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martes 28 de abril de 2026

40 años del golpe a allende

Los 100 chilenos que pidieron democracia desde San Juan

Hoy se cumplen 40 años del golpe que derrocó al presidente Allende. Muchos perseguidos políticos y proscriptos se refugiaron en San Juan. Un puñado se atrevió a reclamar desde estas tierras. Esta es su historia. Por Daniel Tejada
Por Redacción Tiempo de San Juan


Canal 13 San Juan

Sin datos exactos, se estima que más de 5.000 chilenos viven en San Juan actualmente. Pero fueron muchos más entre los años ’70 y ’80, cuando la dictadura de Augusto Pinochet los persiguió y los proscribió a muchos de ellos. Sólo un grupo minúsculo se atrevió a reclamar por el regreso de la democracia en su patria, en movilizaciones organizadas en la Plaza 25 de Mayo. Algunos regresaron a su país en los ’90, cuando terminó el terror. Otros decidieron quedarse para siempre.
Este es el caso de Jorge Mena Puebla (65) y Ana Muñoz (66), un matrimonio oriundo de Valparaíso, que echó raíces en San Juan en 1976, casi tres años después del derrocamiento de Allende, cuando se hizo insostenible la vida para ellos en su propio hogar.
Jorge y Ana trajeron consigo dos hijos y una tercera en camino, que nació en San Juan. Llegaron sin nada. Aprendieron a vivir con prudencia, aún afectados por el golpe en Chile y el comienzo de la dictadura argentina.
Este contexto hizo desvanecer en el tiempo el registro de los chilenos que se asilaron en San Juan. Quedaron las historias testimoniales, pero no una cuantificación exacta. “Habría que consultar las estadísticas de la embajada”, aconsejó Mena.
“Hubo mucho temor para hacerse conocer y realizar actividad política. Lo que primero hicimos fue ‘El Chile Democrático’. En tiempos de la democracia argentina realizábamos marchas aquí en San Juan, actividades como la campaña del “No” a Pinochet, para dar a conocer la situación política en Chile. Poca gente teníamos. Y muchos de ellos se fueron a Chile cuando volvió la democracia”, recordó.
“Algunos medios de comunicación nos daban cobertura. En el mejor de los casos fuimos 100 personas, con familiares y amigos. Fueron menos de 10 movilizaciones”, explicó.
“El Chile Democrático” era un movimiento que no tenía una conducción orgánica sino “referentes”, uno de los cuales fue Mena. “Todo era subrepticio”, reconoció.
Entre otras manifestaciones, hicieron un “velatón” frente al Viceconsulado de Chile, cuando se ubicaba en los años ’80 sobre avenida Libertador cerca de calle Del Bono.
Cuatro décadas atrás, Chile perdía la democracia en manos de Pinochet y un golpe cívico-militar enmarcado en el Plan Cóndor, que alentó las dictaduras latinoamericanas. Terminaron los 1.000 días de gobierno del presidente socialista Salvador Allende y las conquistas para la clase trabajadora.
Mena tenía 24 años. Ya estaba casado con Ana y tenían dos bebés de 1 y 2 años de edad. Trabajaba en una imprenta y estudiaba el Profesorado de Historia y Geografía en la Universidad Católica de Chile. Era dirigente sindical y militante estudiantil.
“Tal vez muchos de nosotros no tomamos en cuenta el peligro que corríamos. Yo pertenecía al MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Se hacían análisis y sabíamos que se podía venir el golpe militar. Pero nunca pensamos que fuera tan pronto y tan violento. Porque antes del 11 de septiembre del ’73 hubo otros dos intentos: el Tancazo y el Tacnazo”, recordó Mena.
Todavía conserva en su biblioteca el último número de “Punto Final”, una publicación del MIR, editada en agosto del ’73. En su portada aparecía la fotografía del sargento Juan Cárdenas, “torturado por ser antigolpista”. Era un indicio de lo que venía.
El día del golpe, las tanquetas coparon todo Valparaíso. “Fui detenido varias veces. Me torturaron en la Academia de Guerra”, admitió. Estuvo una semana en cautiverio y sólo consiguió su libertad porque su padre era infante de marina retirado. Aún así debía presentarse todos los domingos en una comisaría para firmar una planilla.
Pudo seguir trabajando un tiempo más en la litografía. “El gerente me dijo: -‘No te han venido a buscar dos veces, te han venido a buscar cuatro veces. ¿Cuánto querés para irte? Para mí es un problema tenerte como dirigente porque te tengo que proteger’. Le pedí una suma y me dio el doble”, explicó.
“Yo ya tenía contacto para irme a Venezuela. Pero llegué a Colombia y nos bajaron a todos los chilenos, por el Plan Cóndor. En Perú no tenía problemas para encontrar trabajo. En Ecuador tampoco. Pero tenía que tener estadía. Cuando llegué a Argentina nunca nadie me pidió la radicación. Después me di cuenta que había llegado al paraíso”, afirmó con gratitud.
En busca de empleo llegó primero a Mendoza, donde trabajó en una ripiera junto al Cerro de la Gloria, en la obra del futuro estadio para el mundial ’78. De ahí cruzó a San Juan –no sabía siquiera que existía esta provincia- para hacer unos pesos en la cosecha de uva y en cuanto oficio disponible había.
Su predisposición y su talento con el fútbol lo acercaron al Club Del Bono, donde le ofrecieron una piecita para alojarse mientras ayudaba con algunas tareas. Entonces viajó a Chile para buscar a Ana y los chicos. Fue durante la presidencia de María Estela Martínez de Perón.
En Valparaíso supo del golpe de Estado ocurrido el 24 de marzo del ’76 y que los militares habían cerrado la frontera. Apenas se levantaron las barreras cruzó hacia San Juan nuevamente y en abril de ese año ya se habían radicado en los alrededores de la Esquina Colorada.
“En ese momento aproximadamente 1 millón de chilenos estaba saliendo. En dos años, de 1973 a 1975, hubo una diáspora enorme. La población total éramos 12 o 13 millones de chilenos. Una barbaridad”, consideró.
“Las cifras de los exiliados políticos habría que verlas en la estadística de la embajada. A San Juan vinieron menos, a Mendoza fueron muchos más, por la cercanía. Además, en aquel tiempo, nadie conocía San Juan en Chile”, dijo.
Actualmente en la provincia hay cuatro instituciones que nuclean a residentes chilenos: Gabriela Mistral, que es la tradicional; el Instituto Cultural Argentino Chileno (Icachi), que preside Ana, la esposa de Mena; Arturo Prats; y el Centro Cultural Chileno. Todas se dedican a temas culturales.

Textuales

“El que se venía, se venía muy calladito. Inclusive aquí me vino a buscar la DINA. Yo estudiaba en la Facultad de Filosofía en la UNSJ y era presidente del centro de estudiantes”.

“Nunca tuve tiempo de tener nostalgia. Siempre me dediqué a trabajar y a estudiar. Mi señora sí sufrió mucho. Sentía el ruido del mar (a dos cuadras de la Esquina Colorada)”.

 

 

 

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