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jueves 14 de mayo de 2026

deuda externa

Movió Cristina: qué cambia el proyecto contra los evasores fiscales

Senadores peronistas ingresaron un proyecto de ley al Parlamento que tiene un antecedente directo en un mensaje de la vicepresidenta.
Por Guido Berrini

El 10 de diciembre de 2021, en Plaza de mayo, el Frente de Todos realizó la celebración de los dos años de gobierno, y del Día de la Democracia, en una de las primeras manifestaciones multitudinarias desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, allá por marzo del 2020.

El festejo tuvo liturgia eminentemente kirchnerista, con la presencia de Lula Da Silva, ya liberado por la misma justicia brasilera que lo había perseguido hasta llevarlo a la cárcel posibilitando el triunfo de Jair Bolsonaro; y el “viejo sabio” de Latinoamérica, José Pepe Mujica, ex presidente del Uruguay.

Esa imagen latinoamericanista removió sentimientos de los asistentes que recordaban los tiempos en los que Néstor Kirchner compartía fotos y proyectos con Hugo Chávez, el mismo Lula, Mujica o Tabaré, Evo Morales, y Rafael Correa.

En ese marco, Cristina Kirchner (ya navegando en el mar de rumores de fracturas y enfrentamientos dentro de la alianza oficialista), descolocó al Presidente con un mensaje fuera del protocolo: “A la Argentina no le faltan dólares, los dólares de la Argentina se los llevaron afuera. Necesitamos que el FMI nos ayude a recuperar de los paraísos fiscales a dónde se han ido miles y millones de dólares en evasión para que les paguemos. Presidente, comprométase a que cada dólar que encuentre en el exterior se lo vamos a dar primero al Fondo, de los que se la fugaron, de los se la llevaron sin pagar impuestos. Que sea un puente de negociación con el Fondo” (minuto 23 del video)

Pañuelo al aire, guante al suelo, proyecto o chicana, el presidente solo respondió con un par de “tranquila Cristina”, seguidos de promesas de recomposición salarial y el mejor acuerdo posible con el FMI.

El tiempo pasó. Al pañuelo se lo llevó el temporal. El guante quedó juntando tierra en el piso. La recomposición salarial no llegó, y Alberto Fernández sólo avanzó con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que terminó de dinamitar el frágil equilibrio interno, y que el kirchnerismo no avaló ni en gestos ni en votos en el Parlamento.

Ayer, el senador Oscar Parrilli, en nombre del pleno senatorial del Frente de Todos, tradujo en proyecto de ley aquel párrafo del mensaje vicepresidencial.

Por la ley, que tiene salida afirmativa asegurada en la Cámara alta, y victoria o derrota ajustada en Diputados, se creará lo que llamaron un “Fondo para el fondo”. Este es un fideicomiso donde se depositarán, al sólo efecto de pagar la deuda con el organismo internacional, los dólares que se podrían conseguir de la recaudación sobre bienes no declarados de argentinos en el exterior, verbigracia, de los que los evasores fugaron de la Argentina.

Sin entrar en consideraciones técnicas cabe recalcar que, de lograrse el objetivo de máxima, el Estado recaudaría en 1 año 70.000 millones de dólares, casi el doble de lo que Mauricio Macri recibió del FMI en 2018, gran parte de lo cual integra esos “activos” formados allende las fronteras nacionales.

Es la política y la economía, Alberto

La iniciativa de los senadores oficialistas se puede abordar desde distintas dimensiones.

Desde la económica es incontrovertible: el éxito significaría, ahora sí, sacarnos, como señaló el Presidente días atrás y en referencia al acuerdo con el FMI, “la correa del cuello”.

Pero sobre la que conviene profundizar es sobre la cuestión política.

La aprobación y puesta en marcha exitosa de la iniciativa podría significar una victoria aplastante del Gobierno, que lo colocaría en carrera para el 2023, reconquistando el corazón de los que lo apoyaron excediendo los límites de la “realidad efectiva”. Ese grupo representa más, incluso, que los 4 millones de votos perdidos en las elecciones de medio término de 2021 con respecto a las presidenciales del 2019.

Pero una derrota del proyecto, si no es suficientemente trabajado por el Ejecutivo, se convertiría en un nuevo Vicentín que terminaría definitivamente con el apoyo del grupo más importante del oficialismo, que no está en el albertismo, sino en los que votaron en 2019 por un modelo con “otros modales”, parafraseando al mismo mandatario.

La ley, además, de ser aprobada, modificaría la ley de Entidades Financieras. esta norma fue sancionada por la dictadura el 14 de febrero de 1977 y comenzó a ser aplicada en junio de ese mismo año. Fue el eje central de una reforma financiera que incluyó además la descentralización de los depósitos y a liberalización de las tasas de interés.

Lo que cambiaría ahora tendría relación con salvar a entidades financieras del secreto bancario, también dispuesto en la Ley de Entidades Financieras, que había sido dispuesto ante el creciente modus operandi de secuestros express. Con la norma se buscaba, decían, evitar que los delincuentes conocieran el patrimonio de las personas que serían pasibles de un secuestro.

En realidad el fin último de Martínez de Hoz era proteger a los evasores para que pudieran fugar y ocultar patrimonios.

La narrativa de la relación de fuerzas se diluye al recordar la experiencia macrista. El ex presidente, en 48 horas, terminó con las retenciones, derogó la ley de medios, e introdujo por la banderola, a fuerza de decreto, a dos jueces en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Y había ganado las elecciones por un poco más de un punto, en ballotage. De hecho, con el apoyo de gran parte del peronismo (sindicatos, gobernadores, organizaciones sociales), gestionó sin problemas en el Parlamento hasta bien entrados los dos años de gobierno.

Alberto Fernández tuvo 3 meses tras su triunfo contundente en primera vuelta en 2019, antes de la pandemia, con el favor de las mayorías. Para algunos dirigentes del kirchnerismo, “ese era el momento de tomar una medida de estas”.

En esta dimensión, la política, es interesante analizar también adónde pone esta jugada política con marca de fuego K a la oposición. Esta vez no se va ni contra los ricos (bono solidario), ni contra sectores productivos como el campo (retenciones). La medida apunta al corazón de la evasión fiscal, que bombea por obra y gracia de delincuentes poco más que comunes.

Tremenda pirueta retórica deberá hacer la oposición para oponerse a un proyecto semejante. Se puede esperar algo así de los libertarios que, jugados a ser todo o desaparecer, han hecho de la incorrección política y el desparpajo un modo de hacer política. Lo mismo corre para algunos duros del PRO. Por ejemplo, Patricia Bullrich tiró la pelota afuera al declarar sobre el tema que “más fácil sería que devuelvan lo que se robaron”, una referencia muy atractiva para las multitudes de indignación precoz, pero que no aporta a la discusión del proyecto.

Quiénes estarán en un lugar más difícil para justificar su negativa serán los dirigentes del partido de Alem e Irigoyen. El radicalismo, que de la mano de su conductor nacional Gerardo Morales viene despegándose, cuanto puede sin causar destrozos, del macrismo sunnita, está en la encrucijada de quedar pegado a la extrema derecha económica nacional (de la que ha abjurado, aunque sin sacar los pies del plato), y sostener un proyecto que puede convertirse en la argamasa con la que el Frente de Todos puede reconstruirse, y relanzarse como fuerza política con chance de reelegir en 2023.

Un pase gol

El mismo día de la presentación del proyecto, Cristina Kirchner recibió en su oficina de Senado al flamante embajador norteamericano Marc Stanley. Entre los temas que destacó en la agenda, CFK remarcó el "lavado" de dinero. La foto viene a eximir de contenido "ideológico", ese tópico tan castigado, a la iniciativa legislativa si no se desconoce que, países más o menos, el FMI baila al ritmo que toca Washington. 

La jugada llevó a un dirigente del kirchnerismo a resumir las últimas horas con una frase bien futbolera: “Cristina le puso la pelota en la frente a Alberto, él sólo le tiene que acertar el arco, y es gol”.

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