Que a los números hay que mirarlos envueltos en su contexto, la parábola de Pepe Camacho en esta elección es una evidente manera de demostrarlo.
Camacho, un soldado para otra guerra
Como postulante a senador obtuvo 10.772 votos, el 2,69% del total provincial, lo que a cualquiera puede hace incurrir en error si deduce que se trata de una margen escaso. Porque el chimbero montó una campaña de muy bajo perfil en la Paso, escaso de recursos y de apariciones, al punto incluso de haber sido imperceptible para el gran público. Y aun así consiguió estacionar a su Movicom a milímetros de otras candidaturas que fatigaron la vía pública, o por encima de otros con largas tradiciones políticas como la izquierda.
De esos más 10.700 votos en todo San Juan, 3.600 fueron cosechados en su Chimbas, donde fue intendente dos veces y la gente –a la vista está- lo sigue valorando-. Al punto que se ubicó tercero, con más de 1.000 votos de distancia sobre Mauricio Ibarra. Y no le fue mal en Rawson, donde arribó en el cuarto puesto con más de 1.500 votos. O en Jáchal, donde también fue cuarto con más del 4%. Y ni qué hablar de Valle Fértil, donde también llegó tercero superando a Ibarra con más del 5% de los votos y ni siquiera mandó a fiscalizar.
Por eso fue la gran sorpresa de la elección Paso en el turno de agosto, espantando pronósticos de que no superaría el corte del 1,5% mínimo que establece la ley para seguir en competencia en octubre. Lo hizo holgadamente por más de un punto porcentual. Sus 10.770 votos se quedaron al lado de los 11.204 de Martín Turcumán, el cuarto de la contienda general, quien se hizo sentir generosamente en la campaña. Y fueron más que los de los socialistas encabezados por Benjamín Kuchen –quien sacó 9.368 votos-, la Nueva Izquierda con 6.507 y la Opción por una Izquierda Socialista, que sacó 5.956 y por milímetros se quedó afuera con el 1,48% de los votos.
Está visto, Camacho traduce buena parte de su capital político en su terruño chimbero, ante el buen recuerdo que dejó su apellido en la gestión. Pero también quedó claro que no se trató de un partido vecinal. Quienes pudieron verlo en campaña le valoraron su paladar negro kirchnerista, un flujo electoral que aún en San Juan nadie podría despreciar porque aparece en dosis diluidas en otras opciones políticas.
Al fin y al cabo, así nació a la política Camacho. Por vía de su hermano Paco, quien vivió en Santa Cruz y conoció a los Kirchner, se relacionó políticamente cuando era intendente chimbero y nadie daba dos pesos por el matrimonio que luego llegaría al poder. Los trajo por primera vez a un recordado acto de campaña en el club Del Bono cuando Néstor aún estaba lejos de cerrar un acuerdo con Duhalde, y por consiguiente el PJ orgánico navegaba por otras aguas.
Insistió con los santacruceños desde el llano, como una aventura. Y cuando los Kirchner coronaron, no sería un exceso señalar que se olvidaron de su apoyo iniciático en San Juan, el pepe Camacho de Chimbas. Con Néstor presidente, la suma de la gestualidad se inclinó hacia el lado del entonces gobernador José Luis Gioja, mientras que a Camacho no le quedaba otra que patear las puertas para ser escuchado. Mientras montaba el Movicom, su creación política, y lo puso al servicio de Roberto Basualdo para que hiciera sus primeras incursiones como postulante a gobernador enfrentando a Gioja.
Pero siempre, aún a la distancia y pese a los desaires, siguió proclamándose como un alfil de los K sin ser retribuido. Hasta en las últimas Paso, que colocó una foto de Néstor en su voto porque Dignidad Ciudadana le planteó riña por el uso del nombre, que sonaría similar a la Unión Ciudadana de CFK y la justicia electoral le dio la razón.
No tiene un vínculo político con los K de nivel nacional, ni siquiera ha podido dialogar con Cristina luego de aquellos inicios de ruta compartido. Pero él siguió tributando a su idea de manera enérgica. Y en ese rol, apareció en los radares haciendo ruido durante el armado de las Paso: se especuló hasta el final que podría ocurrir un desembarco kirchnerista usando su herramienta partidaria, con el concurso incluso de Ruperto Godoy, para competir contra la fórmula del PJ local diseñada por Uñac.
Su Movicom hubiera sido útil para hacerlo por afuera del PJ, como ensayó la propia CFK en Buenos Aires, dejando a Randazzo con el sello partidario. Y si no ocurrió fue en parte porque no existen vínculos políticos entre la UC de Cristina y el Movicom de Camacho, más que la lucha por una misma idea y la intermediación del senador.
Ahora se le abría a Camacho una chance de redoblar la apuesta, pero se quedó sin nafta. Fundió biela en manos de un sistema que no permite las incursiones vocacionales y a la deriva como la suya. Una campaña es cara, dos campañas significa literalmente el doble. Más en su caso, que debe confrontar con grandes estructuras políticas sin conocer de antemano los recursos con los que contará y con el lastre de algunas cuentas impagas del primer turno.
Prefirió entonces estacionar en boxes y dejar pasar el turno. Sin que eso signifique ni renunciar a sus convicciones, como podrá notarse cada vez que le toca un micrófono y embiste de frente contra el gobierno de Macri, ni a su carrera política que promete reanudar en 2019. Cuando, hace cálculos, vuelva a polarizarse el escenario entre Macri y CFK: si eso verdaderamente ocurre, podrá tener un punto a favor.
Se desata mientras tanto una silenciosa compulsa por los votos que quedan sin destino con el alejamiento de Camacho del turno electoral. Sentenciarlo aparece como un ejercicio de ciencia ficción, aunque puede afirmarse una primera conclusión surgida de la lógica: no se puede concluir adónde irán, pero sí donde seguramente no irán. La furia descargada por Camacho hacia la gestión nacional hace meridianamente imposible suponer que hubiera entre quienes los votaron algún simpatizante del Presidente.
Nadie es dueño de sus votos, y aun así Camacho proclamara su decisión de acompañar a alguien y dirigir ese tránsito –a lo Perón-Frondizi- seguramente fracasaría en estos tiempos que corren. Si bien esos votantes pueden sentirse mejor atraídos por la variante peronista, o en menor medida los socialistas. Habrá que esperar a ver quién se los gana y abstenerse de valoraciones terminantes.