Alicia Monserrat Femenía no tuvo muchas opciones en 1978 cuando tuvo que dejar San Juan para exiliarse en Madrid. Si bien era muy joven, ya había terminado la carrera de Psicología en Córdoba y fue por más. En España hizo un doctorado y contra todo pronóstico, decidió no volver porque acá las cosas no estaban tan bien como ella hubiera querido. Allí desarrolló su carrera de Psicoanalista, crío a su hijo, escribió libros innovadores sobre la mujer, la interrupción del embarazo, adopción, entre otros trabajos que la han llevado a disertar por distintos lugares del mundo.
Alicia Monserrat, psicoanalista y escritora nacida en San Juan, traspasó fronteras y es referente en Europa
Tras su exilio en Madrid, logró posicionarse y ser pionera en investigaciones sobre sexualidad femenina e interrupción del embarazo. En Mayo –por video conferencia-, presentará su último libro “Por los caminos de la adopción”, en Córdoba.
Actualmente es titular de la Asociación Psicoanalítica de Madrid (APM), miembro fundador de la Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalitica (APOP), y pertenece a la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), que es el principal organismo regulador y de acreditación del psicoanálisis a nivel mundial. Su vínculo con la Argentina, aunque de lejos, sigue intacto, tanto que el 16 de mayo próximo presentará virtualmente su último libro en Córdoba titulado “Por los caminos de la adopción”.
El exilio fue un factor determinante en la trayectoria de Alicia, transformándose de una salida forzada por la dictadura en una oportunidad para consolidarse como una pionera en el campo del psicoanálisis en España. Además su llegada coincidió con la transición a la democracia tras el régimen de Franco, un periodo de apertura social donde se legalizaron derechos como la interrupción del embarazo
Así se convirtió en psicoanalista didacta, lo que significa que además de su práctica clínica, se encarga de la formación y el análisis de futuros psicoanalistas bajo los estándares rigurosos de la IPA.
Después de casi 50 años es imposible pensar que pueda regresar, salvo para pasear, visitar familia, amigos, y respirar un poco de aire argentino. “Me fui con mi hijo de solo un año y medio, y en ese momento pensaba en volver pero me quedé hasta después de la democracia porque la situación política tampoco era la mejor. Las cosas se fueron dando de tal manera que el tiempo pasaba, que éramos muy valorados los argentinos por nuestra profesión, así es que conseguí instalarme fácilmente. Mi primer trabajo fue una consulta privada de psicoanalista”, cuenta Alicia desde España.
Luego ingresó a una institución que le sirvió para realizar su tesis doctoral sobre la mujer, ya que en ese momento y tras el gobierno franquista, surgieron muchas clínicas feministas, y en una de ellas fue coordinadora de salud mental.
Alicia tiene una posición de género definida pero reconoce las diferencias con las feministas a ultranza. En este sentido ha realizado decenas de investigaciones porque considera que su posición está más vinculada al estudio que a la militancia. De hecho uno de sus libros “El aborto ¿es cosa de mujeres?”, está basado en la práctica psicoanalítica que desarrolló en el plano individual y social en un centro de planificación familiar.
Otra de sus obras de larga investigación fue “Clínica Psiconalítica en adolescentes”, y su última entrega “ Por los caminos de la adopcion”, un estudio sobre la parentalidad adoptiva, escrito junto a Mayte Muñoz Guillen.
Después decidió cambiar de rumbo, un poco al menos, para dedicarse a investigar sobre la adopción, la procreación, la identidad femenina, entre otros. “Acá no existe la adopción nacional, sino internacional porque no hay niños en Europa, sino que se compran –como digo yo-. Es un tema que me duele muchísimo, traen chicos de Europa del Este, de América Latina, de Oriente en general porque China ha cerrado sus puertas a la adopción porque no quiere verse implicada en eso”, dice.
Precisamente esa es la temática del libro que presentará en Córdoba el mes próximo.
Alicia pertenece a la Asociación Psicoanalítica Internacional con sede el Londres, creada por Sigmund Freud, quien también sufrió el exilio.
“Acabo de venir de una conferencia en Oslo porque aparte de dedicarme a los niños, a la infancia, a la mujer, también estoy en un comité de catástrofes y emergencias internacionales. Trabajo a nivel psíquico con los niños en guerra o víctimas de la Dana, la gran catástrofe de Valencia. Hemos creado un dispositivo para ayudar desde la IPA”, relata.
La destacada psicoanalista vive en el barrio Salamanca, cerca del Retiro, un parque emblemático de Madrid, más precisamente en la calle Alcalá, “la más madrileña de las calles”.
Su vida de niña y adolescente transcurrió en la Capital sanjuanina y sus raíces fueron netamente vitivinícolas ya que a familia tuvo una bodega frente a la Plaza de la Joroba, casa en avenida Libertador y Roger Balet, además de fincas en Zonda. De hecho, Alicia administró por 10 años los viñedos heredados, trabajo que le demandaba venir unas tres veces al año a San Juan, hasta que decidió venderlos por falta de tiempo.
Su rica vida personal y profesional también la ha llevado a escribir un libro más intimista que está en proceso y su título será “Amores rotos”. Allí contará el desprendimiento que sufrió tras el exilio, su reconstrucción. Seguramente no faltará la vida familiar en Argentina que nunca perdió, al contrario, se consolidó ya que cada vez que viene hay más de 30 personas sentadas a la mesa.
Los años pasaron, las cosas se ven de otro modo, y difícilmente regrese para siempre. Es que no sólo tiene un hijo, -Eduardo Actis Monserrat- dedicado al periodismo científico, además de ser funcionario español, sino también nietos y un lugar ganado.
Su profesión sigue más intacta que nunca porque ahora se valora su trayectoria en el Psiconálisis y no piensa parar. “Tengo un compromiso con la gente, veo pacientes y también personas que quieren ser psicoanalistas y hay que analizarlas, porque es una de las condiciones de nuestra formación para poder atender a otros. Nuestra formación es muy rigurosa”, indica.
Confiesa que en todos estos años ha pasado por etapas muy felices como cuando llegó a España, y todo era nuevo con un clima de mucha apertura. Otras no tan lindas como cuando decidió quedarse porque echaba de menos todo y aunque hablaba el mismo idioma, pensaba distinto.
“Me río porque he cambiado la estructura de hablar, pero no he cambiado el tono y a mi nietos les dicen: ahí viene la abuela argentina”, relata y hace honor a la verdad porque conserva la tonada a pesar de los años y de haber sido descendiente directo de familias valencianas que en su momento llegaron a San Juan.