Por Susana Roldán-Directora de Prensa Institucional de la UNSJ
50 años de la UNSJ: elogio de lo que permanece
Los 50 años de la Universidad Nacional de San Juan llegan en un momento en que la sociedad parece estar más predispuesta a los lamentos que a los festejos y el malhumor generalizado amenaza con empañar el espíritu festivo y aún la inevitable reflexión a la que nos mueve este aniversario.
Nadie duda que la universidad está profundamente arraigada en el ser sanjuanino, tanto por su origen como por su proyección. Ligada de manera indisoluble a la necesidad de formar profesionales para un territorio árido, sísmico y periférico como es San Juan, la universidad supo encontrar su razón de ser en estas adversidades. Que no fueron tales, porque al transcurrir del tiempo, se convirtieron en aprendizajes y experiencias, que hoy se traducen en profesionales de alto nivel, centros de investigación mundialmente reconocidos y creaciones artísticas ampliamente valoradas por su calidad. Es como si la tremenda fisura de los terremotos, de la sequía y de la distancia a las grandes urbes se hubiera convertido, al decir del poeta, en “la hendija que deja entrar la luz”.
Hay otro dato que resulta indispensable para comprender este 50 aniversario. Es el hecho de que a partir del espacio universitario se abrieron muchas conversaciones que solo figuraban tímidamente en la agenda de sanjuaninas y sanjuaninos. La educación sexual integral, la perspectiva de género en todas las expresiones, el cupo laboral trans, la discapacidad vista desde la inclusión, la afirmación de la comunicación como un derecho humano, el reconocimiento de los pueblos originarios, la defensa inclaudicable de los derechos humanos y por supuesto, la inalterable lucha por la educación pública, gratuita, laica e inclusiva, son algunas de estas conversaciones.
A lo largo de esta semana, estamos compartiendo con alegría las colaciones de grado y posgrado de todas las unidades académicas. Los anuncios sobre nuevas carreras, con fundamento en las necesidades de la propia comunidad, avivan la esperanza de una universidad en sintonía con la comunidad que la sostiene, pero no pueden distraernos de la necesidad de revisar, mejorar y perfeccionar todo aquello que deba ser mejorado.
Para quienes (como yo) hemos transitado dos tercios de la vida en la universidad pública, para quienes nos sentimos parte de esta inmensa construcción colectiva, la celebración no es solo necesaria: es imprescindible. Con el espíritu de aquellos y aquellas que salieron a las calles a pedir por una universidad para San Juan, renovamos la pasión y la conciencia de educar, de comunicar, de vincular, de pensar y de creer en una universidad para todos y todas.
Ojalá, antes que termine el año, podamos abrazarnos en la calle con la comunidad que nos sostiene y a la que pertenecemos, en un gran festejo popular sin discursos y sin protocolo, pero con la alegría genuina de sentir propia a la Universidad Nacional de San Juan.