Entrar a aquel lugar genera la sensación de estar en otra época o lugar del mundo. Los distintos edificios que la componen, acomodados en forma de cuña en torno al patio que en el centro tiene el mástil, son imponentes. Tienen puertas y ventanas enormes, techos altísimos y cubiertos de tejas, escalinatas de piedra y columnas tan anchas que es imposible abrazarlas y que cambian de rectangulares a circulares, según la zona. Sin embargo, basta con afinar sólo un poco el ojo para observar grietas, desprendimientos de cornisas y pisos hundidos. Esa doble cara muestra la Escuela Normal Fray Justo Santa María, de Jáchal.
Entre valor histórico y grietas: la escuela centenaria que Jáchal busca salvar
Este establecimiento que tiene 106 años y es Patrimonio de la provincia generó revuelo en las últimas semanas, cuando la comunidad se levantó para pedir las reparaciones que permitan cuidar el edificio y, al mismo tiempo, bridar seguridad a los alumnos mientras estudian. Tiempo de San Juan recorrió el lugar para mostrar qué esconden sus paredes, muestras vivientes de la historia del departamento del Norte.
El establecimiento consta de dos sectores, uno inaugurado en la década del ‘90 y el otro, en 1931, debido a que en sus inicios la escuela funcionó en una casona frente a la plaza departamental. Esa construcción que cumplió 92 años, es llamada “casco histórico”. “Acá funciona en la mañana el Nivel Secundario. Nosotros tenemos la secundaria dividida. Acá –en el casco histórico- está el Ciclo Orientado y en el sector nuevo, el Ciclo Básico. Tenemos una población estudiantil de 480 estudiantes y en la tarde cursa el Nivel Superior, con 500 estudiantes”, relata la rectora del establecimiento, Carolina Caliva, al iniciar el recorrido por el lugar. Pronto, empieza a mostrar las falencias del edificio y a contar los problemas que ocasionan.
Dos caras, una misma escuela
* Las galerías
Con pisos de cerámica y enormes columnas con molduras, se erigen en torno a las aulas y el edificio administrativo. Techadas, brindan contención a los alumnos que circulan bajo ellas. Sin embargo, ahora se puede ver cintas de “peligro”, en varios de sus sectores. En este caso, el problema mayor son los desprendimientos de cornisa, que va cayendo de a trozos cotidianamente.
“Los chicos se sientan muchas veces en la orilla de las galerías y es un peligro, porque no sabemos en qué momento caerá algo desde la altura. Entonces, en las zonas más complicadas ponemos las cintas, para evitar accidentes”, explica la rectora.
* Las aulas
Se caracterizan por sus techos de unos 6 metros de altura y ventanas angostas pero altísimas con marcos de madera, que delatan sus largos años de vida. Los pisos de madera y las pizarras pintadas en la pared del frente, completan su estilo.
Del total de ellas, explica Caliva, 4 fueron restauradas con una obra que comenzó en 2019 y finalizó en 2021. Esa fue la primera de las tres etapas de restauración previstas en el establecimiento. Las otras dos etapas, quedaron en stand-by y eso se nota en el resto de los cursos. En muchos de ellos, el revoque de las paredes comenzó a caer repentinamente en los últimos meses, a tal punto que, en una de las aulas puede verse incluso el hierro que sostiene el muro, como si fueran sus entrañas. Al mismo tiempo, en la mayoría de las aulas hay profundas grietas y sócalos desprendidos y los pisos también muestran su deterioro.
“Los técnicos que llegaron desde la Subsecretaría de Arquitectura y de Patrimonio para revisar la escuela nos dijeron que la mayoría de los problemas tienen que ver con falta de mantenimiento y humedad. Nos aseguraron, por ejemplo, que esta aula se puede usar, pero la verdad es que preferimos mantenerla sin alumnos, porque ellos no se sienten seguros”, comenta Caliva mientras señala una grieta en la pared que va desde el piso hasta cerca del techo y que cruza por completo el muro, es decir, se puede ver tanto desde el interior como desde afuera.
“Esta grieta se empezó a formar en marzo pasado y yo di aviso al Ministerio de Educación. Ese día, los chicos vinieron a buscarme gritando ‘profe, se abrió la pared’, estaban asustadísimos. Los técnicos nos dijeron que el muro no va a colapsar, pero yo no puede tener a los alumnos estudiando en lugar en el que no se sienten seguros”, explicó la rectora. Y contó que, otro salón sí fue clausurado por los especialistas, debido al hundimiento del suelo.
* La sala de teatro
Como si fuera un antiguo museo, la estructura externa del lugar, con sus columnas circulares, es la que porta las letras originales con el nombre de la escuela en la parte alta de su pared frontal. Pero, a uno de sus lados, la puerta de ingreso a los camarines, está clausurada. Justo frente a ella, en el piso hay una chapa que tapa un hueco tan profundo que parece no tener fondo. “El piso se hundió de un día para otro”, asegura Caliva. Y destaca, “la sala de teatro es hermoso y tiene una excelente acústica”.
Esa sala también tiene pisos de madera en medio de las paredes que sostienen las fotos de cada uno de los rectores que ha tenido el establecimiento. Salvo el telón, que se cambió hace unos años, todo es original en el lugar, incluso las enormes lámparas colgantes y una llamativa escalera de mármol que lleva a las gradas superiores. Al respecto, la rectora cuenta, “es una pena, porque los pedazos del mármol se van desprendiendo. Nosotros los vamos guardando, esperamos que en algún momento los repongan”.
* Los patios
Los espacios verdes, que son prolijamente limpiados diariamente, también dejan ver la falta de mantenimiento. Las zonas en las que hay pozos sépticos están rodeadas con cintas por hundimientos. Mientras que, uno de los árboles del centro del lugar se ve peligrosamente inclinado hacia uno de los edificios. “Es el segundo año que se me vence la autorización de la Secretaría de Ambiente para erradicarlo, pero no logramos que vengan a sacarlo. Los últimos vientos Zonda que hemos tenido en el departamento llegaron a tener ráfagas de 100 km/h. Y ese árbol es un peligro”, reflexiona Calivar.
Una historia marcada el empuje de los vecinos
La Escuela Normal de Jáchal fue creada el 1 de septiembre de 1917, cuando en Jáchal sólo existían otras dos escuelas, pero de Nivel Primario, la San Martín y la Rawson. Comenzó funcionando en una casona ubicada frente a la plaza departamental, perteneciente a la familia Bravo. Mientras tanto, los vecinos del departamento organizaron kermeses y aportaron dinero de su bolsillo para comprar el terreno en el cual construir la escuela de forma definitiva. En 1922 lograron adquirir la manzana en la que se encuentra actualmente el establecimiento y entregaron el terreno a Nación para que se iniciara la edificación. Ese mismo año, por una ley firmada por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen, se inició la obra de la primera escuela secundaria del departamento.
Fue en 1931 que se inauguró la totalidad del edificio del establecimiento. Un año después, comenzó allí la formación de maestros, con el fin de dar al pueblo la posibilidad de estudiar una carrera profesional y evitar éxodo hacia otras zonas de la provincia.
Con los años, en el lugar comenzó a funcionar también una escuela de Nivel Primario y surgió la necesidad de ampliar el edificio. Fue entonces que se construyó la segunda obra dentro del predio, manteniendo el estilo arquitectónico original. Ya en 2014, el primer edificio con su solar fue declarado Patrimonio Histórico Provincial.