El último trabajo de la encuestadora Analogías marcó una sensible caída de la imagen presidencial, y una creciente intención popular de responsabilizar al gobierno, mayoritariamente, de los males que sufre el país.
Encuestas: ¿A quién aman los que odian a Cristina?
La imagen de Alberto Fernández marcó un último guarismo negativo del 52%.
Sumando los resultados de este estudio a otros que circulan en los medios y las redes se pueden sacar otras conclusiones, que motivaron acciones políticas del oficialismo.
Del 52% que se manifiesta contra el presidente Fernández, dos tercios se considera oposición dura: sus referentes son Patricia Bullrich, Waldo Wolff o Fernando Iglesias, los dirigentes macristas más verborrágicos y duros con la figura de la Vicepresidenta. Todos bajo la conducción de Mauricio Macri. Parafreseando a Doña Petrona, podríamos decir que “la grieta está servida”.
Detrás de esta disconformidad contra la figura de Fernández, las diatribas van dirigidas a Cristina Fernández de Kirchner, dirigente que quienes se encuentran en este espacio porcentual consideran el poder detrás del trono, y al Presidente simplemente un "títere".
Es menor la identificación de estos sectores con otros grupos del macrismo, conducidos por Horacio rodríguez Larreta o María Eugenia Vidal, a quienes consideran “tibios”.
A Larreta se le reprochan aún las conferencias de prensa conjuntas con el Presidente, en las que Fernández llegó a llamarlo “mi amigo Horacio”.
A Vidal le critican haber dejado de ser “orgullosamente bonaerense”, como rezaba el perfil en que ya corrigió en redes sociales quitando la frase, y haber sido intransigente en su deseo de competir por una diputación nacional por Capital Federal, truncando las chances de Patricia Bullrich, la candidata natural de los “duros amarillos” que, si no es Macri, la sueñan presidenta en 2023.
A Vidal le reprochan no haberse inmolado en una candidatura en provincia de Buenos Aires, donde la esperaba una segura derrota otra vez por cerca de 15 puntos contra los candidatos del Frente de Todos. Dos derrotas consecutivas la dejarían como una especie de Filmus de la oposición, una eterna perdedora de comicios.
Y Vidal, no lo oculta, tiene sueños presidenciales, por lo que necesita ensanchar sus espaldas con alguna victoria contundente. Se especula que en CABA podría triunfar con más del 50%. Claro que esta postulación debería esperar más allá del 2023, donde el espacio tiene preparado el lanzamiento del actual jefe de gobierno porteño. La “leona”, seguramente, iría por la alcaldía de Buenos Aires dentro de dos años (¿con Lousteau de vicejefe?) hasta que llegue su momento de jugar a nivel nacional.
El oficialismo, que sigue las encuestas como cualquier espacio político, aunque lo niegue o les baje el precio, está al tanto de esta división, y trabaja para fomentar el cisma opositor.
Personajes de los dos espacios dejaron trascender reuniones, asados incluso, entre Máximo Kirchner y sus allegados con gente de María Eugenia Vidal.
Fuentes cercanas al instituto Patria declararon que “confundir a Larreta y Vidal con Macri y Bullrich es negar la política. Con algunos te tenés que sentar a jugar aunque te mientan, y con otros no se puede”.
Cristina Kirchner también, en su última aparición, hizo un fuerte llamado a la oposición a dejar de lado las altisonancias discursivas y construir “dentro de los límites de la democracia”. Este mensaje no estaba destinado al macrismo puro, sino al larretismo.