El periodismo en San Juan no se puede contar sin repasar las páginas, las horas de televisión y las cajas de los digitales CMS que llevan la firma de la familia Bataller. En una amena entrevista en el programa Paren Las Rotativas, Juan Carlos Bataller padre y Juan Carlos Bataller hijo (‘Juanca’) compartieron un viaje en el tiempo que recorre cuarenta años de historia viva de la provincia. A través de anécdotas que combinan la mística del plomo fundido, carreras contra el reloj en la ruta, censura política y exclusivas mundiales con personajes de la talla de Enzo Ferrari o Anatoli Kárpov, los fundadores de El Nuevo Diario desmenuzaron una trayectoria marcada por una sola condición innegociable: la pasión por contar, el placer de informar.
El anecdotario de los Bataller: una familia casada con la información
Una valija llena de páginas impresas, exclusivas mundiales con Enzo Ferrari o Anatoli Kárpov, y el living de la casa transformado en mesa de redacción. Juan Carlos Bataller padre y Juanca Bataller (hijo) desmenuzaron en Paren las Rotativas las cuatro décadas del Nuevo Diario y de un clan periodístico que sigue apostando a "sanjuanizar" los medios locales.
De los talleres de plomo al nacimiento de un semanario
La historia comenzó con una vocación que golpeó la puerta de manera inesperada. A los 20 años, Juan Carlos Bataller padre estudiaba Ingeniería de Minas, siguiendo una suerte de mandato familiar. Sin embargo, consciente de que ese no era su destino, pidió una prueba en el Diario de Cuyo. Tras una primera y súbita en la Feria de Capital, la tinta lo atrapó para siempre. Su carrera lo llevó a trabajar de Clarín e incluso, unos pasos más adelante en el tiempo, a instalarse en Europa como corresponsal en Italia.
Al regresar a San Juan a principios de los años 80, tras cuatro años en el exterior, Bataller sintió el peso de una sociedad adormecida. Una charla en el inolvidable café Soppelsa le bastó para notar que, a pesar del tiempo transcurrido, sus amigos seguían discutiendo exactamente los mismos temas. "A esta sociedad hay que abrirla urgente", pensó.
Así nació la idea de fundar un semanario que cubriera los vacíos de la época: la cultura profunda, los debates psicológicos y el plano social. El proyecto, inicialmente concebido como un semanario temático, inició en 1988 lo que el propio Bataller define hoy como un "error estratégico": intentar convertirse en un diario. En ese San Juan, el poder informativo, empresarial y político estaba fuertemente concentrado y alineado. El desafío al statu quo se pagó caro: asfixia publicitaria, persecución a los canillitas que escondían el ejemplar debajo de otros medios y un gobierno que prohibía a sus funcionarios dar entrevistas al nuevo medio. La aventura como diario gráfico cerró en mayo de 1989, pero dejó hitos imborrables en la memoria colectiva, como haberle dado voz a la Corte de Justicia destituida por el gobierno o haber fotografiado a un diputado jubilado por incapacidad nadando plácidamente en un club local.
Mentiras piadosas y un Fiat 128 a fondo
Hacer periodismo impreso en los 80 requería una logística artesanal que hoy, en tiempos digitales, parece de ciencia ficción. La composición se hacía mediante fotomecánica; los textos se revelaban en tiras que se pegaban manualmente y los títulos se armaban letra por letra con sistemas adhesivos tipo Letraset. Dado que El Nuevo Diario se imprimía en los talleres del diario Los Andes, en Mendoza, cada jueves Juan Carlos padre viajaba en auto con una valija cargada de "astralones" (las páginas armadas listas para fotografiar). El proceso de impresión debía comenzar puntualmente a las 17:00 horas. Una tarde, a las 15:30, el jefe de talleres de Mendoza le dio la peor noticia: faltaba una página.
Sin computadoras ni internet, rehacerla a la distancia era imposible. Tras una llamada desesperada a San Juan, su hermano le confirmó el olvido: la última página se había quedado pegada detrás de una puerta de la redacción. Con el tiempo en contra y la amenaza de suspender la impresión, Juan Carlos padre aplicó la audacia periodística: "Ya está en camino, ya llega", mintió una y otra vez en los talleres mendocinos para ganar minutos. Mientras tanto, en San Juan, su hermano y un primo —Nito Mascarell, corredor de autos— volaban por la Ruta 40 a bordo de un Fiat 128. El coche frenó en la puerta de los talleres mendocinos exactamente a los 55 minutos, cinco antes de que se cayera el turno de impresión. "Ahí aprendí que si no hay alguien dispuesto a salir a la ruta con una página olvidada, y alguien que miente para esperarlo, no se hace un diario. Si no hay pasión, no hay medio", reflexionó el experimentado periodista.
De Kárpov a Enzo Ferrari: las grandes exclusivas mundiales
La trayectoria de Bataller padre está plagada de encuentros con figuras internacionales, logrados gracias a la intuición y a no dejarse obnubilar por el fanatismo. Una de las postales más recordadas es su entrevista con el campeón mundial de ajedrez Anatoli Kárpov. El ajedrecista ruso se negaba a hablar en inglés o italiano, tornando el encuentro imposible. Cuando Bataller daba la nota por perdida, irrumpió en la sala el guardaespaldas del campeón, que resultó ser cubano. Aquel custodio ofició de traductor improvisado y salvó la jornada. Aún más cinematográfico fue su encuentro en 1981 con Enzo Ferrari en el circuito de Monza. Mientras la prensa mundial se amontonaba alrededor de los pilotos y los nuevos vehículos de la escudería, Bataller divisó al mítico "Il Commendatore" ingresando solo a una oficina trasera. Lo siguió junto a su fotógrafo y lo abordó en italiano con una frase que desarmó la coraza del empresario: "Comendador, mi abuelo siempre me habló de usted". Su abuelo, Alfredo Parietti, había sido un mecánico inmigrante devoto de las hazañas de Ferrari. La charla, que se extendió por media hora, derivó en una confesión descarnada y filosófica de uno de los hombres más poderosos del automovilismo mundial: "Soy un fracasado total —le dijo Enzo Ferrari al creador del Nuevo Diario— porque el amor de mi vida y mi hijo se murieron y no pude hacer nada para evitarlo. Y además cometí el mayor de los pecados que puede cometer un italiano: tener éxito. No le perdonan a uno que tenga éxito".
Los Bataller sacaron un especial por los 40 años del Nuevo Diario: disfrutalo AQUÍ
Vida familiar en la redacción
Para Juanca Bataller, la infancia y la adolescencia no transcurrieron en ámbitos comunes. Su primer trabajo, junto a su hermano Mariano a los 13 o 14 años, consistía en levantarse a las cinco de la mañana para distribuir los ejemplares impresos a los pequeños canillitas que esperaban el diario. "Salía de la escuela y me iba al diario. Mi viejo me preparaba la merienda ahí. Nos volvíamos a casa a las diez y media de la noche y él se quedaba trabajando hasta las dos de la mañana", rememoró sobre el ritmo frenético de la vieja prensa escrita. La estructura de los Bataller siempre funcionó como una maquinaria familiar donde la madre también cumplía un rol invaluable, corrigiendo textos o gestionando anunciantes en épocas donde los recursos escaseaban. Aunque Juanca y Mariano estudiaron abogacía, la cuna informativa terminó ganando de forma natural. Con el paso de las décadas, la empresa familiar se consolidó distribuyendo tareas con precisión: Mariano volcado a la gestión comercial y las relaciones públicas, Juanca en la redacción periodística, y Luciano comandando las producciones televisivas. Hoy, la firma es una marca registrada en San Juan que abarca plataformas digitales, el clásico programa televisivo La Ventana —que lleva 25 años ininterrumpidos en el aire central de Telesol— y la Fundación Bataller.
Esta última nació tras el éxito rotundo del suplemento histórico "Y aquí nos quedamos", editado a propósito de un aniversario del terremoto de 1944. Concebida sin fines de lucro ni pauta estatal, la fundación custodia hoy el mayor archivo documental y fotográfico de la identidad sanjuanina.
La adaptación digital y la defensa de lo local
Los Bataller han sido testigos y protagonistas del cambio radical en el oficio. Desde las duras redacciones de antaño, caracterizadas por el vértigo y un rigor extremo que hoy resultaría ‘judicializable’, hasta la vertiginosa reconversión obligada por la pandemia de Covid-19. "La decisión de dejar de imprimir el papel se tomó de un día para otro en la pandemia, con internet de 3 megas en las casas", relató Juanca. El cambio aceleró el teletrabajo definitivo para los diseñadores y armadores, aunque el periodista siempre precise volver a la redacción y al debate obligatorio del café para encontrar la noticia.
Lejos de cerrarse a las nuevas tecnologías, Juan Carlos Bataller padre se confiesa un usuario intensivo de la Inteligencia Artificial en su labor diaria. "El periodista que no utilice la inteligencia artificial va a quedar fuera del mercado", sentenció. Sin embargo, advirtió sobre la necesidad del filtro profesional: "Falta el periodista que la procese, que sepa preguntar y que la rigoree, porque a veces la IA te manda un dato falso y hay que decirle 'me estás vendiendo verdura' hasta llegar a la precisión".
En el desenlace de la entrevista en el estudio de streaming de Tiempo de San Juan, ambos comunicadores coincidieron en un mensaje de fuerte arraigo regional: la necesidad de defender los medios de comunicación que aún quedan en manos enteramente sanjuaninas frente al avance de grandes corporaciones externas que desembarcan atraídas por el auge de la minería. "Hay que sanjuanizar —concluyó Bataller padre—. Hay que valorarnos más y fortalecer el espíritu empresario local; de lo contrario, en los medios y en cualquier industria, nos van a pasar por encima fácilmente". Con la tercera generación familiar empezando a dar sus primeros pasos en las plataformas digitales del grupo, el legado y el anecdotario de los Bataller cuentan todavía mucho hilo en el carretel de la historia sanjuanina.