"Yo no sé qué quiero hacer después, lo único que quiero es volver a ver como antes”. Lourdes Agustina Oviedo, lanza la frase desde lo más profundo de ser. Tuvo una vida complicada desde que nació con menos de 6 meses de gestación, sobrevivió gracias al cariño y el empeño de su “familia del corazón” (como se llaman entre ellos), y ya pasó por 12 operaciones. Ahora, contra todos los pronósticos, mantiene las esperanzas. Ella ya perdió un ojo, pero aún tiene chances de recuperar la vista en el otro. Para eso necesita un trasplante de córnea, del cual la separan poco más de $3.000.000.
Lourdes, la joven que sobrevivió de milagro al nacer, pasó 12 operaciones y tiene un único sueño: volver a ver
Tiene 25 años, aunque al decir su edad confía, “ya sé, me veo más chiquita”. Más allá de la timidez que la caracteriza, se anima a alzar la voz y contar su historia para que la conozcan quienes puedan ayudarla. Revela que a sus primeros días los pasó sola, en una cuna de neonatología del Hospital Rawson. Sobrevivió de milagro, mientras sus brazos y piernas se iban entumeciendo cada vez más. Con pocas chances de pasar aquella etapa, le dieron el alta, pero su familia biológica no estaba dispuesta a cuidarla, entonces, sus hermanos adolescentes les preguntaron a unos vecinos si se animaban a llevársela a su casa.
Así, Lourdes llegó a los brazos de su mamá Susana y a conocer el cariño incondicional de su papá, quien falleció; de sus tres hermanos (de los cuales dos murieron) y de su hermana Érica, que en ese momento tenía 18 años y es su compinche hasta el día de hoy.
Para ese entonces tenía 4 meses y pesaba sólo 1,800 kg. Como casi no tenía capacidad de succión, su madre la alimentaba con gotitas de leche. Y, mientras hacía los trámites de adopción, inició con ella un raid por consultorios médicos. Quería saber cómo sacarla adelante y, al mismo tiempo, si la condición de prematura había dejado alguna secuela en ella. “Es muy chiquita, no va a vivir mucho tiempo más”, le dijo uno de los pediatras a aquella mamá que, aún así, no perdía las esperanzas.
De a poquito, Lourdes fue aumentando de peso e inició terapias para recuperar la motricidad. Su pronóstico mejoraba, pero una parálisis en su pierna izquierda complicaba su movimiento. Fueron cinco las operaciones a las que fue sometida para poder moverse de la mejor manera posible, aunque aún sufre una discapacidad. Así creció, entre médicos, pero en un entorno de amor. Hasta entonces, nadie esperaba lo que vendría después.
Su vista, el nuevo desafío
Tranquila y amable con quienes la rodean, Lourdes logró llevar una vida como la de todos los chicos de su edad y se rodeó rápidamente de amigas. Terminó la escuela primaria con excelentes notas y “una letra preciosa”, destaca su madre. Pero su nuevo desafío comenzó cuando estaba en el primer año de la Secundaria. “Fue en el 2013. Yo estaba en Colegio Luján y justo ese día me tomaban una prueba de Literatura. Cuando fui a escribir mi nombre y apellido me di cuenta de que no veía. Me notaba rara, no entendía qué pasaba. Ese mismo día en la tarde me llevaron al oftalmólogo y nos dijeron que se me habían caído las retinas”, recuerda la joven.
A partir de ese momento, comenzaron de nuevo sus pasos por el quirófano. “La primera cirugía fue el 27 de junio de ese año. Me operaron de los dos ojos, pero no resultó. La otra operación fue el 4 de octubre siguiente, pero prendió sólo un poco la retina en el ojo izquierdo y supe que había perdido mi ojo derecho”, enumera Lourdes. Y cuenta que, a pesar de las dificultades, se puso la meta compleja. “Yo no quería perder Primer Año, así que, me animé y rendí 10 materias en exámenes orales. Así pasé a Segundo. Ya en el 2014 empecé a ver un poco más. Mi visión mejoró, terminé la Secundaria, rendí el ingreso a la universidad y empecé a cursar el profesorado de Geografía en la facultad”, relata.
Pero en 2020 volvieron los problemas. “No pude seguir estudiando, mi visión empezó a disminuir otra vez porque se me empezaron a pegar el iris y la córnea. En 2021 volvieron a operarme y me dijeron que ya estaba fallando la córnea. La última cirugía fue en el 2022, pero no ayudó. Ahora, sólo puedo ver algunos bultos. Pero en noviembre pasado estuve en Buenos Aires y me hicieron un estudio. El médico me dijo que tenía bien prendida la retina en el ojo izquierdo y que existía la posibilidad de hacer el trasplante. En ese momento también nos enteramos de que necesitaba $3.000 dólares para la operación”, relata Lourdes.
Ella ya tiene el pasaje para viajar a Buenos Aires, donde será operada por el doctor Emilio Doggs, él único dispuesto a intervenirla desde que comenzó con su problema de visión. “Ella tiene el pasaje y yo siempre voy a ahorrando porque sé que su salud nos demanda viajes y gastos extras. Pero a la plata para la operación no llegamos, para nosotras es imposible juntar ese dinero y ese trasplante es la única esperanza de que vuelva a ver”, cuenta Susana, quien es jubilada y sólo cuenta con el apoyo económico de su hija Érica, que trabaja como asistente gerontológica y tiene dos hijas.
Ante la situación, fue justamente Érica quien decidió iniciar una campaña en las redes sociales para tratar de conseguir el dinero que necesita su hermana. Sin embargo, no han avanzado con lo recaudado hasta el momento y temen que con el paso del tiempo, la operación se vaya encareciendo cada vez más.
“Yo pido colaboración porque sé que ese trasplante me puede ayudar. Mi único anhelo es volver a ver como veía antes. Ver las caras de las personas, el celular que me permitía comunicarme con mis amigas. Yo no pretendo ver el 100 por ciento, pero sí un poco, para poder seguir adelante”, confía Lourdes.
Quien quiera colaborar puede comunicarse con Érica en su cuenta de Facebook Erica Rivera (hacer click aquí) o aportando dinero al Cbu 0070213530004013305159 o el alias LOURDES.AYUDAR