El diccionario define la palabra traición como “falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener”. Es decir, nos sentimos traicionados cuando alguien en quien confiábamos no se ha comportado de acuerdo con las normas o límites establecidos o que creíamos acordados en esa relación, y es en ese preciso instante cuando se detonan una serie de reacciones emocionales en cadena que nos hacen sentir mal.
Cómo afrontar y enfrentar una traición
La traición es una de esas circunstancias que podemos sufrir en silencio durante un tiempo, y que pueden herir el corazón de la persona traicionada. Ya sea por parte de la pareja, un amigo, miembros de la familia o un compañero de trabajo, esta situación despierta emociones muy intensas y dolorosas. Y es que la pérdida de confianza que se produce con el “traidor” hace muy difícil la reconciliación con esa persona. De hecho, en muchos casos, después de la traición existe un proceso de duelo en el que toca aceptar la situación.
Algunas de las emociones que solemos sentir son:
- Estrés al buscar entender lo que ha ocurrido.
- Decepción y tristeza debido a que la relación no ha ido como esperábamos o deseábamos y hemos perdido la confianza en esa persona.
- Desconfianza o miedo ante la amenaza de que vuelva a ocurrir.
- Incomprensión al no entender el motivo por el cual ha actuado así.
- Enfado e ira cuando percibimos que su conducta ha sido injusta y que estamos sufriendo algo que no nos merecemos. Cuando este enfado se intensifica y persiste podemos hablar de resentimiento o rencor, lo cual es muy común que nos lleve a tener deseos de venganza para que el otro sufra y se “haga justicia”.
- Odio hacia esa persona. Sentimos un fuerte rechazo que nos puede llevar a estar irascibles, discutir con esa persona, agredirla (o desear hacerlo) o no querer tener ningún contacto con ella.
Todos nos hemos sentido alguna vez molestos o enfadados cuando hemos sentido que alguien nos traiciona; desde un amigo que cuenta un secreto que le has confiado hasta un familiar muy querido que te da de lado en momentos importantes. Hay veces que podemos perdonar estos actos, pero en otras ocasiones no somos capaces. ¿A qué se debe esto? . La respuesta la vamos a obtener en el análisis de una serie de factores que influyen en que nos sintamos en mayor o menor medida traicionados, por ejemplo:
- El tipo de relación que tenemos con esa persona. Supondrá una traición más grande si esta es más cercana.
- El contexto y momento en que ocurre la ofensa.
- Si el otro es consciente de su comportamiento o nos ha pedido perdón.
La traición puede llegar a dañar para siempre y dejar una cicatriz que cueste mucho tiempo y esfuerzo curar. Cuando la confianza que teníamos en otra persona se rompe, aparece el miedo a que otra persona vuelva a llevar a cabo lo mismo, y se generaliza a otras relaciones sociales, dificultando el establecimiento de vinculaciones saludables y que no funcionen mediante miedos o desconfianza.
La naturaleza de la traición conecta con la propia asertividad de aquel que se siente engañado como tal. Es decir, incluso aunque la otra persona explique los motivos por los que actuó de un modo determinado, queriendo mostrar que no obró con mala intención, si sus sentimientos internos son los de alguien que se ha sentido traicionado, conviene actuar con respeto ante ese dolor interno porque es el corazón el que habla a partir del impacto padecido.
Hay que entender que no hay una escala de dolor para medir la traición ya que es un sentimiento muy íntimo que se tiene producto de los códigos con los que te has venido manejando en tu vida y como te has criado y educado, pero sí está claro que cuando sucede duele, y a veces duele mucho por eso te queremos dar una serie de pautas para poder superar este mal momento.
¿Qué hacer para superar una traición?
- No evitar el malestar, y si aprender a regularlo
Cuando sentimos un malestar muy intenso es muy fácil realizar comportamientos para evitarlo, como fantasear con situaciones imaginarias en las cuales no he sido traicionado, rumiar o hablar continuamente sobre lo sucedido. Sin embargo, estas conductas dificultan la aceptación de lo sucedido y de sus consecuencias. No busquemos la aceptación de otros io la confirmación de la traición en personas que van a avivar la llama del dolor dándonos la razón.
Lo que paso, paso, nos dolió, y por lo tanto, es fundamental analizar y comprender qué estamos sintiendo y realizar acciones para modular la intensidad o duración de estas emociones. No seamos dañinos con nosotros mismos y dejemos el dolor y el pensamiento en modo invasión en nuestro cerebro. Busquemos hacer actividades que nos gusten (hacer deporte, leer, cocinar…), hablar o quedar con un amigo para hablar de otros temas o realizar ejercicios de respiración o relajación son algunos ejemplos de lo que podemos realizar. Nos ayudarán a dirigir nuestra atención hacia otros aspectos y poder tomar distancia de nuestras emociones y pensamientos.
- Analiza lo sucedido.
Es importante entender las circunstancias que pudieron influir en su comportamiento. Hay que considerar si esas normas o límites que no han sido respetados son razonables, si el otro las conocía y si habían sido acordadas entre ambos ya que en muchas ocasiones las damos por sentado, y no es así.
Esto nos permitirá reflexionar sobre si hubo o no intencionalidad de traicionarnos y entender mejor su comportamiento, lo cual no lo justifica. En base a todo esto decidiremos qué tipo de relación queremos mantener con esa persona, ya que podemos optar por intentar resolverlo, distanciarnos o finalizar la relación.
La traición es traición que quede claro, lo importante es aprender de ella, analizar lo sucedido y ver si existió por nuestra parte algún componente que no supimos manejar, o que no quedo lo suficientemente claro con idea de un futuro ser más claro en como encaramos una posible relación de cualquier tipo con otras personas
- Solucionar el problema o reparar los daños sufridos, si es el momento.
Hablar sobre lo sucedido de manera asertiva aunque nos cueste es un paso a madurar ya que en muchas ocasiones es importante tener una conversación calmada, en la cual transmita cómo yo me he sentido y qué es lo que quiero que cambie. En muchas ocasiones esto supone poner límites para evitar que se vuelva a producir la traición.
Si noto que me estoy alterando demasiado durante la conversación o que he adoptado un estilo de comunicación agresivo puedo pedirle a la persona que hagamos una pausa, tras la cual se retome la charla o no.
Cuando nos comunicamos de forma asertiva es importante recordar que esto no nos va a garantizar que el otro comparta nuestra visión de lo que ha sucedido, que me vaya a pedir perdón o que acceda a los cambios que le pido por eso debe madurarse mucho esta opción y ver si es el momento y si merece la pena pasar por este proceso. Es una elección que se debe sopesar con idea de no agravar más el dolor después de la conversación.
- Distanciarse de esa persona
En ocasiones, cuando creamos que la comunicación no va a ser de utilidad o cuando ya hemos sufrido más traiciones por parte de esa persona, la mejor opción es distanciarnos de ella. Esto si bien en ocasiones cuesta y es difícil, nos resulta útil cuando no lo hacemos con el objetivo de dañar o castigar a esa persona. Este distanciamiento puede ser progresivo (disminuimos de manera gradual el contacto) o total. ¿Y cómo lo haríamos?
- No mirando sus redes sociales o pidiéndole a tus amigos o conocidos que no te hablen de esa persona.
- Reduciendo posibles interacciones cara a cara evitando lugares o situaciones donde os podáis encontrar, siempre que esto no interfiera negativamente en otras áreas de tu vida (laboral, familiar, social…).
- Poniendo límites como no hablar por WhatsApp o por llamada telefónica, no usando a otras personas como medio de comunicación, etc.
Como hemos mencionado anteriormente en nuestra sociedad perdonar está muy erróneamente asociado con resignarse u olvidar lo sucedido, parecer vulnerables y que nos vuelvan a hacer daño al no buscar un cambio. Esto nos conduce a que a veces tomemos represalias aplicando la ley del “ojo por ojo”. En este artículo te animamos a que cuando vivas una traición la superes y que a cada paso que des entiendas que lo estás haciendo para crecer emocionalmente, míralo como un aprendizaje de los muchos que la vida te presenta, y aunque duela piensa que te hará más fuerte.
Y si eres tú quien la ha cometido pedir perdón es fundamental y también entender que la otra persona quizás necesitara un tiempo para procesar su dolor. Déjale su espacio, mantén una cercanía no invasiva, muestra arrepentimiento y los deseos de retomar la relación sin apurar los tiempos.
Para cerrar este articulo solo recordarte que construir una relación y generar a confianza lleva años, y romperla se hace en un instante, por ese motivo antes de realizar acciones que puedan dolor a las personas queridas en nuestro circulo piénsalo dos veces y aplica el consejo de no hacer a otros lo que no me gustaría que me hicieran a mí.
Escrito por: Carlos Fernández.
Coach y psicólogo.
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