Mensajes hacia el futuro
Apenas duró la inmovilidad, el estado de shock, la parálisis, lo que dura un fin de semana largo. Viernes de desesperación, sábado y domingo de rezos e incredulidad, lunes de esperanza, y ya el martes hubo que salirle al toro. Mejorar el semblante de dolor y tomar las riendas para evitar que engordara cualquier natural estado de incertidumbre.
Así fue, y no fue fácil. Primero, para despejar el aspecto golpeado de quienes se encargarán de esta difícil y presumiblemente larga transición de quien es uno de los líderes más importantes de la historia provincial, que acostumbró a propios y extraños a vivir a su ritmo y bajo su amparo: entre ellos, quien no es hermano es amigo íntimo de largos años. Y después, porque mientras dura el luto por Margarita y el dolor por José Luis Gioja hay una provincia que debe seguir funcionando con la mayor normalidad que sea posible. Además, claro, de la nada menor cita electoral de la semana próxima que ha quedado relegada a un absoluto tercer plano pero que todos miran de reojo.
No pudo haber llegado la desgracia en un momento más inoportuno, si es que las desgracias tienen momentos para golpear la puerta. Y en medio de un equilibrio difícil, hasta aquí se han movido con pericia. El vicegobernador Sergio Uñac no demoró en ponerse las botas sin sobreactuar, y los intendentes Marcelo Lima y Juan Carlos Gioja tampoco tardaron en entregar señales políticas hacia adelante. No hubo protagonismos desbordantes sino más bien síntomas de que funcionará una mesa colegiada para soportar la convalecencia y la espera. Y el compromiso de que, si bien no habrá medidas de fondo, el ritmo oficial no se detendrá a pesar de las caras largas y el dolor que, ese sí, será difícil soslayar.
Para esas señales, mejor los gestos y las fotos que las palabras. Los hubo surtidos y en cantidad, todos en las misma orientación y desde el primer día hábil. El más potente tal vez fue el de la sede del PJ de esa nochecita fresca en que la generosa instalación partidaria quedó chica como pocas veces antes.
Se ubicaron allí tres de los miembros de la mesa chica, íntima, de Gioja: Sergio Uñac, Marcelo Lima y Juan Carlos. Cada uno en su rol, y cuidando espacialmente que no hubiera gestos de personalismo exacerbados en un momento tan delicado, se sacaron la foto clave. Los tres –a los que pude sumárseles en esa mesa el secretario general Walter Lima y el diputado Rubén Uñac- firmes en el día después y en una clara señal -hacia el partido, el gobierno y la sociedad- de que el eje de los próximos días buscará ser el de la unidad sin que nadie se desmarque.
No será fácil el trabajo en ese sentido de Sergio Uñac. El vicegobernador a cargo del Ejecutivo por este tiempo indeterminado será quien tome las decisiones finales, y apropiado es señalar que el hombre tiene su estilo y no podrá evitar que los flashes lo apunten. Aún, que la carga de la responsabilidad lo señale a él antes que a nadie. Por eso debió en estos días ponerse al tanto contra reloj de la marcha del gobierno de punta a punta, cada ministerio y cada acción pendiente, como no lo estaba durante el ejercicio de la vice.
Así como eso es cierto, también lo es que forma parte de un proyecto conjunto liderado por José Luis Gioja, que los formatos que el líder eligió deben ser preservados y que ese modelo se apoya también en otros dirigentes en quienes el gobernador hace descansar su confianza. Lo apropiado entonces será que perdure el clima de unión y de control ante la tentación de los personalismos que se ha visto hasta ahora. Hasta el regreso, más temprano o más tarde, del gobernador.
Los gestos inconfundibles siguieron con la publicación en los diarios de una solicitada en apoyo a la gestión y en deseos de recuperación para Gioja. Para quienes aprecian la lectura entre líneas, lo verdaderamente gravitante de esa manifestación no fue el contenido sino los firmantes: justamente Sergio Uñac, Marcelo Lima y Juan Carlos Gioja.
Y aún más relevante, los sellos. Debajo de cada uno, el cargo, no menor para tres dirigentes encuadrados en la definición de herederos. Sergio Uñac, desde la institucionalidad del cargo de vice en el Ejecutivo y el afecto personal que se dispensaron mutuamente desde hace décadas. Marcelo Lima, como vice partidario en ejercicio del rótulo ante la convalecencia del líder, una jerarquía que alude nada menos que al proyecto político y que se condimenta con la confianza infinita entre ambos. Y Juan Carlos, demás está escribir, como líder de los intendentes peronistas y el ascendiente de la presencia familiar.
Además de los gestos, también hubo palabras que hablaron justamente de eso. Y las pronunciaron los tres hombres de la transición en estos días, en especial durante el acto del PJ. Allí se le escuchó al intendente capitalino señalar que el líder “nos está auditando”, una especie de advertencia del tipo “ojo con lo que hacemos en estos días”. La figura de la ausencia con fecha de retorno, contención para tentaciones terrenales.
Se lo escuchó también a Sergio Uñac hablar de que “esto no es un proyecto personal”. Buenos momentos para escuchar y honrar esos preceptos, ahora que la hora que se atraviesa no asoma para nada fácil, y que la fecha electoral juega como inoportuna valla a atravesar.
Eso, la campaña. Que justo cayó al medio de la desgracia y que encontró afectada a una gran parte de sus protagonistas. En medio del dolor unánime de propios y extraños, y ante la feliz realidad de que nadie buscó hasta ahora sacar provecho oportunista, justo es que luego cada uno intente sacar el mejor resultado posible. Dos evidencias, el respeto y la competitividad natural, que deberán rendir examen el próximo domingo y que nadie sabe qué consecuencias tendrá al ser combinadas con las imágenes de la tragedia.
El otro aspecto a cuidar es la gestión. Se ha dicho ya que el funcionamiento diario avanzará a buen ritmo y que las grandes decisiones serán reservadas para el regreso del gobernador, a no ser que se presenten de manera sorpresiva y urgente. Hay grandes gestas oficiales que no será conveniente hacer esperar, como la apertura de sobres de empresas interesadas por el túnel Agua Negra, sueño dorado y personal de Gioja por otra parte. Si se ha llegado hasta donde se llegó, ¿cómo demorarlo ahora? Por el contrario, el temperamento parece ser avanzar en honor de todo ese esfuerzo. Compatible con algunas otras gestiones que tampoco pueden quedar a media agua.
No hay por ahora grandes decisiones que hayan quedado truncas por la ausencia de Gioja. O pendientes, o en marcha frenada. Justo ocurrió la tragedia en medio del anuncio de Petro San Juan, un emprendimiento de los decisivos, que no se frenó. Tampoco quedaron conflictos pendientes, con mención del de los médicos que resolvieron saludablemente levantar ante la convalecencia de Gioja en el hospital público y luego de varios episodios gruesos ante las versiones surgidas de adentro sobre la muerte el sábado pasado.
Será tiempo en poco más de testear el ánimo para las celebraciones, con un verano que viene con Dakar y Fiesta del Sol y una elección de reina en cada departamento. Se verá para qué cosa hay clima y qué cosa no lo hay, a medida que pase el tiempo.
En general, un escenario sin cuestiones inconclusas desde la gestión, pero con un par de desafíos claros: trabajar en la cotidiana –lo que el boxeo llamaría el in fighting, la pelea corta- y mantener el ánimo arriba, del funcionariado y de la gente.
Para eso, hay una respuesta que susurró al oído uno de los más íntimos del gobernador: “En las difíciles es donde aparecemos, a las fáciles no las sabemos hacer”.