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martes 28 de abril de 2026

Escándalo de las expropiaciones

Exclusivo: Las pruebas de cómo adulteraron un expediente clave en el juzgado de Macchi

Esto permitió fijar más de $1.500 millones por el Parque de Mayo, sacándose del medio al Tribunal de Tasaciones con una “raspadita” sobre la fecha. Lo confirmó esta semana una pericia clave. Exclusivo, todas las pruebas. Por Sebastián Saharrea.
Por Redacción Tiempo de San Juan

No es lo mismo computar intereses de 90 años sobre $5.462.393 que sobre $14.940.240. Pues bien, la primera suma es lo que fijó el Tribunal de Tasaciones para las 5 hectáreas del Parque de Mayo que reclamó la familia Lobbe por medio de su abogado Santiago Graffigna, y la segunda es lo que fijó el perito del propio Graffigna por la misma extensión. El asunto es que con una maniobra dentro del juzgado confirmada esta semana por una pericia en una firma se sacaron de encima al tribunal y el juez Macchi tomó como válida al cálculo del abogado. Con lo que el fallo del valor más intereses llegó a cifras de bancarrota para el tesoro provincial: más de $1.500 millones.
La pericia que confirmó la burda maniobra se conoció ahora y se realizó sobre una firma del juez Pagés en el expediente y una tachadura sobre una fecha clave. Resulta que Pagés había reemplazado a Macchi y firmó una providencia aceptando un pedido de postergación de plazos pedido por el tribunal. Graffigna lo cuestionó, pero con un error: lo hizo cuando los plazos legales estaban vencidos.
Pero eso, la solución que alguien encontró fue tachar la fecha original que era el 31 de mayo del 2006 y colocar el 2 de junio, cosa que el rechazo de Graffigna presentado el 9 de junio –dentro de los 5 días hábiles legales- pudiera correr. Entonces, agregaron que “S/R (es decir, sobre raspado) vale 2 de junio” y lo hicieron pasar como que lo había hecho el propio Pagés, que es lo que hubiera correspondido legalmente.
La corrección de la fecha no es un dato menor, sino la madre del borrego de todo este escándalo. Porque esa tachadura permitió convalidar un reclamo que de otra manera hubiera quedado invalidada por el error en las fechas que cometió Graffigna. Y haber “legalizado” el pedido de Graffigna –es técnicamente un recurso de reposición- es lo que permitió al  juez Carlos Macchi agarrarse de allí, darle la razón a Graffigna en que no correspondía suspenderle los plazos al tribunal, y sacarse de taquito su tasación que era mucho más moderada que la del propio Graffigna, que fue la que finalmente corrió.
La dudas sobre este pase de magia en el juzgado de Macchi se aclararon durante al jury al juez, y podrán tener secuelas en la investigación penal porque se trata de una seria irregularidad. Doblemente grave, teniendo en cuenta es que la única manera en que no se hubiera producido dentro del juzgado de macchi es que alguien se hubiera robado el expediente.
Lo que se pidió es una pericia caligráfica para que se estableciera científicamente si el expediente había sido adulterado y si la letra manuscrita que figura es la del propio juez. Y para saber si fue adulterado o no, hubo una zona clave del expediente: está la firma del juez subrogante Roberto Pagés superpuesta con la palabra “de” de la añadidura donde dice 2 de junio. Entonces, el trabajo del perito fue establecer cuál de esas escrituras fue primero: si la firma o el agregado.
Y de allí fue de donde surgió la certeza, porque el perito –Aníbal Federico Baca, jefe de la Policía Científica de Gendarmería- estableció que la palabra “de” fue escrita con posterioridad a la firma. Dice que en la dispersión de la tinta del trazo de la palabra “de” dentro del trazo de la firma puede notarse que la tinta colocada en segundo término se deposita sobre un sector ya entintado. Llega a esta conclusión entendiendo que el papel en esa zona no tiene la misma capacidad de absorción que una zona libre. Por eso, la dispersión del trazo colocado último aparece ensanchado.
Conclusión terminante, entonces: la “raspadita” fue posterior a la firma de Pagés, y por lo tanto resultó adulterada la fecha clave. Por manos anónimas hasta ahora, pero con el claro objetivo de que dejar afuera el recurso de Graffigna del que se agarró luego Macchi para sacar de la cancha a una tasación mucho menos onerosa.
La misma pericia confirma científicamente lo que ya se podía observar a simple vista, sin necesidad de ampliar la imagen. A simple trasluz se veía que la fecha original era el 31 de mayo, corregida a 2 de junio. El trabajo también revisó el patrón del manuscrito de Carlos Macchi para establecer si la “raspadita” fue obra del juez enjuiciado: la respuesta fue no, por lo tanto ahora la justicia deberá averiguar quién cometió esta tremenda irregularidad. Entre los que pudieron haber metido mano, no se descarta incluso al propio Graffigna, quien como dijo el propio Carlos Macchi en la recordada entrevista con Tiempo de San Juan “entraba y salía” de su juzgado.
Ahora, el fiscal Eduardo Mallea pidió que la misma pericia caligráfica que se le hizo a Macchi le sea realizada a todo el personal de Quinto Juzgado que trabajó en esos momentos, para determinar el autor. Lo que derivará en un pase a un juzgado penal en turno para que investigación, y seguramente podrá decantar en una nueva imputación para Graffigna y para el propio Macchi.
 En lo que el estudio no deja lugar a dudas en lo siguiente: “Las determinaciones técnicas detalladas demuestran que el texto “s/r” “2 de junio de” fue puesto con posterioridad a la firma. ¿Puede eso haber sido ajustado al proceso legal? De ninguna manera, porque esa adulteración del expediente no aparece con el aval del juez interviniente, sino por el contrario, intentó hacerse pasar de manera disimulada como que la corrección la había realizado el propio juez subrogante Pagés.
También al perito Baca se le pidió algún dato que permitiera determinar si las fojas 326 bis –a la que se retrotrajo el juez Macchi para denegar el pedido de suspensión de términos del tribunal” fue agregada con posterioridad al expediente, lo que hubiera constituido otra irregularidad. El perito concluyó que el número de foliatura “326 bis” fue realizado por el mismo manuscribiente que foliara las fojas 327, 328, 33, 334 y 339. Es decir que si fue agregado de manera subrepticia, también se encargaron de refoliar las fojas vecinas.
La contundencia de la pericia es reveladora respecto de la maniobra. Mediante esta adulteración en las fechas se le permitió que “entrara” el reclamo de Graffigna empleado por el juez para sacar de circulación la tasación menos conveniente para los intereses del abogado detenido. Se conoce quién fue su beneficiario, ahora falta saber quién fue el autor.

 

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