El que gana conduce y el que pierde... pega un portazo y abre rancho aparte. Así funcionaron las cosas en el Partido Bloquista los últimos 15 años, cuando la fuerza cantonista se dividió en función de sus afinidades con otros sectores políticos: justicialismo, radicalismo, basualdismo, macrismo y más.
Los entretelones de un centenario bloquista caliente
Las cosas parecen distintas rumbo a 2018. En el año del centenario de la institución, toca renovar autoridades. A diferencia de ocasiones anteriores, la fricción está dada dentro del oficialismo partidario. Ninguno quiere una sangría. Pero tampoco está dispuesto a abortar las aspiraciones antes de tiempo.
Aquella modalidad de la ruptura y fuga a otros espacios no cabría entre las dos polaridades que empiezan a pugnar puertas adentro del partido de la estrella: Graciela Caselles y Luis Rueda. Básicamente, son dos dirigentes del mismo espacio, que comparten en buena medida la misma tropa. Aunque cada uno presenta sus matices.
La diputada nacional tiene más experiencia e historia. Tiene su propio centro de trabajo social en la Fundación Javier Caselles y una plataforma de colaboradores forjada a lo largo de los años. El dirigente pocitano juega la carta de la renovación y, en consecuencia, la reconciliación con referentes que se fueron enojados y que ahora considerarían volver.
La diputada nacional fue la primera mujer que llegó a la presidencia del partido fundado por “los machos Cantoni”. Le tocó asumir en un momento de desguace. El partido venía de caer derrotado en las elecciones de 2003 cuando el candidato a gobernador había sido Wbaldino Acosta. En 2007 Enrique Conti rechazó ir por la reelección en la Intendencia de la Capital y se recluyó por un tiempo. Y Edgardo Sancassani, quien había quedado al frente del Comité Central, dimitió en 2009. Fue cuando tomó la posta la caucetera hermana de Javier.
Los jóvenes que hoy alientan a Rueda a tomar la posta, le reconocen a Caselles haberles abierto las puertas para producir el recambio generacional en los comités departamentales e incluso en los órganos de conducción a nivel central. Ahora quieren ir por más.
Graciela transita su cuarto mandato consecutivo como presidenta y tiene intenciones de repetir por última vez, en el periodo 2018-2020. Será un momento clave, porque en 2019 habrá nuevamente elecciones generales con renovación de prácticamente todos los cargos de gobierno, incluida la banca que hoy ocupa la bloquista en la Cámara de Diputados de Nación.
Caselles tiene una estrecha relación política con Sergio Uñac. Su voto en la Cámara Baja ha sido incondicional con el pocitano. Pero Rueda también tiene una cercanía indiscutible con el gobernador, oriundos ambos del departamento sureño. Trabaja con Sergio desde su época de intendente. Hoy tiene despacho a un par de puertas de la secretaría privada. Coordina agenda y atiende gente. Su candidatura a diputado nacional en tercer término este año, en el Frente Todos, fue la materialización de esta proximidad.
Claro que Uñac no actuó a espaldas del partido de calle Mitre. No puso a su subsecretario en la lista y después se lo notificó a su partido. Caselles y la plana mayor llevó la propuesta de Rueda, quien previamente se había impuesto por consenso como presidente de la Convención Bloquista, el órgano más federal, con representación de cada distrito.
Es el bloquismo de los bloquistas. De los que no se fueron ni tienen intenciones de irse, sino de manejar el partido desde la histórica sede que ocupó Don Leopoldo. ¿Qué pasó? Simple: un grupo de jóvenes empezó a empujar para hacer el recambio generacional. Rueda es el emergente, pero no el impulsor. Detrás suyo aparecen como bastoneros de campaña el diputado chimbero Andrés Chanampa y el director de Protección Civil, Alfredo Nardi.
Rueda les ha pedido a ambos que bajen el tono, porque su repentino clamor a fin de año provocó ruidos internos. El presidente de la Convención tuvo que aclarar las cosas con la presidenta del Comité Central, a solas. Se dijeron lo que se tenían que decir. Si algo acordaron es que ninguno está dispuesto a una colisión frontal que termine en una carnicería. Y en nuevas heridas irreconciliables en la militancia.
Pero ni Chanampa ni Nardi aflojaron. Sin hablar en contra de Caselles, cada vez que tienen un micrófono por delante hablan de la necesidad de un cambio, siempre conservando la diputada nacional en los cuadros de conducción, pero con Rueda sentado en el sillón de presidente.
Aunque el asunto cobró notoriedad pública a fin de año, lo cierto es que ya se venía cocinando en plena campaña por las legislativas. A eso en buena medida obedeció la simbólica foto que publicó en su perfil oficial de Facebook el gobernador el 14 de octubre: en su despacho privado, junto a Graciela. El texto indicaba que estaban coordinando las actividades proselitistas. Pero fuentes calificadas revelaron que el sentido final de esa imagen era plasmar el respaldo del mandatario a la diputada nacional en la incipiente pulseada con Rueda.
Otra fuente indicó que Uñac también habló con Rueda. Que el joven bloquista le describió el escenario y la intención de un grupo de dirigentes, pero que él no estaba dispuesto a un combate sin cuartel. La síntesis de la conversación fue que el pocitano no se subía a la interna, pero tampoco se bajaba. El tiempo irá acomodando las cosas.
Hay un factor más que podría inclinar la balanza en la resolución de la tensión rumbo al centenario. Y es, curiosamente, la edad. Rueda apenas tiene 36 años. Esperar dos años más para asumir en la cúspide de la pirámide, no altera en absoluto su camino. Y podría ser la prenda de unidad con Graciela, a quien también necesitan adentro.