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jueves 2 de abril de 2026

Columna

El peligro de las personas "evitativas o tibias" en puestos de responsabilidad

En el mundo del liderazgo y la gestión de equipos, en los distintos ámbitos de la vida, hay un perfil que suele pasar desapercibido, pero que genera enormes daños a medio y largo plazo: las personas tibias. No hablamos de quienes son prudentes o reflexivos, virtudes necesarias en cualquier ámbito, sino de aquellos líderes que no se atreven a decidir, no se comprometen y terminan paralizando a toda una organización o la ciudadanía.

Por Carlos Fernández

Un líder evitativo se mueve con miedo constante a equivocarse. Prefiere quedar bien con todos, evita conflictos, huye de las decisiones incómodas y se refugia en frases como “ya veremos” o “no es el momento”.

Usan el concepto de la prudencia para disfrazar su indecisión y su falta de liderazgo. En psicología organizacional este patrón está muy estudiado: es la evitación del conflicto llevada al extremo y la inseguridad disfrazada de neutralidad.

Su discurso suele ser ambiguo, y sus declaraciones escasas con la idea de no generar tensiones o abrir frentes que luego no sabrá como ordenar.

¿Qué entendemos por una persona tibia o evitativa?

Una persona tibia en un puesto de responsabilidad es aquella que:

En psicología organizacional, a este patrón se lo asocia con la falta de seguridad y firmeza en la toma de decisiones, generándose un grave problema en puestos de responsabilidad, ya que esa falla no solo afecta al líder, sino que contagia y desmotiva a todo el equipo o si es político a sus votantes y pueblo que lo padece.

El efecto contagio en los equipos

El problema es que esa actitud como hemos dicho no se queda en el líder. Se transmite como un virus invisible y contagia a todos los que lo rodean. Cuando un responsable no marca un rumbo, la gente pierde motivación y se mimetizan con el que entienden que manda.

Aparecen sentimientos de desorientación, falta de confianza en el proyecto, frustración y, en muchos casos, la necesidad de buscar referentes más claros en otros lugares. La consecuencia es un clima laboral o político gris, donde predomina la apatía y se instala la peligrosa sensación de que nada importa demasiado.

¿Por qué surgen los líderes tibios o evitativos?

Muchas veces la raíz está en el miedo al error. Se educó a demasiados directivos o líderes en la idea de que equivocarse es fracasar, cuando en realidad decidir es siempre un riesgo necesario.

Otras veces la causa es la necesidad de aprobación: el deseo de ser queridos por todos, aunque eso signifique renunciar al rol de guiar. También hay un factor cultural: organizaciones que castigan con dureza el fracaso, pero que nunca penalizan la inacción. En esos contextos, ser evitativo se convierte en un refugio cómodo, aunque destructivo.

Algunos líderes evitativos, llegan a puestos de poder por no haber tenido un conflicto en su vida, pero eso no los hace mejores, sino todo lo contrario al llegar por errores de los demás y no por méritos propios cuando hay que ejercer el poder se diluyen, aflorando sus verdaderas carencias en todos los sentidos.

A quien le cuesta llegar, valora y decide, quien llego con los “nailon puestos” fracasa.

Liderar es elegir, no agradar

Liderar no significa agradar, sino decidir. Y la decisión, por definición, implica elegir un camino y descartar otros. Esa valentía es lo que diferencia a un verdadero responsable de alguien que simplemente ocupa un puesto.

La tibieza, para muchos analistas y profesionales, es la antesala de la mediocridad: un político o directivo evitativo no inspira, no moviliza y no construye futuro. Apenas administra la inercia de lo que ya existe, hasta que todo se desgasta o se derrumba convirtiéndose en un burócrata sin iniciativas.

¿El motivo?, sus propios miedos, y esto es lo que le hace rodearse de personas aún, mas mediocres que él, con idea de sentir que nadie le hace sombra, y si alguno no era así, acaba contagiándose para agradar al líder evitativo, creándose una corte de obsecuentes silenciosos que acompañan la mediocridad.

El trabajo personal como base del liderazgo

El liderazgo exige, antes que nada, un trabajo personal. No se puede dirigir a otros si uno no se conoce a sí mismo, si no sabe qué valores defiende, si no es capaz de comunicar con claridad y sin ambigüedades.

Un líder que evita el conflicto no evita el problema, solo lo posterga y lo agrava.

Cómo evitar caer en la tibieza

Valientes frente a tibios

En tiempos de incertidumbre, la gente busca líderes valientes, no evitativos. Busca personas que transmitan confianza a través de decisiones claras, aunque no siempre sean perfectas.

Porque al final, la tibieza no protege a nadie: únicamente aplaza lo inevitable y condena a los equipos o los ciudadanos a vivir sin rumbo y muchas veces sin esperanzas ni ilusiones.

Escrito por Carlos Fernández Coach y psicólogo.

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