El pasado martes 12 de septiembre, autoridades de la Corte de Justicia sanjuanina y del Ministerio de Obras y Servicios Públicos convocaron al periodismo local para una actividad muy ansiada por este rubro. El lugar fue el principal motivo para asistir. No fue un espacio cualquiera. Pese a los años sin uso -que retomará vida con los anexos del Poder Judicial-, fue un edificio que cuenta con una infinidad de historias y trajo miles de recuerdos en la memoria de los reporteros presentes.
Ascensoristas, el olor a semita y un robo: las anécdotas del histórico edificio 9 de Julio
Coberturas periodísticas, los ascensores y sus ascensoristas, las direcciones hoy convertidas en secretarías y hasta en ministerios, los momentos alegres, los saludos, las desgracias y los olores reaparecieron en aquellos que caminaron por los angostos pasillos del histórico edificio 9 de Julio.
“Aquí hay más de 60 años de historia. Me emocionó mucho venir, después de tanto tiempo”, le dijo Dolly Rodríguez, movilera de AM 1020, a Tiempo de San Juan mientras realizaba el recorrido por la planta baja.
Un olor particular, y bien sanjuanino, invadió su memoria: “Cuando llegué, me acordé del olor a semita. Los empleados aprovechaban los calefactores y estufas para calentarlas ahí”.
La periodista recordó cada piso. A dónde estaba el Ministerio de Producción, la Dirección de Minería -hoy ministerio- y las demás reparticiones con sus respectivos funcionarios. Pero también mencionó los pasillos angostos del inmueble.
Esos pasillos estrechos también volvieron a la memoria de otro histórico de los móviles, más exactamente de Sergio Montt. Según relató a este medio el actual periodista de exteriores de Radio Concepto y conductor de la tarde de Canal 13, era “todo un tema” realizar coberturas periodísticas. “Habían muchas oficinas y los espacios eran muy reducidos, principalmente los que daban a calle Mitre”, exclamó.
Al llegar al lugar, y a diferencia de los años que le tocó cubrir actividades allí, Montt celebró ver el edificio con espacios amplios y con una obra bastante consolidada.
Las ascensoristas, figuras claves
Estas trabajadoras merecen una distinción aparte en la nota. La gran mayoría que caminó por esos pasillos las recuerdan.
“Desde el momento que llegaba por el acceso ladero a calle Jujuy, una señora me recibía. Siempre estaba impecable y sentada en una banqueta de madera. Además de preguntar el piso donde iba, me consultaba sobre el clima en la calle, si hacía frío o calor”, contó Dolly sobre aquella trabajadora, quien se jubiló y sigue viendo por los rincones del centro sanjuanino.
Esa banqueta de madera y esa misma mujer todavía permanecen en la mente de Montt, al momento de hablar de las anécdotas.
Pese a no ser la apuntada por los movileros, Susana Quintero fue otra reconocida ascensorista del 9 de Julio. Permaneció 12 años con esa función. Entró el 2 de febrero de 1987 en la Dirección de Arquitectura y en 1999 pasó al Ministerio de Producción, donde trabaja en la actualidad, pero en la cocina de la repartición ubicada en el 4° piso del Centro Cívico.
Manejaba los cuatro ascensores, tanto los manuales como los automáticos. Hay un dato importante. En aquellos 12 años, jamás se quedó encerrada.
Sobre algunas sensaciones, recordó el ambiente fresco y oxigenado del lugar, porque las ventanas de ese inmueble daban al sur y al norte.
El robo en Arquitectura y los tres grandotes de sobretodo
Ocurrió el 2 de junio de 1993 y provocó un cimbronazo en cada sector del edificio. Un grupo comando integrado por al menos tres personas llegó hasta la casa del Tesorero de la Dirección de Arquitectura de la Provincia, Justo Moya. La casa de Moya estaba ubicada en el Barrio Belgrano, Rawson, y en el momento del ataque, se encontraba junto a su mujer y sus cuatro hijos.
Luego de reducirlo a él y maniatar a los miembros de su familia, lo obligaron a entregar las llaves de la caja fuerte de la tesorería. Uno de los delincuentes se quedó vigilando a la familia y los otros dos partieron hacia el edificio 9 de Julio, donde funcionaba la repartición.
Fue el hecho que más recuerda Quintero, cuando este medio le pidió hablar sobre alguna anécdota.
En ese tiempo, la por entonces ascensorista trabajaba en el turno tarde. En un momento, aparecieron tres hombres altos con sobretodo y subieron las escaleras.
Este accionar llamó poderosamente su atención. ¿Por qué motivo? Ella conocía a todas las personas que cobraban por ventanilla en el edificio. Sospechó de los tres, siendo personas que no frecuentaban el lugar.
“Les advertí a todos los empleados de la repartición, nadie me creyó. Al día siguiente, efectivos de la Policía me esperaron para brindar testimonios sobre el robo”, contó.