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jueves 26 de marzo de 2026

Columna

Personas pasivo-agresivas: los saboteadores silenciosos del bienestar cotidiano

En las oficinas más modernas, en las cenas familiares de los domingos, en las relaciones de pareja más estables o incluso en los grupos de WhatsApp de amigos, hay una figura que se desliza sigilosa, casi sin ser detectada a simple vista, pero que deja huella emocional: el pasivo-agresivo. No grita, no confronta, pero lastima. No discute, pero sabotea. Su arma no es el golpe, sino la ambigüedad.

Por Carlos Fernández

El comportamiento pasivo-agresivo no es nuevo, pero en tiempos donde se prioriza el “bienestar emocional” y la “comunicación saludable”, esta conducta se ha convertido en un foco de atención para psicólogos, coaches organizacionales y especialistas en vínculos. Y es que no hay nada más desgastante que convivir, laboral o afectivamente, con alguien que dice “está todo bien”, mientras todo en su actitud grita lo contrario.

Un patrón disfrazado de amabilidad

Desde la psicología se define al perfil pasivo-agresivo como aquel que expresa su enojo o desacuerdo de manera indirecta. En lugar de decir “no quiero”, “estoy molesto” o “esto no me gusta”, opta por la procrastinación, el sarcasmo, el silencio prolongado o el cumplimiento a medias. Un modo de sabotaje disfrazado de cordialidad.

El conflicto en el pasivo agresivo, es evitado a toda costa, pero no resuelto. La persona se siente incómoda con la confrontación directa y canaliza su tensión a través de microactos hostiles o comportamientos ambiguos

Este tipo de personalidad no solo resulta complejo en relaciones afectivas. En entornos laborales puede dinamitar equipos completos. En familias, generar climas de tensión crónica. Y en vínculos amorosos, llevar al desgaste emocional más sutil y peligroso: el que no tiene una causa visible, pero se acumula.

Cómo reconocer a un pasivo-agresivo: señales típicas

Este tipo de agresividad encubierta puede verse en una colega que acepta una tarea pero no la entrega a tiempo, en una pareja que olvida “sin querer” una fecha importante, o en un amigo que responde con ironía cada vez que se le señala algo incómodo.

El terreno donde florecen: relaciones desequilibradas

Los pasivo-agresivos suelen surgir en contextos donde hay reglas tácitas que desaconsejan la confrontación abierta. Por eso, son frecuentes en:

Cómo neutralizarlos: claves desde la psicología

Neutralizar este tipo de conductas no implica devolver la agresión, sino cortar el ciclo a través de estrategias que la psicología recomienda con consistencia:

Como explica el terapeuta estadounidense Daniel Goleman, autor de Inteligencia emocional, “la clave no es reprimir la emoción ni estallarla, sino gestionarla con conciencia y expresarla con madurez”.

La importancia de detectar para protegerse

Los pasivo-agresivos no siempre son conscientes de su patrón. Muchos fueron criados en entornos donde expresar el enojo era castigado, por lo que aprendieron a camuflarlo. Pero aunque la intención no sea destructiva, el resultado muchas veces lo es.

Detectar este comportamiento, nombrarlo y desactivarlo con firmeza emocional es clave para preservar relaciones sanas. Porque la pasividad agresiva no es solo una forma de comunicación disfuncional: es un modo de sabotaje emocional que puede desgastarnos día a día.

En tiempos donde la salud mental ocupa, al fin, un lugar central en nuestras conversaciones, aprender a identificar a los saboteadores silenciosos puede marcar la diferencia entre vivir en paz o sobrevivir entre líneas.

Escrito por Carlos Fernández Coach y psicólogo.

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