Cuatro horas antes de que empezara la última Fiesta del Sol, el 20 de noviembre, el viento Zonda se desperezó con fuerza y obligó a suspender la feria inaugural, aunque se pudo preservar el espectáculo musical en el estadio avanzada la noche. Con la Expo Minera convocada en el mismo lugar en la semana que pasó ocurrió lo mismo, pero a diferencia de la del sol no se prorrogó un día. En consecuencia, el aluvión de arena obligó a mantener puertas cerradas en la mitad de los 3 días que duró el gran evento.
Las perlitas de la feria: mala suerte climática, músculo de Orrego, desembarco karinista y algún desorden
Hizo horas extras la frenética rosca política. La moraleja de la foto que copó la parada. Un paraguas para la áspera disputa minera, que ya el lunes podrá reanudar hostilidades.
Capricho de la naturaleza, mala suerte. Nada que hacer. Pero desde antes de que se desatara el anunciado meteoro ya crujían algunas tablas apenas levantado el telón. Largas filas para entrar, excesivo celo en los controles, espera eterna en las acreditaciones y molestos protocolos para acceder a las zonas en las que se estaba jugando el partido. No sólo en la inauguración sino en el resto del evento, los accesos hicieron incluso desistir aún a los más entusiasmados.
Habrán sido los coletazos del repentino avance exponencial de la actividad, obtenido a fuerza de la evidencia de sus beneficios sobre la rueda económica, aún bajo los sopores de las últimas dos perlas celebradas por el sector: el RIGI y la reforma de Glaciares.
El decorado de un gran evento cuya envergadura reflejó la proyección de una actividad que ya no sólo amenaza sino que comienza a creerse su potencialidad de convertirse en un pistón central de la economía nacional. Pero que hubiera merecido un marco algo más profesional y relajado. Deberes para la próxima.
Funcionó la feria como un gran telón de formalidades, debajo del cual quedaron suspendidas por esos días los episodios más atractivos de los mano a mano informativos que se comieron la cancha las últimas semanas: las tensiones por la línea de 500 que mantiene a los dos gigantes del cobre sanjuanino a ambos lados de cuadrilátero, los resabios de los codazos en la Cámara Minera con funcionarios pasados a degüello, las oscilaciones de otros gigantes como Pachón sin deshacerse del lastre de eterna promesa y la nariz fruncida al rediseño de Gualcamayo bajo control del polifacético español JC Retamero. El bordado fino de la redacción de una ley de proveedores que no será ley de proveedores. El delirium misticista de conquistador del vecino Quintela, dispuesto a podrirla, ¿con ayudín? Todas esas, sagas que a partir del lunes quedarán habilitadas para reanudar hostilidades.
Al apagarse ahora la luz de la fiesta, vuelve el rico a su riqueza y vuelve el pobre a su pobreza, como canta el Nano Serrat. Quedará desde ese momento poco para recordar de las luces encandiladoras, sí de todo lo que haya pasado escondido atrás de los reflectores de la red carpet corporativa. De permanente tono de atractivo visual y palabras engoladas y poco negocio fuerte, visto desde afuera, pero de mucha operación relevante si se corre la pintura.
Sí, la certeza de que la minería está para entrar a las grandes ligas sin pedir permiso si se lo propone. Y el sabor que tal vez el mejor negocio fue la propia realización del evento, que la publicación sectorial Panorama Minero viene realizando desde hace 25 años con mérito sobrado, pero que ahora se ha convertido en una cita excluyente del sector gracias al respaldo público y podría incluir más capitales locales. Si es cierto eso de que San Juan se ha convertido en la capital indiscutible de la actividad.
Ese fue el tablero sobre el que se jugaron las fichas más pesadas: las políticas. Marcelo Orrego ejerció de local con determinación. Si lo que pretendió fue consolidar la condición de banca de San Juan a nivel político global, el resultado le sonrió. No quedan dudas de que San Juan será la Meca minera, como Neuquén lo será del gas. Ahora quede que le llegue la documentación a los factores de poder y éstos se acomoden al nuevo pentagrama.
Que una feria como ésta no sea un toco y me voy para corporaciones de afuera, ni siquiera para sus satélites cuyanos. Hay otros actores. O que las entidades de referencia necesiten dos vuelos diarios de Aerolíneas para operar. O que el secretario de Minería no sea sanjuanino y conozca el paño local, sin que ese resulte el único requisito (Alberto remember).
Tras ese cortinado se jugó el partido que importa. Orrego atrajo al terreno de juego a los colegas interesados, menos uno. Faltó el riojano Quintela, sin que quede claro si declinó el convite o directamente no fue incluido en la lista de invitados. No había clima para recibirlo con sonrisas, lo habrá percibido. Desde su reingreso a la escena de ribetes patoteros, jaqueando Vicuña con aires megalómanos que lo llevaron a pretender reescribir los límites provinciales. Un disparate que lamentará su provincia, fervientemente minera. En San Juan, nadie se puede sacar de la cabeza que el gesto populista del riojano dispuso de plataforma local, hasta llegar a los mamporros de cartas documento. Será por eso que no hubo dirigentes de gestiones anteriores presentes (¿les habrán mandado la tarjeta?) y el más peronista de los gobernadores presentes fue el cordobés Llaryora?
O el pilarense De Achával, lanzado a caballo de alguna encuesta que lo muestra al tope de los intendentes bonaerense y que para saltar al país profundo puso la firma en la curiosa entente post kirchnerista proclamada como federalista pero que comandan desde el AMBA Tolosa Paz y Olmos. En San Juan junta apoyo del lado del rawsino Munizaga, quien te dice.
Orrego mostró músculo en el evento. Atrajo a siete mandatarios provinciales, no todos estrictamente mineros y cada uno haciendo su juego. Pero siempre alrededor del escenario facilitado por el sanjuanino. Por caso, Llaryora seguramente habrá tenido motivaciones de avanzar en un service político al cordobesismo, aprovechando la presencia de Karina. También el mendocino Cornejo, concentrado en teñir de cuyano lo que es sanjuanino, y soñando con que el Jefe le permita competir con alfil propio por su propia sucesión frente al ultra de Petri.
Cada uno en la suya, orbitando sobre el campo de juego dispuesto por el sanjuanino. Hasta que jugó ella. Si, Karina. Recibida en San Juan con parafernalia de presidente. Pero como Trump o Putin, no cualquiera. Dispositivos de seguridad nunca vistos, cordones de acceso ultra celosos, calles cortadas por todos lados que no se hicieron querer demasiado, digamos, entre la gente de a pie que tenía que tomar un colectivo.
Karina llegó con el karinismo a pleno. Se subieron al avión los dos Menem más gravitantes del equipo, miembros de nota del team de la hermana presidencial. Martín, espada legislativa, y Lule, más acostumbrado al cortinado pero que en San Juan se dejó ver. También Santilli, nueva perla del firmamento karinista. Sólo faltó para hacer pleno el abogado Mahiques, pero se sabe que el ahora grativante ministro de Justicia estará en San Juan la semana próxima. Desembarco completo en una provincia, San Juan, que es reducto karinisma inconfundible. Como lo define la operación plenipotenciaria de José Peluc por estos pagos.
Toda una señal que la delegación de Milei a la perla floreciente de su esquema como es la minería haya sido definida por el ala política y no la económica. Vino Karina, no Caputo. Ni nadie relacionado con las áreas económicas, productivas o de finanzas. Desembarcó la política, de la mano de quien tiene la sartén por el mango y ejerce un mando sin discusiones. Ni de su hermano.
La foto de familia que se sacó con los gobernadores tiene mucho que decir en el terreno de armado político que hoy se discute. Que en la Rosada admite posturas diferentes. Está Toto, que según colegas porteños manda señales a la mesa política requiriendo soluciones en la diaria, que son a su juicio lo que hace ruido, como los episodios de Adorni, las peleas de Lemoine: “Yo hago todo bien”, insinúa. Y sugiere que la solución política a las inestabilidades financieras que hacen que no baje del todo la inflación o el riesgo país será cerrar con gobernadores y empresarios cercanos para dar señal de respaldo y no regalárselos al enemigo.
En el otro rincón, Karina sostiene que su creación, el partido LLA, debe presentar candidatos en todos lados como gesto de autoridad y que el que quiera se acople y al que no le guste que vea qué hace. Y es lo repite Peluc en San Juan.
Apareció en los últimos días otro solfeo. El de Patricia Bullrich. Que sin decirlo con palabras precisas, acaba de intimar a Adorni más allá de lo que hizo el propio presidente y con eso acaba de encender una llamita del postmileísmo en el medio de la escuadra oficial. Se verá cuánto dura.
En medio de todas esas ansiedades sueltas y a medida que se acerca la recta final es que se da esta foto de Karina con Orrego y sus colegas. El sanjuanino es un gobernador cercano, pero con vida propia y desprecio tajante a acoplarse desde atrás con nadie. Y con lazos con otras escuadras en irrupción. El propio Macri, por ejemplo, que por ahora sólo amaga. Por qué no una Bullrich lanzada, de acuerdo al sentido de los vientos de lo que pase con la economía y los casos de presunta corrupción.
Que Karina haya aceptado bajar al territorio a mostrarse en rol de articuladora política con los gobernadores puede ser interpretado como un síntoma de flexibilidad al dogma de únanse bajo mis condiciones. Los grises son sabios y devienen de la negociación, que algún día se deberá abordar. Dame, te doy.
En la foto de Orrego con Karina hubo buen clima. Gestos de calidez, nadie se mostró a disgusto. Habrá que ver si esa foto puede ser usada en campaña el año que viene. Puede fallar, diría Tusam.