periodistas son amigos y se confiesan ante ellos en off), es que todo lo dicho masivamente es una terrible carga para la negociación entre cuatro paredes, porque allí un nuevo síntoma aparecerá para agrandar los sacrificios... ¿y ahora qué le digo a la prensa? Demagogo.
¿Y ahora qué le digo a la prensa?... ¡Nada! ¿Cuál es el problema? O todo ¿Cuál es el problema? ¿Ser auténtico? ¿Ser demagogo? O ser responsables.
Cualquier gestión comunal tiene el compromiso de ley de informar todo lo actuado, pero no es al revés. Demagogo.
Intendentes, les tiro un par de temas: inflación, coparticipación, reclamos salariales, relación con el sindicato, formas de reclamar del sindicato (Manchineles y el parlante, D´ Amico y el parlante), aumento en la planta de contratados, plan de trabajo, soluciones al vecino. Muchas veces la autenticidad y responsabilidad de una gestión implica hacer cosas incómodas y más incómodas si se deben declarar públicamente. Demagogo.
Cada aviso municipal históricamente cierra con un cartel que dice "gestionado por…". Puede no hacerse la obra, pero jamás, nunca, puede faltar el cartel que firme "gestionado por…". Esos cierres de aviso, (para mí, viejos y de mal gusto), también podrían incluir el origen de esa inversión y decir que era plata de la Nación o de la Provincia, que no se tocó ni un peso de la comuna, pero no, de última, esos detalles se dicen en el acto y para pocos. Al aire, y como comercial, existirá un largo spot de la obra con redacción muy afilada y cartel de cierre con el "gestionado por…". Demagogo.
Puede ser que el adjetivo "demagogo" les suene demasiado peyorativo y prefieran, por la presión de 20 tipos, ser "sincericidas", que suena más épico. La verdad es que a mí me suenan extremos y la política suele facilitar el entendimiento de esos extremos. No hay que conocer de marketing político ni de comunicación, sobra con tener vereda, barrio, calle, y levantar un teléfono y hablar con el ministro, con quién además hablan 50 veces al mes, para aclarar las diferencias. Demagogo.
La opinión pública sobre la gestión de un intendente se nutre de varios elementos extras a la opinión de los periodistas sobre el intendente, y de los medios sobre el intendente, la opinión pública no son 20 tipos, los votos que hacen ganar tampoco son de esos 20 tipos, y aunque sean
muy influyentes, que haya luz, barrido y limpieza en la puerta de la casa de miles de electores, eso habla mucho más fuerte que la opinión de sólo 20 mediáticos tipos. Demagogo.
A los que les parece un insulto, una pérdida de dignidad, una amputación moral, un ataque al corazón de la gestión, antes de responder al aire lo que está en el aire, podrían pensar que no es fácil otorgar aumentos sin un plan, ofrecer soluciones sólo discursivas, y prometer obras sin tener los fondos, sino un día cualquiera viene alguien y te dice demagogo.
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