Por Viviana Pastor
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Cómo vive la primera pareja gay sanjuanina que adoptó una nena
“No jugamos a la historia de: yo soy la mamá y vos el papá. De ninguna manera. La nena focalizó la figura de papá en mí. Nos ayudan dos psicólogas extraordinarias, hermosas, Carolina y María del Carmen. La nena sabe que Beto es mi pareja; a veces yo soy más permisivo, a veces lo es Beto, pero ella sabe que tiene un papá”, dijo Rolando.
La historia es fuerte, moviliza teniendo cualquier postura, a favor o en contra, y es un símbolo de lucha y logros de la comunidad gay, que en una provincia tan tradicionalista como ésta, ha tenido duros debates y álgidos enfrentamientos con la iglesia católica, previa sanción de la ley de Matrimonio Igualitario y luego, por la ley de Identidad de Género.
Chiffel está a punto de cumplir 40 años, es periodista desde hace 20 años y hoy es subsecretario de Gobierno del municipio de Ullum. Nunca tuvo problemas en asumir su sexualidad y vive en pareja con Beto desde hace 8 años. Sólo pidió cierta reserva sobre los detalles de cómo llegó a su vida Mili, que hoy tiene 5 años, sobre todo para preservarla a ella y que conozca su historia de la boca de su padre.
“Si el debate va a ser que las nenas necesitan una mamá, yo digo: yo no extraño el Rolls Royce que tiene Ricardo Fort porque nunca lo tuve, y no con esto digo que la nena no vaya a extrañar a su madre; le estamos cubriendo todos los espacios que hay que cubrirle a un hijo, todo lo necesario. Pero no jugamos a la historia de la mamá, eso sólo en la mente de un perverso puede aparecer, sólo aquel que está enfermo de la cabeza puede llegar a creer que Beto o yo jugamos a la mamá y al papá. ¿Cuántas madres solteras hay en el mundo que criaron a sus hijos sin padre? Bueno, hoy me pasa a mí como papá criando una hija. Este es el espíritu con el que estamos criando a nuestra hija”, señaló.
Otro de los puntos que “preocupan” a quienes se oponen a la adopción gay, es que este modelo de familia determine la orientación sexual de la criatura. “Eso es mentira. ¿Vos creés que todos los días cuando tenemos que rabiar para que Mili desayune, le decimos: ‘acordate que a los 14 tenés que ser lesbiana porque si no el papá no se va a sentir orgullosos de vos’? Bueno, no me trasladen los niveles de perversión mental que tienen creyendo que los gays vamos por el mundo diciéndoles a nuestros sobrinos: ‘el día de mañana tenés que ser puto para que el tío se sienta orgulloso’. ¡Dejémonos de joder!, los gays no lo hacemos, las lesbianas tampoco”, dijo enérgico Chiffel.
Sin embargo es consciente de que para criar a su hija carga con un plus extra por ser quien es. “Yo tengo que andar por el mundo con las manos bien levantadas, bien arriba para que vean que a mi hija no la voy a violar con mis manos. Leí el informe de Tiempo de San Juan y fijate que los gays sabemos que con los niños no, pero me pasa que tengo que andar demostrando que no la vamos a abusar a mi hija”, dijo con dolor.
Mili va al jardín de infantes y en todas las fotos aparece hermosísima, radiante. El amor que expresa Rolando hacia su hija lo desborda y las palabras no le alcanzan. “Mili es mi paz, mi sol, mi guía, mi tiempo, mi noche, es todo. Es el viento y la lluvia, todo lo que necesito lo defino en una palabra: Mili. Cuando nos sentimos mal con Beto, nos tomamos de la mano y decimos ‘Mili’, y ya está, sentimos que nos estamos curando, que el resto del día se mejora porque Mili vive.
Rolo aseguró que su hija llegó a su vida para “curarlo”, dijo que había perdido la alegría de vivir, la capacidad de enamorarse luego de la muerte de su madre y su padre, hace 23 años. También lo ayudó a superar el difícil trance de la muerte de su hermano menor, que se suicidó en medio de una depresión. El día que volvían del cementerio de enterrar a su hermano, Rolando se acostó y enseguida Mili le dijo: ‘Papá jubemos (SIC) a la escondida, pero yo gano’. “Me levanté y dije: Rolando Chiffel…(hace un pase con la mano) magia, se terminó el llanto, póngase de pie porque tiene una hija que criar”, contó.
Para Beto también hubo palabras de amor. “Beto es hermoso, él es todo, él me devolvió la familia que había perdido”, dijo.
Un defensor de la causa
Rolando recuerda su infancia como “extremadamente feliz”, criado en el seno de una familia humilde. Su mamá Noella era una porteña que militaba en el peronismo en Buenos Aires, de donde su tuvo que ir, perseguida por los militares. Encontró tranquilidad en el callejón Dibella, en 9 de Julio.
Su papá, Juan Dalmiro, según lo recuerda Rolo, era un sanjuanino bohemio, un hippie, un soñador que les enseñaba muchas cosas lindas. “Me acostumbré a ser feliz con lo que teníamos. Mi papá nos fabricaba camioncitos de madera y las rueditas eran las latas de picadillo”, recordó. Pero en esa felicidad tuvo mucho que ver su personalidad.
Rolando supo desde chico que sus inclinaciones sexuales eran diferentes. A los 8 años se enamoró de un vecino y le pareció raro. “Cuando tenía 10 años le dije a mi mamá que sentía algo por este chico y ella me dijo que no me preocupara, que eran sentimientos propios de los seres humanos”, contó. A los 14, y después de hablarlo con su hermano mayor, Mauricio, “que es mi confidente, lo amo y él me ama”, decidió encarar el tema con sus padres. Los sentó y les dijo que era gay. Noella le dijo: ‘Mirá vos. Bueno, fijate dónde metés el pito y cuidate de las enfermedades’. Y su padre le advirtió: ‘hijo, a la casa nunca trajiste un drama, tampoco me lo traigas ahora. Estoy para ayudarte en lo que quieras. ¿Estás saliendo con algún chongo? Bueno cuidate’.
“Mi vieja siempre fue una mina muy moderna, ella entendía todo, quizás era por la propia rebeldía que ella tenía. Hoy, a punto de cumplir 40 años, siento que me cuidé, que me inventé a mí mismo”, dijo.
A partir de entonces Rolando pudo vivir su sexualidad abiertamente; nunca se sintió discriminado por sus pares y nunca ocultó quien era. La anécdota que refleja esta situación es la de la tía Pocha. Todos los domingos, la familia de su padre y de su madre se reunía a almorzar en la tradicional mesa larga. Justo cuando estaban comiendo, la tía Pocha asomaba su cabeza y le preguntaba a Rolando: ‘Rolito, ¿cuándo va a traer una novia?’. Rolo, que ya tenía 17 años, se quedaba en el molde y no le contestaba nada. Pero un día le dijo a su mamá que estaba podrido de que la tía Pocha le preguntara lo mismo todos los domingos y Noella le dijo que ella se haría cargo. Ese domingo, cuando la tía Pocha se iba asomando con su cara de preguntar lo mismo y dijo: ‘¿Rolito…’. La mamá la paró en seco y le dijo: ‘Mirá Pocha, si le vas a preguntar cuándo va a traer una novia, te cuento que no la va a traer nunca. ¿No te das cuenta que el Rolito es puto?’ La tía abrió los ojos grandes mirando a su prima y ésta le repitió: ‘si Pocha, mi Rolito es putito, es puto, no va a traer una minita, ¿o no Rolo?’. ‘Si mamá’, dijo Rolando. Aún hoy, toda la familia se acuerda de esa escena.
“Ahora es divertido tener un sobrino puto, y es hasta cheto tener un hijo gay, es moderno. Pero antes era terrible, ahora son otras madres y es hasta romántico”, reflexionó.
Con su situación “blanqueada” desde chico, Rolando fue de los primeros militantes públicos de la causa gay, pero esto también le valió el rótulo. “Me empezaban a juzgar por el culo y después por lo que pensaba, me ha pasado miles de veces, porque mi situación yo la decía por radio, por todos lados, expuse por la ley de matrimonio igualitario. Ya no me asusta, no me hace daño, no me hiere ni me lastima que me griten puto. A mí me lastimó la muerte de mi madre, perder a mi padre fue terrible y que mi hermano menor entre en un estado depresivo y se termine quitando la vida porque no tenía a sus padres, eso me hiere. Pero a mí no me vas a lastimar si me gritás puto, eso ya fue, tengo otras cosas por qué vivir. Soy un hombre pleno”, aseguró.
La hipocresía local
Fue el único momento en el que Rolo se quebró y lloró, cuando recordó que en pleno debate por la matrimonio gay el Arzobispo de San Juan, Alfonso Delgado, dijo: ‘Pobrecitos esos niños que se crían con padres homosexuales’. “Cómo me lastimó la palabra ‘pobrecitos’, me atravesó tan mal que estuve depresivo y hasta dejé de ir a trabajar a la radio. Hoy pienso, entonces pobrecitos los chicos que se crían con un padre abogado, es una locura. Si creen que nosotros a nuestra hija la estamos preparando para que el lesbianismo no desaparezca, bueno, yo no tengo la culpa que tengan ese nivel de perversión. Mi hija es una ciudadana más, la diferencia es que antes de que Néstor y Cristina nos dieran las leyes de Matrimonio Igualitario, era engorroso lo que había que hacer para que me la reconozcan como tal; ahora no lo es porque tenemos estas leyes”, dijo Chiffel.
Luego contó que en las marchas que se hicieron en contra del matrimonio gay, bajo la consigna ‘queremos mamá y papá’, Rolando descubrió muchas caras de padres de chicos homosexuales. “Yo miraba las fotos y decía: a pero este señor tiene un hijo gay en Córdoba, lo hizo irse porque acá le arruinaba el apellido; esta señora tiene sus hijos gay en Europa, ésta otra señora tiene la hija lesbiana en Buenos Aires. No te das una idea la cantidad de puto que usa corbata en la mañana y en la noche se pone los tacos para ver que travesti se lleva de la plaza. Por códigos no digo nombres, pero la lista es interminable y el señor que marchaba en contra lo he visto yo en videos tener sexo con travestis. El ejercicio de hipocresía que yo veía era terrible; que pusieran a los niños en el medio cuando no tenían nada que ver en estas discusiones. Pero en nombre de la familia, la iglesia montó esto y en la inquisición también, en nombre de brujería quemaron a Juana de Arco. Eso me dolió mucho”, aseguró.
Textuales
“Cuando yo conducía las Fiestas del Sol Gay, hace muchos años, subía al escenario y decía: Hola a todas y a todos, porque sentía la necesidad de integrar, y con los años se lo escuché a la Presidenta, con la misma intensión de incluir”.
“Mi adolescencia fue genial, me pasaba mucho tiempo leyendo, me encanta leer y a mi hija se lo inculco. Soy un tipo muy divertido aunque no lo parezca, algunos creen que tengo mal carácter por mi cara, pero bueno, es un problema de cara, no de espíritu. Me he divertido mucho pero siempre cuidándome, lejos de los vicios, no fumo y no tomo alcohol”.
“Que me grites puto no me duele, si yo siento orgullo de lo que soy, me he sentido orgulloso toda mi vida porque a mi familia nunca los avergoncé, a mis amigos tampoco. Soy feliz siendo puto”.
“Mili es extremadamente feliz. Cuando mi hija sea grande el cielo se va a sentir tan orgulloso de ella que se abrirá en dos, porque estamos preparando a nuestra hija para que sepa los padres que tiene, para que sepa quién es su papá y se sienta orgullosa”.