Alberto Fernández, a pocas horas de regresar de Alemania, decidió tomarse un avión y visitar a Milagro Sala, la dirigente social presa en Jujuy.
Ni con dios ni con el diablo: Alberto, en Jujuy, no conformó a (casi) nadie
Sala está internada por una trombosis venosa en la pierna, en la Terapia Intensiva de un hospital jujeño, con policías en la puerta de la unidad médica, y una agente a su lado, exhibiendo el arma, que fotografía y graba todo lo que Sala hace y a quienes la visitan.
El Presidente llegó hasta el lugar acompañado de una comitiva integrada por la portavoz Presidencial, Gabriela Cerruti; el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla Corti; el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello; el asesor presidencial Ricardo Forster y el diputado nacional Eduardo Valdés.
Con su declaración, Fernández logró un hito. Las críticas cerraron la grieta, ya que todos tuvieron algo que recriminarle.
Por el lado de la oposición trinaron por lo que consideraron una presión a la Justicia del Presidente que reclamó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, “que se aboque al tema, porque ninguna sociedad funciona bien sin un estado de derecho que funcione adecuadamente y donde no se respeten los derechos humanos”.
A la justicia jujeña, le pidió que “por favor dejen de lado teorías y doctrinas que se difundieron en los años del gobierno anterior y que definitivamente contradicen la esencia del estado de derecho”. El gobernador de esa provincia, Gerardo Morales, tronó por la “falta de respeto a Jujuy que significó para él la visita presidencial. Además publicó en sus redes una carta abierta.
Pero también desde el grueso de su masa electoral llegaron las críticas para el Presidente, al que consideraron no solamente tibio, sino equivocado.
Por citar un ejemplo, cuando el consultor Artemio López, habitualmente con pertenencia crítica al Frente de Todos, intentó reivindicar la acción del Presidente en un tuit, le llovieron comentarios negativos de sus propios seguidores.
Fernández se presentó como “un hombre del Derecho”. Y un hombre del Derecho, desde la posición del fuego amigo, no puede hacer nada por liberar a Sala, pero sí un Presidente, la condición que pareció haber dejado de lado en su incursión jujeña.
Quienes aprobaron la visita presidencial fueron algunos dirigentes que tienen en la cabeza mantener la precaria unidad del espacio político y postearon en consecuencia,a contramano de lo que subrayó el grueso de la militancia, que se explayó en redes sociales.
Para los votantes del Frente de Todos, la prisión que sobrelleva desde hace casi 7 años Milagro Sala la convierte en una presa política, por lo tanto, es la política la que tiene que liberarla.
El reclamo ante el sistema judicial deja la sensación de que Fernández no considera la condición de presa política de la dirigenta.
Por otro lado, en su mensaje en ningún momento habló de Gerardo Morales, considerado por una buena parte del Frente de Todos como el orquestador de lo que el mandatario nacional llamó “un sistema de clara persecución”.