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Por Natalia Caballero
Cuando se abren las grandes puertas verdes de hierro, resplandece ante los ojos del visitante una joya arquitectónica. Se trata del edificio del Club Sirio Libanés, una obra de arte que se terminó de construir en 1959. Tres escalones separan la vereda de la calle Entre Ríos con la imponente construcción para la que se usaron mármoles de primera calidad de canteras sanjuaninas, mosaicos árabes traídos desde España y molduras hechas a mano.
Un arco imponente en el ingreso es el umbral de bienvenida para todo aquel que entre al Club. Ya adentro, se erige una estatua de una mujer semidesnuda, sobre la que no se tienen datos. Es imposible no observar con asombro la escultura de mármol, sus recovecos, la perfección con la que se talló el cabello y el vestido colmado de pliegues. En el recibidor también llama la atención una escalera de singular belleza, que conduce a la sala de juegos, a la cantina y distintos salones que son usados como depósito.
Al mirar hacia el costado izquierdo de la planta baja, se erige el Salón de las Columnas. En el amplio espacio las protagonistas obviamente son las doce columnas dispuestas en forma de rectángulo en cuyo centro se ubica una delicada lámpara. Blancos y cremas son los colores que predominan en la sala, en donde además hay muebles de roble tallados a mano y forrados en cuero. Una puerta separa el Salón de las Columnas del Salón de los Espejos. El lugar se usa actualmente como sede de reuniones. En él resaltan los tonos rojos del cuero de las sillas.
A la derecha del recibidor se encuentra el Salón de Actos, un espacio con escenarios y palcos con capacidad para 350 personas. El telón de terciopelo bordó luce intacto. Al prenderse la luz, resplandecen los palcos en cuya parte superior hay arcos mostachos de perfecta simetría. En la administración contaron que el lugar suele ser utilizado para reuniones de empresas de cosméticos y también para la realización de espectáculos artísticos.
La frutilla de la torta es el imponente patio trasero, en donde se destaca una fuente de jardín, cubierta totalmente con mosaicos árabes de diseño exquisito. Las columnas de los laterales son el marco ideal para complementar esta construcción, en la que hombres y mujeres disfrutan de un cigarrillo o de una copa en horas de la noche generalmente.
Ya en la planta alta se luce otro imponente espacio. Es el Salón de Juegos, allí se juntan los hombres del club a jugar principalmente casín, billar y pool. Las mesas de casín son únicas en la provincia, cuentan con un sistema de calefacción especial que permite que las barandas sean flexibles y que corra la bola con mayor fluidez. En la parte superior de la sala hay un espacio para jugar a las cartas, al dominó y al ajedrez. Las mesas están acondicionadas para que las cartas se desplacen perfectamente.
¿Cuál es el complemento ideal de una buena partida de casín? Obviamente que un trago. Por eso, para componer la dupla perfecta al lado del Salón de Juegos se encuentra la cantina. Las sillas son de madera antigua, talladas a mano, iguales a las que se lucen en la Giralda de Buenos Aires.
Aparte de los salones mencionados hay otras oficinas que se utilizan fundamentalmente como depósito. Cabe destacar que tiempo atrás también funcionaban en el Sirio Libanés una sala de baños turcos y un bowling, ambos cerraron porque los concesionarios se fueron.
Cinco mil cien metros cuadrados de exquisitez arquitectónica le dan vida a uno de los edificios más hermosos de la provincia, el único con influencias árabes que hace de la Capital sanjuanina un lugar más bello.
La historia
En 1919 se creó la Juventud Libanesa formada por un grupo de jóvenes con esa nacionalidad radicados en San Juan.
Poco después de su creación, la Juventud Libanesa compró un terreno con un local para que funcionara allí su sede social. En ese lugar, ubicado en la calle Entre Ríos la institución comenzó a organizar los primeros eventos.
En 1937, la Libanesa comenzó la remodelación y ampliación de su edificio. Apenas siete años después, el terremoto del ’44 destruyó la mayor parte de la construcción. Tras unirse con la comunidad siria, nació el Club Sirio Libanés que terminó de ponerse en pie como luce en la actualidad en 1959. Actualmente es Monumento Histórico Provincial.

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