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sábado 21 de marzo de 2026

Vivir tras la tragedia

En shock, juzgada y con profundo dolor: la pesadilla de una "hija del femicidio"

Balbina Muñoz es la hija de Susana Pérez, la mujer que fue asesinada de un escopetazo por su pareja en Pocito. Pese a la condena contra el femicida que recibió perpetua, a la joven le quedó un gran vacío y una herida por cerrar. Esta es su historia.
Por Luz Ochoa

En un humilde rancho de la Villa Hipódromo, en Rawson, la joven que cuenta su historia prepara el mate y aprovecha que sus hijas duermen para abrirle las puertas de su casa a dos mujeres que saben de dolor, pero también de lucha: son las madres y tías de víctimas de femicidios que se unieron para contener y por eso se hacen presentes.

Balbina Muñoz hace poco perdió a su madre en un violento femicidio y por ello se refugia en quienes atravesaron un duelo similar. Algunas veces evasiva, otras no tanto; la chica de 28 años que se convirtió en una "hija del femicidio" parece estar todavía en shock por lo que le pasó a su mamá y es por ello que le cuesta referirse al tema.

Es que Susana Pérez fue asesinada de un escopetazo por su pareja el 3 de diciembre del 2022 en su casa de Pocito y, a pesar de que el femicida, Antonio David Pelaytay, fue condenado a prisión perpetua hace tres días, la angustia no cesa. Balbina confiesa que está como adormecida, ya que no siente la bronca o impotencia que la lógica le indica.

"No siento nada", expresa la mujer que al mismo tiempo se cuestiona por ello. Sin embargo, las integrantes de las 'Familias Unidas por el Femicidio' le aseguran que sus sentimientos están, pero que se situaron muy en lo profundo y que quizás es un mecanismo de defensa para lidiar con su dura realidad. "Estás en shock todavía", le dicen Victoria Villalón y Laura Requena.

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Con el calor de la charla, la joven que recuerda a su madre como una mujer trabajadora y responsable con sus obligaciones confiesa que lo sucedido la tomó por sorpresa, puesto que creía que estaba "bien" con su pareja. No obstante, reconoce que sabía que su mamá tenía una relación conflictiva con su novio. Admite que más de una vez estuvo preocupada por eso y que le preguntó si estaba bien, pero que la respuesta fue positiva.

Mientras más se indaga en la cuestión, Balbina se incomoda y reconoce que algunas veces se siente juzgada. "Me preguntan como si yo hubiera podido hacer algo para evitar lo peor. Pero no es así, yo de verdad pensaba que estaba mejor que con mi papá", argumenta para luego desempolvar un capítulo del pasado.

Su papá mantenía un vínculo violento con Susana y por eso para la protagonista y su hermana, que vive en Entre Ríos, la violencia estaba naturalizada. De niñas se acostumbraron a irse a dormir con el ruido de las discusiones que tenían enfrentados a sus padres. Es por eso que, cuando se separaron, todo cambió para bien. Al menos, eso era lo que pensaban.

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"Lo conoció (a Pelaytay) un año después de la separación. En ese entonces yo tenía 18 años y mi hermana ya vivía fuera de la provincia. Se fue a Pocito y, después de pasar como dos años sin hablar, retomamos la relación", recuerda.

No obstante, las cosas ya no fueron igual. La veía cada tanto y evitaba escribirle mensajes de textos para no comprometerla con su pareja, que solía revisarle el teléfono. Por su parte, las tías de Balbina y hermanas de Susana no lo querían y por eso a las reuniones familiares ella asistía sola. "Mis tías la querían como a una madre porque las cuidó de chica cuando mi abuela tenía que trabajar. Ella las llevaba a pasear", comenta.

Encerrada en su realidad, con sus familiares que se contactaban con ella de forma intermitente, ni las vecinas de Susana lograron que entrara en razón y denunciara a Pelaytay. Muchas veces llamaron a la Policía, pero cuando efectivos se presentaban en el lugar, la pareja negaba que existiera algún tipo de problema. Los moretones que sus conocidas vieron fueron tapados con excusas y todo se encaminó hacia la fatalidad.

Balbina cuenta que reaccionó mal, que quiere estar sola sin escuchar a nadie y que no sabe cómo manejar lo que ocurrió. Es por ello que, con sentido maternal, las mujeres que la invitaron a participar de las actividades que realizan le expresan: "No te encierres, estamos para vos".

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