Desde nuestro punto de vista la respuesta a la pregunta del título depende de la cultura y de la estructura familiar en la cual estamos inmersos. Vamos a ver una serie de ejemplos:
En mi casa mando yo: ¿quién manda realmente en tu hogar?
En las sociedades orientales, tenemos las familias patriarcales, donde el padre tiene la prerrogativa de ordenar y dar la última palabra en los asuntos domésticos.
En las sociedades occidentales, encontramos otro tipo de estructura familiar: la matriarcal. Este modelo de familia tiene en la figura de la madre la persona responsable por determinar y conducir las decisiones del hogar.
Independientemente de la geografía, podemos observar en las familias modernas una tercera formación. En esta, los hijos son los verdaderos agentes que determinan o “mandan en la familia”. Cada vez es más común ver a los hijos eligiendo el lugar de las próximas vacaciones, la escuela en donde desean estudiar, los alimentos que entran en el carrito del supermercado, el tipo de ropa que comprarán, entre varias otras elecciones.
Si echáramos la vista atrás y viéramos la relación entre nuestros abuelos o entre quizás nuestros padres, veríamos y observaríamos muy claramente quién mandaba realmente.
Era un modelo tradicional de pareja, y el poder se distribuía por áreas. Este reparto solía conceder áreas como los hijos y el cuidado de la casa a la mujer y el trabajo externo y la economía al hombre al que se le atribuía mayor poder.
Generalmente cada uno se ocupaba de su área y no se inmiscuía en la que no le tocaba. De esta forma, los distintos «departamentos familiares» funcionaban de forma más independiente. El inconveniente tiene que ver con que el reparto solía ser rígido y muy ligado al género. La ventaja estaba en que no era necesario consensuar muchas de las decisiones y por tanto se evitaban conflictos.
Hoy en día, el reparto ligado al género está en cuestión. Buscamos una relación más igualitaria y tendemos a ocuparnos los dos de todo, intentando que el reparto sea equilibrado y las decisiones acordadas. Esto implica más posibilidades de conflicto y una necesidad mayor de negociar y consensuar las decisiones que tiene que ver con la casa, los niños, la economía, el ocio, las relaciones sexuales…
Pero vamos a entrar más en profundidad y te vamos a explicar porque depende de múltiples factores el poder que sientes que tienes en tu relación de pareja. Te los voy a ir comentando para que veas con cuáles te identificas y cuáles forman parte de tu relación.
El momento de la historia en el que vives y tu cultura
Según tu cultura, verás que hay una serie de factores que se relacionan con un mayor poder. Por ejemplo en las culturas patriarcales, o machistas se otorga un mayor poder al hombre por su género. Actual también se otorga más poder a las personas con más ingresos económicos, con más estudios, con trabajo fuera del hogar, con un cargo más alto en la jerarquía…. y como a día de hoy, aún son más los hombres que ingresan mayor cantidad de dinero que las mujeres, en ese tipo de parejas “el que tiene el dinero tiene el poder”.
Tu cerebro te condiciona
Para decidir quién manda en tu casa, el aspecto físico cuenta y una persona alta, fuerte físicamente, con un tono de voz grave nos sugiere más poder que una persona más menuda.
Pero tu cerebro más instintivo también juega su papel cuando se siente amenazado. Cuando sientes que tu pareja quiere imponerse o dominarte, tu cerebro te guía hacia la huida, la, manipulación o hacia el ataque. Puedes verte envuelto en una lucha de poder sin siquiera darte cuenta de cómo has llegado hasta ella, atacando, fingiendo, o defendiéndote como si te fuera la vida en ello.
El factor sexual como medio de manipulación en estos casos juega un papel primordial ya que a través de él se ejerce el poder de controlar a la otra persona y mandar sobre la relación ya que todo lo sexual esta en el cerebro y desde ahí comienza la dominación.
Necesidad de seguridad
Cuando sientes que no eres importante para tu pareja o no sabes cómo acceder a ella, sientes que pierdes todo el poder en tu relación. Tu necesidad de seguridad emocional y afectiva se convierte en una clave en el origen de una lucha por el poder. El miedo a perder a tu pareja también te desarma y te hace vulnerable.
En estas situaciones la inseguridad se puede apropiar de la relación y la necesidad de imponerse puede sustituir a la necesidad de conectar. Fíjate en estos ejemplos:
Ø Si siento que no me escuchas grito, te critico o te desprecio
Ø Cuando pienso que no me entiendes, decido por mi cuenta y me alejo de ti
Ø El miedo a perderte me lleva a controlarte a todas horas
Ø Si considero que no me tienes en cuenta, te ignoro a ti también
Ø Cuando echo de menos que me valores, dejo de valorarte a ti y me muestro superior
Ø Si no puedes ver las cosas como yo, me escudo en la razón y te acuso de mentir y de manipular
Como se puede observar hasta ahora, ejercer el poder te puede servir para sentirte más seguro o para lograr lo que quieres, pero a la vez te causa un gran daño tanto a ti como a la relación. Ver a tu pareja como un enemigo o como un extraño en lugar de como a un aliado, te lleva por un camino realmente peligroso del que debes alejarte.
Vista todas estas circunstancias la pregunta que surge es: Realmente ¿Se necesita que alguien mande en el hogar? ¿Tan importantes es mandar o llevar los pantalones en tu casa?
En lo personal creo que nadie solo logra nada en la vida, los regímenes autoritarios no son buenos, por eso mi propuesta es que hay que trabajar en conjunto, no fijándonos en quien manda, sino de quien asume la responsabilidad en cada momento y en cada circunstancia de la vida. Lamentablemente, responsabilidad se ha confundido con mando, pero hay que saber que los buenos líderes del hogar trabajan en equipo y de ambos saldrá lo mejor si se juntan.
Esto que acabamos de explicar implica que en cada momento uno y otro, involucran a la persona más importante de su vida en la toma de decisiones y todo lo que tiene que ver con el presente y futuro de la relación o la familia. Como pareja que son, el trabajo en equipo es el que debe primar, ya que los dos tienen derechos y la capacidad de conducir el hogar y formar a los hijos si los hubiera.
Ambos tienen que sentirse responsables de la conducción del hogar asumiendo las responsabilidades pactadas, aumentando la comunicación con idea de equilibrar el poder en ambas partes, y reforzando el liderazgo y el poder del otro, de lo contrario no tardarán en aparecer los conflictos. Juntos pueden y deben delegarse las responsabilidades y tareas, conscientes que lo importante es la estabilidad y el éxito de la relación.
Para cerrar esta nota te dejaremos la siguiente reflexión que te hará entender quién manda en tu casa: “No busques tener razón, tener el poder, busca tener paz”.
Escrito por: Carlos Fernández
Coach de Empresas y psicólogo
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