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viernes 27 de marzo de 2026

Análisis

La audaz jugada de Sergio Uñac con el PJ nacional ¿tendrá réplica en San Juan?

Ante la incertidumbre general, el sanjuanino sacudió el tablero. En la provincia, quedará probablemente como beneficiario del nuevo sistema. Y flota la misma pregunta: ¿adelantarán los tiempos? El impacto en cada campamento.

Por Ignacio Mora

Hay al menos cuatro tribus visibles en el peronismo sanjuanino. La de Sergio Uñac, al comando de la conducción del partido aún con algunas quejas que se escuchan por lo bajo. La de José Luis Gioja, apostando a un pleno con Kicillof. La de Cristian Andino, jugando la propia sin disimulos. Y la del tándem popular Rawson-Chimbas (el eje Munisaga-Gramajo), esperando el descarte.

Deben entrar todos por el mismo aro en lo que queda del año para conservar vivo el sueño del regreso. Es decir, evitar fugas, calenturas con o sin sustento, mucho menos divisiones. Que es justamente lo que el gobierno provincial buscará alimentar, desde su encubierto desafío de alcanzar la paz sin enojos cuando deban encontrar un solo candidato entre todos. Y sin el auxilio de formulaciones electorales como las Paso o los Lemas, que les permitía pelearse en la misma pecera, en fecha convocada y financiada por el Estado. Esa virtual fecha Fifa parece que quedará sepultada por la reforma electoral que se viene en la provincia. Parece también que ocurrirá lo mismo a nivel nacional.

La misma estampida que se puede observar el talero peronista provincial, opera reloaded en el plano nacional. En lugar de estas cuatro tribus, cualquier observador atento podría enumerar una decena. Con una salvedad: en este caso es posible encolumnar en dos gruesas vertientes, que son las alineadas del centro a la izquierda e identificadas con el kirchnerismo (CFK, Kicillof, Grabois, tal vez Massa), y las de centro derecha con la flamante irrupción de Pichetto (también Moreno, figuras del ex duhaldismo como Monzó, algunos gobernadores, el sueño húmedo de acercar a Córdoba).

Y también está Sergio Uñac, que juega a ambos lados de ese tablero imaginario, se propone una especie de síntesis y acaba de dar el primer golpe de escena en esta mesa de ajedrez. Luego se verá si el verdadero juego del sanjuanino es por la presidencia o lo que busca es golpear arriba para pavimentar el camino de un regreso en su provincia. Pero no podrá negarse que se trató de una mezcla de audacia y creatividad, inspirado por aquel axioma del que pega primero.

Pidió adelantar la interna nacional en busca de la selección de un candidato con tiempo, sin esperar la previsible maniobra oficial de eliminar la Paso, que podría ofrecer una herramienta de decantación natural y que todo indica que no estará disponible.

El razonamiento de Uñac fue más allá aún. Imagina, no sin información, que la intención de Milei no se limitará solamente a quitarle el chupetín de la Paso al peronismo que le permita minimizar tensiones, sino que también buscará adelantar el turno electoral para presidente, para la primera mitad del año. Presunción que se olfatea si es que el gobierno nacional no consigue revertir la curva del malhumor por el mal momento económico.

Si eso fuera así, a la elección no le quedaría mucho más de un año. Y al inicio formal de hostilidades asociadas a una campaña de vida o muerte, seis meses. Por lo tanto, qué mejor que adelantar a octubre una interna abierta presidencial. Que, según se encargó de subrayar, lo tendrá a él en la grilla de partida. Pegó primero y encontró a todo el mundo desacomodado, a mitad de camino.

Se trató de una imaginativa tarea de darle un garrotazo a la colmena y, al menos transitoriamente, hacer aparecer su nombre en las marquesinas de la política nacional. Verá luego Uñac si tiene oxígeno político, como sí parece que dispone de espalda para solventar una campaña interna: al caballo ganador, siempre le aparecen los sponsors.

Ahora, hay algo sobre lo que aún no se pensó demasiado. O por lo menos, no se habló. Si se aplicara la misma lógica en San Juan que a nivel nacional, todos los mismos supuestos confluyen. El actual sistema será modificado dificultando la tarea de no pelearse entre peronistas (en lugar de sin Paso, sin Lemas). Y la elección podría ser adelantada, para no coincidir con las nacionales. Se habló de mayo, habrá un problema si Milei hace lo mismo. O habrá que adelantarlas más aún, es decir más cercana a la línea de tiempo de la actualidad.

En ese caso, a Uñac no le sería requerido salir a golpear la puerta con una propuesta sorprendente y audaz, sino que le alcanzaría con decidirlo. Es que Uñac ha quedado claramente favorecido en el mundillo peronista local por la decisión del gobierno provincial de eliminar la ley de Lemas (o Sipad). Vueltas de la vida, porque el Sipad fue instituido por el propio Uñac, a imagen y semejanza de sus aspiraciones.

Ahora vuelve a convenirle por una sencilla razón: que el ex gobernador y actual senador mantiene la sartén por el mango de la estructura partidaria. Sin lemas a la vista, todo debería definirse o en una interna –abierta o cerrada, casi que da la mismo- o por el dedazo del consejo del partido. En los dos escenarios puede verificarse un ascendiente notorio de Uñac, pese a que él no es presidente sino un lugarteniente suyo, el veinticinqueño Quiroga Moyano. Una muestra palpable de eso puede encontrarse en el anunciado apoyo de los diputados del PJ a la modificación impulsada por Orrego. Los que apoyarían son el grueso del bloque identificado con Uñac, ¿por qué lo haría?

Fácil deducción. De ese modo, conservaría el uñaquismo una posición irrefutable en el alumbramiento de un candidato peronista unificado: por consenso o por consenso, siempre entendiendo al consenso como la visión mayoritaria de los que deciden, es decir ellos mismos. En este caso, nada menos que sobre quien será el candidato a gobernador. No sólo eso sino todas las listas aguas abajo.

Todo dicho. Si hubiera interna, primero debería ser convocada por el uñaquismo y luego la misma estructura determinar si será abierta o cerrada. El antecedente a favor del uñaquismo es la goleada propinada al giojismo en un lance convocado en 2019 para conducción partidaria. Está bien que ahora Uñac no maneja la estructura pública, pero sí que controla el aparato movilizador.

Si fuera dedazo, el antecedente es más cercano. El año pasado, cuando Gioja echó sus cartas para ser diputado nacional y las eternas reuniones de consejeros no lo dejaron pasar. Seleccionaron a un hombre de las entrañas de Uñac, Cristian Andino, quien se calzó fácilmente la estola de candidato empujado por el senador y en detrimento de José Luis. Quien se quedó mascullando bronca en silencio por lo que entiende que debió ser y no fue. Y participando a la retranca en una campaña a la que asistió más como ornamento que como fortaleza.

Esas dos fortalezas de Uñac aún se mantienen. A cuentagotas administra el humor de diputados e intendentes, algunos más que otros pero ninguno se le retoba. Largan críticas por lo bajo, pero a la hora de la verdad parecen temer no ser tenidos en cuenta. Los que se separan tienen juego propio: Cabello, el calingastino.

Por lo tanto, Uñac podría decidir y no solicitar lo mismo que instigó a nivel nacional: convocar a una definición rápida en el tablero local, disponiendo él de la botonera. Si no lo hace, tal vez pueda alimentar la hipótesis de pensar que lo que busca es ir por la vuelta en San Juan: no podría ser una definición simultánea para él que la definición nacional.

A su alrededor, todos dudan si salirle al ruedo. El giojismo decidió hacerlo en baja intensidad: salió Facundo Perrone a recordar que ellos tienen tomada la posta con Kicillof, vía el giojista Juampi Gómez sentado en la mesa nacional. Pero a tono con los nuevos modales de no pelearse en público, no cuestionó la aparición de Uñac a copar la parada.

Para Andino no deja de ser complicado deshacerse de los lazos flagrantes que lo vinculan a Uñac. Sabe en el fondo que la confianza de la mesa chica uñaquista ya la perdió, de tanto cortarse solo en cuanta chance de lucimiento personal le aparezca. Ferias, fiestas departamentales, reuniones de todo tipo lo tienen de fija con su sonrisa pintada.

No disimula lo que busca: disputar una silla que, nadie lo duda, Uñac querrá para sí o para alguien de su entera confianza. Que no es Andino. Un auténtico deja vu de hace dos años, cuando la guardia pretoriana de Uñac insistió y convenció sobre la hora al líder para no ceder el testimonio en manos de Cristian e intentar conservarlo por vía del hermano Rubén. Podía fallar y falló.

Del lado de la entente Munisaga-Gramajo, parece haber vías de contacto y otras de distancia. Al rawsino le interesa ser tenido en cuenta, pero hoy no aparece en los radares con chances personales. Al menos, hoy. Sonrió cuando en Paren se le preguntó al respecto. Y subrayó el hoy. Le conviene que el candidato que resulte alguien que pierda, para conservar apetito al turno siguiente, sería 2031. Imposible decirlo. Hasta se permitió llamar al orden a su coequiper chimbero en su peligroso lance interno con su ex esposa Daniela Rodríguez.

Gramajo comparte con él la sensación de que ambos conducen los departamentos más numerosos de la provincia en manos peronistas. No sólo deberían ser tenidos en cuenta, son la llave entre ganar o perder. Eso piensan, con mucha lógica. A diferencia del rawsino, a Gramajo sí le gustaría ver su nombre en un sitio de relieve ahora mismo. Es su pasaporte entre la vigencia y el olvido. Para seguirle el trazo, un dato ineludible: está acostumbrado a definirse en la última curva. Deberá tener la muñeca de Colapinto.

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