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jueves 26 de marzo de 2026

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Para el bronce: los nombres de las primeras sanjuaninas feministas

En 1839, por iniciativa de Sarmiento, se creó la primera escuela para mujeres, el colegio de Santa Rosa de Lima, un paso vital para la educación y la elevación de la mujer. Entre esas primeras alumnas están las ensalzadas por el prócer. Conoce algunas precursoras de la lucha por la igualdad de género.

Por Viviana Pastor

El título lo dice todo: “El triunfo del feminismo sarmientino”, es un capítulo del libro “Contribución a la historia de la cultura en San Juan”, escrito por Margarita Mugnos de Escudero, en 1967. En él, la autora de “La maestrita de los yarcos” reseña la evolución de la mujer sanjuanina en la sociedad gracias al accionar de Domingo F. Sarmiento, es decir, mucho antes de que en el país se hablara de este movimiento.

“El espíritu amplio y justiciero de Sarmiento quiere que sus ideales de libertad e igualdad alcancen a la mujer, relegada entonces a las tareas domésticas, descuidada su instrucción”, escribió Mugnos. Agregó que “Sarmiento es el gran feminista argentino, se preocupa con sus escritos y con su acción de llevar a la mujer a un lugar de paralelismo con el hombre al abrirle caminos antes cerrados para ella. Busca aprovechar su inteligencia y generoso impulso en el mejoramiento y felicidad de los que la rodean”.

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Maestras que Sarmiento trajo al país.

Obras de Margarita Mugnos fueron: “La maestrita de los yarcos” “Entre Pedregales” (1922); “La Mujer Sanjuanina” (1930), “Contribución a la Historia de la Cultura. San Juan 1810-1862” (1947), “Confraternidad” (relatos, 1982), como así también el Himno a Juan Jufré.

Educación para todas

En 1839, por iniciativa de Sarmiento, se creó la primera escuela para mujeres, el colegio de Santa Rosa de Lima, un paso vital para la educación y la elevación de la mujer. Entre esas primeras alumnas están las ensalzadas por el prócer.

En 1888, meses antes de su muerte en Paraguay, Sarmiento organizó una celebración de la Independencia Argentina en San Juan que incluía un homenaje a Francisco Laprida, y la distinción de las maestras y alumnas de su amado colegio.

En cartas enviadas a su provincia, Sarmiento eligió a una de esas exalumnas, Lucila Antepara de Godoy, como oradora.

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“Cerca de la muerte, para él ya presentida su corazón, volvía porfiadamente al terruño, a sus hermanas que le ayudaron en su labor docente, a sus alumnas, en quienes cifró tantas esperanzas no defraudadas”, decía Mugnos.

Otro nombre que sobresalía en ese grupo de niñas era el de Elena Rodríguez, hija de la regente del colegio, doña Tránsito de Oro que era hermana del obispo Fray Justo y viuda de José Genaro, uno de los tres hermanos Rodríguez, educadores. Ella, Elena, sería la encargada de traducir un texto elegido por Sarmiento cuya autora era una de las primeras feministas francesas, Marie de Gournay.

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El Día Internacional de la Mujer se celebra cada 8 de marzo para conmemorar la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos y su participación plena en la sociedad.

Mugnos señaló que Elena Rodríguez fue la primera mujer que publicó una obra en San Juan, una obra corta, un opúsculo en cuya portada se lee: “Condición social de las mujeres en el siglo XIX, escrito en francés por María de G. y traducido al castellano por Elena Rodríguez, del Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, San Juan. Imprenta del Gobierno, 1840”.

Mugnos de Escudero se preguntaba entonces ¿por qué Sarmiento eligió ese ensayo? Es que sin dudas se trataba de un texto “árido a las mentalidades juveniles y exigía para la traductora, si se hizo como suponemos un trabajo consciente, no sólo la versión correcta de un idioma a otro, sino la comprensión de concepto filosóficos e históricos que en el texto abundan”.

Esta traducción se publicó con una cariñosa dedicatoria de la autora a su madre, pero lo que vio Sarmiento fue que ese texto feminista quedaba disponible para todas las sanjuaninas de la época. Sarmiento no daba puntada sin hilo.

“Sarmiento era un fervoroso feminista. Él quería ante todo educar a la mujer y ese opúsculo se prestaba admirablemente, ya que exhibiendo los defectos de la educación femenina y los obstáculos que ponen al perfeccionamiento y felicidad de las mujeres, les dice también la manera de vencerlos para que puedan ser libres no solo por el derecho, que ya lo eran en el siglo XIX, sino también de hecho”, escribió la autora.

Para Sarmiento, la única manera de lograrlo era con la educación.

Varios años después, en Buenos Aires, la maestra norteamericana Mary O’Graham, que entonces dirigía la Escuela Normal de San Juan, le dijo a Sarmiento que en la provincia había encontrado no solo maestras competentes para enseñar donde quiera, sino “damas de alta categoría ejerciendo la profesión de maestra de escuela”.

En 1885, también en Buenos Aires, Sarmiento se encontró con una hija de Elena Rodríguez de Oro que había seguido las huellas de su madre y escribía hermosas páginas literarias y le encargó la lectura de un discurso inaugural.

En una carta a su familia, Sarmiento comentó que Elena Sarmiento de Oro leyó el discurso que él había escrito ante una gran concurrencia “con gran satisfacción y sorpresa del público poco habituado a oír leer a señoras, lo que en San Juan es vulgar gracias a la buena dirección dada por la educación”.

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Otra destacada fue Clara Rosa Cortínez, después señora de Ortega, también alumna del célebre Pensionado Santa Rosa, fue la primera poetisa sanjuanina. “Escribió versos en los álbumes de su tiempo, y estimulada por Sarmiento, colaboró en periódicos de Coquimbo durante su permanencia allí, cuando Chile era el obligado refugio de los emigrados cuyanos. He aquí una precursora de la mujer periodista”, aseguró Mugnos.

Mujeres cultas, mujeres libres

Cuando se iniciaba el siglo XX, las descendientes de las alumnas de Sarmiento fueron las que fundaron en la Ciudad de San Juan la Sociedad Literario-Musical, grupo que reunió a mujeres jóvenes y cuya primera presidenta fue Victorina Lenoir de Navarro.

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“Hemos conocido algunas de las damas que en ella figuraron y se presentan a nuestro recuerdo nimbadas de prestigio intelectual y de esa belleza que no se marchita, espiritualidad”, dijo Mugnos.

Victorina Lenoir era sobrina de Sarmiento, primogénita de Procesa Sarmiento, la primera pintora sanjuanina cuya vocación se había definido en el pensionado de Santa Rosa de Lima y perfeccionado con maestros en Chile.

Allá se casó con el francés Benjamín Lenoir y con él volvió a su patria en 1868. “Victorina era una niña de exquisita sensibilidad e inteligencia poco común. Recibió la educación más esmerada y reveló desde muy joven su inclinación a la docencia y a las letras. Fue vicedirectora de la Escuela Superior de Niñas y más adelante, cuando se fundó la Escuela Normal en 1879, profesora de ésta”.

Mugnos dijo que se trataba de la sobrina preferida de Sarmiento, quien desde Buenos Aires la animaba a escribir.

Cuando el general Julio Roca llegó a San Juan en 1885 para inaugurar la línea del ferrocarril, Victorina le envió a su ilustre tío un relato de la fiesta de recepción con que se agasajó al entonces presidente.

Era una excelente crónica y Sarmiento la publicó en el diario La Tribuna, de la Capital. Luego, en una carta, la elogió: “tan rica en la expresión de conceptos que muestran una razón madura y un gusto y estilo raros en tu edad”. De ella también dijo que “ha obtenido el voto universal por la amabilidad y elegancia de sus modales y por su instrucción e inteligencia”.

Obra de Victorina fue la biografía de don José Clemente Sarmiento, y entre sus discursos se destacó el pronunciado al inaugurarse el hospital San Roque, como presidenta de la Sociedad de Beneficencia.

Como profesora de la Escuela Normal, en 1881 publicó un texto de Historia Argentina en colaboración con Segundino Navarro, después su esposo, también profesor, escritor y poeta.

Fue la segunda obra didáctica escrita por una mujer en San Juan, la primera fue el Manual de Geografía física y política publicado por el ministerio de Instrucción Pública de la Nación, escrito por la señora María Luisa Villarino de Del Carril en 1879.

Mugnos escribía en 1967 “hoy asistimos al triunfo del ideal feminista de Sarmiento, que anhelaba formar ‘una porción considerable de niñas trabajadoras, artistas, artesanas, que sean capaces de labrar su bienestar por sí solas y propender al adelanto general’.

Nos toca, pues, a las mujeres custodiar la tradicional veneración por el Maestro que nos abrió el camino, y puesta la mirada en lo alto, esforzarnos por desempeñar con eficacia suma, con verdadero espíritu de caridad, el papel que nos haya señalado la providencia”.

(Fuente: Destino San Juan)

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