Lo llamaban el “Pato”, pero también “El Loco Lima”. No por nada había sido bautizado bajo ese mote dentro del barrio Güemes. Una noche de 2007 hizo gala de ese apodo, pues salió a la calle tan altanero e impulsivo —como era él— y sin motivo alguno acuchilló mortalmente a un jovencito que se iba a jugar al fútbol con sus amigos.
El asesinato sin explicación que conmocionó al barrio Güemes de Rawson
Un grupo de amigos se reunió una noche de 2007. Se iban a jugar al fútbol a una canchita del barrio, pero apareció “El Loco Lima” y atacó de un mortal cuchillazo a uno de los jóvenes.
A casi veinte años de aquel asesinato, todavía se preguntan qué le pasó esa noche a Luis Mauricio Lima. O qué tenía contra Carlos Washington Villafañe, el jovencito de 18 años que murió en la madrugada del 16 de febrero de 2007 a consecuencia de un profundo puntazo a la altura del pecho propinado por “El Loco Lima”.
La enfermedad psiquiátrica quedó descartada: el examen mental que le practicó la junta médica de la Corte de Justicia de San Juan certificó que estaba en sus cabales y que fue consciente de sus actos. Entonces se especuló con que podía haber estado bajo los efectos de la droga, pero no pudieron comprobarlo. Y en lo que respecta a si se encontraba borracho o no, sólo tenía 0,02 grados de alcohol en sangre.
¿Qué sucedió entonces? Nadie lo sabe. Porque, si bien se conocían de vista del barrio, no tenían enemistad ni conflictos aparentes. Carlos Washington Villafañe vivía en otra parte del Güemes y andaba siempre con su hermano mellizo, de nombre Julio Villafañe. “Un chico sano”, según sus vecinos, que evitaba los problemas y cuyo mundo eran esos amigos con los que transitaba la salida de la adolescencia.
Carlos y Julio no pensaban irse a dormir. Sus amigos tampoco, así que se juntaron como siempre en la vereda de la casa de Maximiliano Quiroga, sobre la calle Pellegrini del barrio Güemes. Ya eran pasadas las 0.30 y los seis jóvenes permanecieron unos minutos en la puerta de ese domicilio viendo qué hacer.
Algunos de los muchachos entraron a la casa de Quiroga, pero al ratito regresaron. Carlos estaba alegre, hasta largó unos pasos de baile a modo de cargada. En ese instante dijo que se cruzaría a la casa de otro de sus amigos, de nombre Emiliano, para pedirle que los llevara a la canchita. Habían quedado en jugar un picado.
Sólo tenía que cruzar la calle. Carlos Villafañe enfiló en esa dirección, pero desde un costado de la vereda apareció “El Loco Lima”, que se le acercó por detrás y envolvió su brazo izquierdo sobre el cuello del joven de 18 años. Julio y los otros chicos vieron la escena creyendo que estaba bromeando o que era un gesto afectuoso.
Carlos también pensó que jugaba o que le quería pedir algo, entonces extendió la mano para saludar a “El Loco Lima”. Pero no iba por el saludo ni aquello se trataba de un chiste. Sin decir una palabra, éste extendió su brazo derecho y con un cuchillo que llevaba en esa mano le dio un puntazo en el tórax.
Fue todo tan rápido y tan confusa la escena, que el resto de los chicos pensó que había sido un golpe. Es que observaron que Carlos Villafañe se encogió tomándose el pecho y lanzó un grito de dolor diciendo: “¡Pará! ¡¿Qué te hice?!”. En ese instante notaron que corrió un trecho, como escapando, y cayó en la vereda de enfrente. También vieron que “El Loco Lima” se alejó rápido rumbo al este y empezó a correr en dirección a la Villa Santa Anita.
Cuando el grupo de jóvenes rodeó a Carlos Villafañe para levantarlo, constató que tenía sangre en el pecho y una profunda herida que no lo dejaba respirar. Todo esto fue presenciado por un vecino policía que regaba la vereda y una chica de la cuadra.
Mientras auxiliaban a Carlos y llamaban a la ambulancia, algunos de los amigos salieron detrás de “El Loco Lima”. El equipo médico demoró 45 minutos. El joven ya iba agonizando, tanto que falleció en el trayecto al Hospital Guillermo Rawson. El nombre de Luis Mauricio Lima sonaba en todas las radios de la frecuencia policial. Los amigos de la víctima habían señalado sin dudar a “El Loco Lima” como el autor del cuchillazo, de modo que la Policía lo buscaba por el norte de Rivadavia y parte de Capital. En su casa no estaba.
Como a la hora y media, dos amigos de Villafañe lograron dar con “El Loco Lima” en la calle Marconi, cerca de Catamarca, en Trinidad. Le dieron una paliza, pero éste escapó y se metió en la vivienda de una familia Álvarez. En eso llegó una patrulla del Comando Radioeléctrico y, con autorización de los dueños de casa, los policías entraron a sacarlo.
Lima salió entre empujones y volvió a recibir algunos golpes cuando lo subían al patrullero. Estaba fuera de sí; incluso lanzó patadas y cabezazos dentro del móvil policial y causó daños en el interior. Él nunca expresó nada sobre el hecho ni se justificó. Sus allegados después insinuaron que estaba molesto por los ruidos frente a su domicilio. Eso dejó instalada la idea de que posiblemente se equivocó de persona.
Nadie sabe exactamente qué motivó el ataque. Los testigos afirmaron que la agresión fue directa. El vecino que regaba relató que Lima estaba en el techo de su casa y que, cuando vio al joven que atravesaba la calle, bajó sujetándose por las rejas de una ventana, saltó la verja del jardín de su vivienda y atacó alevosamente a Carlos Villafañe.
Luis Mauricio Lima, de 23 años en ese entonces, jamás dio una explicación de por qué mató al mellizo Carlos Washington Villafañe. Ni siquiera al momento del juicio, en 2008. Él mismo aceptó su culpabilidad en el crimen y, a través de su abogado defensor, firmó el acuerdo de juicio abreviado. El 2 de mayo de 2008, el juez Juan Carlos Peluc Noguera, de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional, lo condenó a la pena de 12 años de prisión por homicidio simple.
FUENTE: Sentencia de la Sala Segunda de la Cámara en lo Penal y Correccional, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y hemeroteca de la Biblioteca Franklin