Del 24 al 26 de agosto se llevó a cabo en la provincial el Festival G, un evento de danza, música y movimiento que contó con la presencia y participación de Sudakas Sudadas, un colectivo de danza integrado por artistas chilenas que llegaron hasta San Juan para compartir desde sus experiencias y danzas.
Sudakas Sudadas, las artistas chilenas que llegaron a San Juan para compartir desde el movimiento y el re-pensarse
Camila Soto y Diana Carvajal Guevara pasaron por Tiempo de San Juan durante su visita a la provincia, y compartieron sus conocimientos como también las expectativas de poder compartir con artistas sanjuaninas, señalando que, si bien cada cuerpo tiene su cultura corporal, tanto Chile como de este lado de la cordillera hay similitudes en el movimiento.
El grupo está integrado por las dos jóvenes y Andrea Amaro Uribe, quienes comparten una amistad, pasaron por la formación académica de la danza en universidades y se encontraron en 2019 en una búsqueda personal en el medio de un estallido social que las impulsó a darle origen al grupo.
“El proyecto parte el 2019, con el estallido social y político en Chile. Como veníamos también de crisis personales en lo que estábamos trabajando, a partir de eso, y nos juntamos para desarrollar este proyecto, haciendo prácticas corporales en espacios de asambleas o territoriales. Eso nos invitó a entender cómo podía la danza participar de estos espacios. En Chile hay una supremacía de las danzas europeas y en el fondo la idea era rescatar las estéticas que son del sur y nos llaman más al espacio de encuentro y goce”, señaló Diana.
Si bien construyen las tres a la par, no solo los encuentros donde intercambian movimientos y saberes, sino también en la obra “La última danza”, de autoría del grupo, cada una tiene un estilo propio que hace a la esencia del grupo. Al respecto, Diana sostiene que en el fondo sienten que cuentan con todo el bagaje cultural y académico que muchas veces rescatan. “Creemos que se complementa bien con las danzas urbanas y sociales, y en eso sentimos una cosa que es distinta y la obra trata de dejar que pase eso, como sería hacer la cumbia desde el contemporáneo, por ejemplo. Es intentar hacer todo ese tipo de cruces que es conflictivo, pero nos hace sentido en la práctica”.
Bajo la premisa de compartir desde el goce del movimiento del cuerpo, la participación de las artistas chilenas en el Festival G contó con la presentación de la obra “La última danza”, y también de espacios de talleres, invitando al encuentro, a reflexionar desde el baile sobre las corporalidades, invitando a re-pensarse como un todo en dónde el factor común es el goce pleno del movimiento sin límites ni prejuicios.
Si bien la formación de las tres artistas chilena pudo haber sido muy distinta a la que recibieron las artistas locales, Diana asegura que al menos desde la concepción particular, las danzas no presentan barreras geográficas, pero si tienen una cultural corporal que hace a las identidades de las personas y de las comunidades.
“Me encanta pensar, estudiar y entender que hay ciertas danzas que tienen influencias comunes, con sutiles distinciones por cómo se desarrolló en los territorios y los contextos sociales, pero hay una base común que nos sostiene. Somos muy creedoras en esta idea que desarrollamos de sur, que hay algo que sutilmente nos encuentra”, sostiene. Y ese encuentro se volvió posible gracias al Festival G, donde sin importar las costumbres por tres días se habló un mismo lenguaje, el de la danza.