Por Miriam Walter
[email protected]
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPor Miriam Walter
[email protected]
Marie Anne Erize hubiera cumplido en marzo último 60 años, si no la hubieran secuestrado ese mediodía del 15 de octubre de 1976 en la puerta de la bicicletería Palacios, a pocas cuadras de la plaza 25 de Mayo de San Juan. Qué fue de la modelo franco-argentina se fue reconstruyendo a lo largo de 36 años con retazos de recuerdos de testigos de ocasión y de gente del entorno de la bella militante de Montoneros, quien habría terminado sus días en el centro clandestino de detención y torturas local más truculento, La Marquesita.
El recuerdo del bicicletero
“Después de declarar uno queda por unos días bastante depresivo porque uno revuelve muchos hechos y cosas que creía enterradas. Yo pienso que el país se arregla con Justicia. El tiempo pasó y al ir declarando y pensando, memorizando las cosas, uno corre riesgo de escuchar opiniones y creer haberlo visto”, dice Domingo Palacios a Tiempo de San Juan. Él tenía 37 años cuando trabajaba junto a su señora en la bicicletería de los padres de él y es el testigo vivo clave del momento en que se llevaron a Erize.
“El día del secuestro yo llegaba de hacer diligencias bancarias, veo que una chica que había salido con su bici arreglada. Había dos o tres autos grandes que no recuerdo el color y uno claro que podría ser un Sedan o R6 de color claro, con gente de civil que se bajó. Habrá sido un minuto. A mí me apuntaron con una pistola y me dijeron ‘metete adentro’, me metieron al negocio, donde había personal del taller y 2 o 3 clientes. Ella quiere revelarse, ahí sale mi papá porque pensábamos que era una diferencia de pareja y lo meten al negocio y a mí también. Y hubo un forcejeo grande, vi que ella se tiraba al suelo y ya había quedado la bici tirada. A mí me dijeron que a la bici la deje adentro”, relató.
“Ella había ido antes del mediodía a la bicicletería, dijo que se le había pinchado la bici que era de dama, de color oscuro, de marca conocida, y pidió que le repararan la cámara, quedó pagado el arreglo. Habló con mi papá de eso nomás. Cuando volvió habrá pasado una hora y pasó todo el problema en la vereda” , agregó. “Dos o tres minutos después vino una movilidad con gente uniformada que no sé de qué fuerza serían, a preguntar qué había ocurrido, creo llegaron en una camioneta pero no estoy seguro. Los que bajaron eran 4 o 5, les contamos todo y salieron rápidamente detrás de los otros y los perdimos de vista”, recordó Palacios.
“Al otro día vino Russo, tipo once de la mañana a preguntar si no fue una chica a buscar una bici y le contamos lo que había pasado. Nos dijo que la bici era de él y si podía llevarla. Quedó en volver más tarde porque para dársela se comprobaba primero si no le fallaba la presión. Ese día vino gente uniformada que yo creo que eran del mismo origen de los de la camioneta del día anterior. Ellos preguntaron si alguien había venido a buscar la bici, yo les dije que un muchacho. Ellos querían detenerlo dentro de la bicicletería y yo les dije que no, que lo hagan afuera. Y se fueron. Cuando el muchacho apareció yo le di la bici y le dije: ‘te están buscando’.
Él no dijo nada y caminó por General Acha hacia el club Esquiú. Pasaron como 5 minutos y enfrente de mi casa se paró la camioneta con él herido en la parte de atrás, yo lo veía vivo. Mi madre quiso darle agua pero no la dejaron. Estuvo como media hora ahí, y mientras tanto estaban dispuestos 4 o 5 personas en la calle, armadas, como esperando algo. Nosotros mirábamos por la vidriera, le hablé a mi señora para que no salga y metí los empleados para el fondo”, señaló a Tiempo de San Juan.
Palacios dijo que no reconoce a ninguno de los militares que están siendo juzgados en la escena que él presenció. “A Olivera lo vi tiempo después en los programas de Grondona pero no me consta haberlo visto el día del secuestro”, aseguró.
