El dueño de la panacea
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Él tiene un don: puede hacer sentir una reina a cada una de las mujeres que salen de su peluquería. Es el dueño de la panacea, y como un alquimista, sabe dosificar el elixir que puede curar todos los males, alcanza para todos y siempre tiene más.
Miguel Ángel Alessi es el propietario de las peluquerías Alessi y desde hace poco tiempo también es socio propietario del bar Tres Diablos. Él asegura que rubros tan diferentes, tienen un punto en común: el placer de hacer sentir bien a la gente.
Miguel no se reconoce como empresario, ni como artista, ni como hombre exitoso, aunque muchos juran que es todo eso; él se resume como un trabajador, un profesional en lo suyo.
“Siempre fui un tipo muy alegre, siempre me he divertido mucho, desde chiquito era muy observador, siempre analítico. Mis viejos me enseñaron a ganarme las cosas que quería y uno de los recuerdos más fuertes que tengo es de cuando tenía 8 años y quería un juguete muy sofisticado para la época, una pista de autos pero no las chiquitas, una grandota. Mis viejos me dijeron que tenía que trabajar para tenerla, así que trabajé con mi hermano mayor. Eso fue algo muy fuerte e intenso porque me enseñaron a ganarme las cosas, a trabajar duro por lo que uno quiere”, contó Miguel.
Fue tan así que para tener uno de los locales que las mujeres más visitan en San Juan, llegó a realizar 48 cortes de pelo por día, en una sola jornada y sin parar desde las 9 hasta las 2 de la madrugada del día siguiente.
Su abuela fue la visionaria de su talento, un día lo vio jugando con una prima a la que le hizo un peinado fabuloso. La abu le dijo: ‘deberías ser peluquero’. Miguel respondió lleno de seguridad: ‘No, yo voy a ser médico’.
Con esa vocación, cuando estaba en el secundario hizo una pasantía en el hospital mental de Zonda, con miras a estudiar psiquiatría. Un día apareció en ese lugar una italiana en crisis, estaba perdida, no recordaba quién era y casi no hablaba castellano. Miguel logró conectarse con ella cortándole el pelo y tiñéndola. “Han pasado muchos años, pero la cara de esa mujer no me la olvido más, esa cara de felicidad, de gratitud cuando se vio al espejo. Le costaba hablar pero con la mirada nos decía cosas muy bonitas”, contó. A raíz de esa respuesta. Miguel propuso hacer la ‘semana de la belleza’ en el hospital y tuvo un éxito rotundo, “fue una fiesta, tan así que nos permitió comunicarnos con pacientes que no se habían conectado con nadie”, dijo.
Esa experiencia lo marcó para siempre. Miguel se fue a Córdoba a estudiar medicina, pero por varios motivos regresó a la provincia durante el primer año. Entonces se planteó que podía “hacerle la cabeza a la gente y hacerla sentir bien, pero no necesariamente haciendo terapia, sino con algo mucho más rápido y efectivo que es intentar que se vean bien y eso va a tener un efecto y hacer que se sientan bien por el hecho de verse bien. Nada de superficial tenía ese razonamiento, se ha escrito mucho sobre esto”, señaló.
Con esa idea fija, a los 18 años empezó a hacer peluquería a domicilio. “Autodidacta total”, se asumió Miguel, así que empezó de puro corajudo, sin haber tenido un maestro, alguien a quien mirar, ni siquiera acceso a alguna revista. Pero le sobraba habilidad, intuición, creatividad y talento. “Esa manera de trabajar me permitió también desarrollar técnicas propias”, advirtió.
Al principio sus padres lo querían matar por haber dejado la facultad, pero cuando asumieron que el pibe la tenía clara, lo dejaron abrir su primer salón, ocupando la mitad del comedor de la casa familiar, en el barrio Edilco; y después pasó a ocupar el garaje, en 1989. El rumor de este chico que podía transformar cabezas corrió muy rápido y pronto se vio con clientas de todos los departamentos que no entraban en el garaje.
Las mujeres interrumpían la entrevista cada 10 minutos para saludarlo, le daban un beso a Miguel y se iban contentas, bellas, agradecidas. Para todas él tenía una palabra hermosa, será por eso que sus clientas lo aman. La mayoría son amigas.
En diciembre de 1993 abrió el primer salón diseñado para peluquería, donde sigue atendiendo sobre calle La Rioja antes de 9 de Julio. “No planee nada. Siempre quise ser un profesional serio, formado, siempre quise que la peluquería dejara de ser un oficio para convertirnos en profesionales, una tarea que sigo buscando, capacitando gente, haciendo seminarios y cursos, para que no sea azarosa, ese es mi gran sueño”, contó.
Las sucursales nacieron como la necesidad de hacer crecer el proyecto, de profesionalizar y empezar a delegar, enseñando. Muchos de los peluqueros sanjuaninos, han pasado por los salones de Miguel, “es algo que me llena de orgullo, hacer escuela”. Pero lamenta que después muchos aprendices no siguieron algunos conceptos que trató de inculcar, como el hecho de no abandonar nunca el perfeccionamiento. Los cursos de corte que tomó Miguel fueron siempre pensando en poder transmitir una técnica, “aprender a enseñar”. Le falta rendir una materia para recibirse como coach en la escuela de peluquería de Tony and Guy, uno de los peluqueros más afamados de Londres. Pero tiene que rendir en inglés y eso lo está frenando. La misma empresa le propuso a Alessi sumarse a la compañía, pero no aceptó, “no me gusta lamentar cosas en mi vida, pero lamento no haber aceptado”, se quejó.
Método Alessi
“Acá la gente viene y se relaja la pasa bien porque tenemos charlas hablamos de que su look no va a ser azaroso, no va a ser como salga sino que será algo planeado, pensado, pactado”, explicó. Esto incluye primero una charla de 5 o 10 minutos para saber qué quiere el cliente y que se puede hacer, cuáles son las expectativas del nuevo look; ahí interviene el criterio, la capacidad, la formación, “porque tener la capacidad de que alguien se vea bien requiere de formación, ahí es donde está el método Alessi”, aseguró. Hay una evaluación de las características del pelo primero, luego se le comenta al cliente cuál es su comportamiento y las posibilidades que tiene. “Siempre en un marco de respeto, y me refiero a jamás tratar de transgredir el deseo del cliente, porque si una mujer dice que quiere mantener el largo, podemos hacer un buen look manteniendo el largo, pero si le cortamos 10 centímetros comienza todo mal, una relación con un quiebre que no se supera más. Todo eso tiene que ver con la educación, es importantísimo generar confianza”, sostuvo.
Para Miguel este método nada tiene que ver con creerse un artista. “Yo no me siento un artista, el que se sienta un artista en este metier debería replanteárselo, porque es diseño puro, no es otra cosa. Tiene de arte porque trabajás con una materia, el pelo es como una tela donde generamos texturas, formas, pero es diseño, arquitectura. La gente me dice que soy un artista y es un halago precioso, pero sabemos que hay una construcción”, remarcó.
A full
Miguel no madruga, es que desde que abrió el bar se acuesta muy tarde, por eso se levanta a las 9 de la mañana, revisa el mail, el Face, se informa y atiende decenas de llamados al celular.
En la pelu atiende desde las 13 hasta las 22, vuelve a su casa, entrena en un gimnasio propio, se cambia y se va al bar donde se lo puede ver hasta las 2 o 3 de la mañana.
Este ritmo de vida le deja poco margen para las cosas que le gustan como las actividades al aire libre, los deportes de riesgo, en los que incursionó, y las reuniones con amigos. Con los amigos no es fácil, porque tiene muchos grupos distintos, modelos, actrices, empresarios, artistas. En su Facebook ya no hay espacio para nadie más ya que ‘alcanzó el límite máximo de amigos’. Dijo que está tratando de meditar un poco y relajarse, “estar en silencio es importante, hay mucho ruido”.
“Soy un hedonista, pero que se entienda bien. Mi historia pasa por hacer sentir bien a la gente. En la pelu trato de que todo el mundo la pase bien, que se vaya feliz, eso me reconforta y es lo que me permite seguir, porque es una tarea ardua que requiere de mucha energía. Y en el bar me pasa lo mismo. Haber generado un espacio y cuando la gente se va me dice que lo pasaron estupendo, eso me da muchísimo gusto y me alimento de eso, me hace feliz”, señaló.
El bar Tres Diablos es un éxito, pero no se logró sin esfuerzo. “Nada es fácil en este país, pero soy bastante tozudo, bastante Tauro, un tipo que le mete para adelante, le pone todas las pilas para salir adelante. Lo mismo que vengo haciendo hace 22 años, remándola todos los días. Estoy con dos socios y eso me permite compartir responsabilidades; no es fácil pero me da mucho placer hacerlo”, dijo.
Alessi reconoce que mucha gente piensa que es una persona exitosa, “no sé cómo miden el éxito, yo soy un laburante, todo lo que ha generado Miguel Ángel Alessi está en esta provincia. Mis 22 años de laburo están acá. Estamos acomodándonos a la situación del país”, señaló.
Más íntimo
Nunca hace alarde de su generosidad, pero sus amigos y conocidos saben que es un personaje muy solidario, Miguel colabora con muchas fundaciones y asociaciones sin fines de lucro, nunca dice que no cuando se trata de ayudar.
El profesional confesó que su único miedo es a perder la salud. “Me da miedo la enfermedad porque es lo que me inhabilita para seguir adelante y estoy trabajando tanto que me da miedo que el cuerpo me empiece a pasar factura de tanto trabajo y por eso me estoy ocupando más de hacer actividad física, cuidándome en la alimentación, trato de no beber alcohol, estoy tratando de dejar de fumar, para mejorar”, dijo. Le cuesta mucho, sobre todo dejar el cigarro porque es muy ansioso y muy exigente consigo mismo, reconoció.
¿Metrosexual? “No, trato de mantenerme en línea, por ahí una cremita, me gusta, pero nada más. Tengo muchas arruguitas pero no vamos a hacer nada con ellas. Los 40… es un número ¿no?”.
Críticas al sector
“San Juan es reflejo de lo que pasa en el país. Creo que no le están dedicando tiempo a la educación, a formarse, a capacitarse, lo debatimos con colegas en Buenos Aires. En San Juan hay muy buenos peluqueros pero se ha mediocrizado un poco, lamentablemente, que me perdonen pero lo siento así, no quieren invertir en educación y es una pena”.
Año complicado
El 2012 fue uno de los años más difíciles para Alessi, en julio perdió a su madre. “ha sido muy difícil, no lo voy a terminar de superar nunca. Era una persona muy importante en la vida de toda la familia porque era muy matriarcal, estamos muy afectados”. Hacía 5 años que estaba enferma y dos años que todos los meses se trataba en el Hospital Italiano, en Buenos Aires, estaba en lista de espera pero se complicó todo. “La acompañamos hasta el final, de la mejor manera, pero ha sido muy duro. Lo mas difícil que me tocó afrontar”, se lamentó.
Textual
“Cuando era chico tenía muchísimos amigos, jugábamos mucho en potreros, aunque vivía cerca del centro, en el barrio Edilco, pero antes no estaban los barrios aledaños había fincas. Nos contentábamos con muy poco, son recuerdos muy lindos de mi infancia”.