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domingo 22 de marzo de 2026

Columna

Benching: el arte cruel de mantenerte cerca... sin elegirte

El término "benching" proviene del ámbito deportivo, donde los jugadores reservados en el banco de suplentes esperan su oportunidad para entrar al juego. En el contexto de las relaciones personales, el benching se refiere a la situación en la que una persona mantiene a otra en un estado de espera, sin comprometerse emocionalmente ni avanzar en la relación, pero manteniendo al menos un mínimo de contacto con ella. Es como si te tuvieran en espera, sin un compromiso real y no avanzaran en la relación.

Por Carlos Fernández

En consulta, cada vez escucho más historias que comparten un patrón doloroso y silencioso: personas que no fueron abandonadas del todo, pero tampoco elegidas con claridad. Que reciben mensajes esporádicos, halagos intermitentes, invitaciones que nunca se concretan. Relaciones que no avanzan, pero tampoco se cortan.

A ese fenómeno, en la psicología de las relaciones contemporáneas, lo llamamos benching y que se caracteriza por ser una forma de vínculo ambigua, que juega con la esperanza y la necesidad de afecto, sin asumir la responsabilidad emocional que eso implica.

¿Qué le pasa a alguien que está siendo víctima de benching?

Desde la mirada profesional, el benching puede producir un deterioro progresivo del bienestar emocional. La persona comienza a desarrollar ansiedad vincular: está en alerta constante, chequea el celular con frecuencia, se pregunta qué hizo mal o qué podría hacer para que “el otro” vuelva a prestarle atención.

Es un juego psicológico de refuerzo intermitente, muy parecido al mecanismo de las máquinas tragamonedas: a veces hay “premio” (un mensaje, un like, un emoji) y otras veces, silencio total.

Este patrón puede activar en el cerebro los mismos circuitos neurológicos que el dolor físico. De hecho, algunos estudios muestran que ser ignorado o excluido activa zonas similares en el cerebro que cuando sufrimos una lesión corporal. Pero además, se suman efectos más profundos:

En otras palabras: el benching no solo duele, sino que atrapa.

¿Por qué alguien ejerce benching?

Desde el punto de vista psicológico, quien ejerce benching no necesariamente es un manipulador intencional. En muchos casos, se trata de personas con miedo al compromiso, con patrones evasivos de apego, que disfrutan de sentirse deseadas pero que no quieren o no pueden construir un vínculo maduro.

Otros lo hacen desde la inmadurez afectiva, la necesidad constante de validación o incluso la inseguridad. El problema es que, más allá de la intención, el efecto en el otro es devastador.

¿Cómo se sale de esta dinámica?

Salir del benching implica un proceso de recuperación de la propia dignidad emocional. No se trata solo de “dejar de hablarle”, sino de reconstruir la narrativa interna que ha quedado contaminada por el vínculo intermitente. Estas son algunas claves desde la práctica clínica:

Un juego perverso

El benching no es solo una moda de las relaciones modernas. Es una forma de perversa de violencia afectiva sutil, que erosiona la autoestima, mantiene viva la esperanza sin intención real de encuentro, y deja secuelas profundas.

Desde la psicología y desde el coaching, lo que proponemos no es endurecerte ni dejar de confiar, sino aprender a reconocer señales, cuidar tu mundo emocional y buscar vínculos que te elijan sin dudas ni estrategias.

Recuerda, el amor no se mendiga. Se construye entre dos que se eligen todos los días, no de vez en cuando.

Escrito por Carlos Fernández Coach y psicólogo.

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