En su defensa alegó que no recordaba en qué momento ni por qué circunstancia se encontró sentado junto a ella en el dormitorio, con el arma en la mano. Que efectuó dos disparos en la cabeza de la chica, que cayó sobre la cama. Lo aterrador de su declaración fue que reconoció que salió corriendo y que más tarde regresó a la casa. Y que como vio que su “amante” todavía agonizaba, la atacó a cuchillazos “para ayudarla a morir sin que sufra más (sic)”.
La niña sanjuanina de 13 años masacrada por el policía que decía ser su “amante”
Esa fue parte de la abominable confesión del oficial Juan Carlos Terrera, el joven policía que tenía como “amante” a una niña de 13 años a la cual masacró la noche del 31 de diciembre de 1969. Una historia perversa por donde la miren. Porque ese hombre que casi le duplicaba la edad, se aprovechó de la nena -a la que conoció cuando ésta tenía 12- y después eligió matarla para salir de la desgracia en la que había caído por esa relación.
El mismo oficial Terrera, de 24 años, relató ante la Policía y la Justicia que conocía hacía un año a esa niña que se llamaba Norma. En ese tiempo, él trabajaba en la Seccional 2da de Concepción y la pequeña vivía en las cercanías. Dijo que la “enamoró” y comenzaron a tener “encuentros íntimos”.
Está claro que la manipulaba, qué podía saber esa nena con la inmadurez sexual de sus cortos años. Él la veía como si fuese su “amante”. Es que era casado y tenía hijos. Y hasta la invitaba a su casa. Según el oficial, la niña lo buscaba.
Su mujer sospechaba que él la engañaba. Un día de agosto de 1969, la mujer regresó a su domicilio y sorprendió al policía junto a la niña. A partir de ese momento, empezaron los problemas para el hombre. A los cuatro días, su esposa lo abandonó y se mudó con sus hijos a la casa de su padre en Médano de Oro, Rawson.
Terrera insistía en recomponer su matrimonio; de hecho, se instaló en la casa de su hermana en las calles Alfonso XIII y 9, también en el Médano. El conflicto familiar lo asfixiaba y bebía mucho, pero continuaba frecuentando a Norma.
Un mal preludio
La situación se desbordó el domingo 28 de diciembre de ese año. Un compañero de trabajo avisó a Terrera que estaba en problemas. El padre de la niña lo había denunciado en la misma Seccional 2da. Concretamente lo acusaba de estupro, delito que consiste cuando un adulto mantiene una relación con menor de entre 13 y 16 años aprovechándose de su inmadurez sexual, por más que haya existido consentimiento.
Eso “lo mortificó”, según la causa. Preocupado, fue a la comisaría para cerciorarse y le comunicaron que la denuncia era real. En principio iba a quedar detenido, pero él explicó a sus superiores que debía buscar unas pertenencias de su casa. En un descuido, tomó la pistola calibre 11.25 de otro oficial y se retiró con la promesa de regresar. Desde ahí no lo vieron más en la seccional.
Supuestamente le rondó la idea de quitarse la vida y se encerró en la pieza que tenía en la casa de su hermana. Según su confesión, el día 30 de diciembre recibió la visita de la niña, que fue a preguntarle por qué no fue a trabajar. Él no perdió la oportunidad de reprocharle por la denuncia, estaba convencido que ella lo había traicionado. Ella respondió que no era cierto y pidió que fuese a cumplir su guardia, que no pasaría nada.
El oficial de Policía no fue al trabajo y permaneció en su casa hasta la tarde del 31 de diciembre, ocasión en que fue a verlo su amigo Nicolás “El Cordobés” Romero. Ambos compartieron unas cervezas mientras se refrescaban en un canal. Al rato, su hermana junto a su cuñado y sus sobrinos se marcharon de la casa. Esa noche llegaba el Año Nuevo. Su amigo también se retiró.
Terrera quedó solo y deprimido. Fue en esos instantes de confusión que pensó escribir una carta destinada al jefe de la seccional, un comisario de apellido Cabello. Quería despedirse y pensaba revelarle su decisión de matar a sus pequeños hijos y quitarse la vida, confesó.
La última noche
Pero en eso que escribía, apareció la niña de 13 años. El policía aseguró que llegó sin previo aviso. Supuestamente se sentaron a ver televisión, hablaron de ellos y él le aconsejó que era mejor que se alejara, de acuerdo a sus dichos. Otra cosa que aseguró fue que le anunció su idea de suicidarse y que ella le expresó que, si era así, que también la matara.
Esa fue la versión de Terrera. Lo que no contó fue que, por dentro suyo, la responsabilizaba de todos sus males. En ese relato tampoco explicó por qué lo hizo. La transcripción que hizo el juez Wilson Vaca sobre su confesión, señala que el policía afirmó que “no recuerda en qué momento ni por qué circunstancia se encontró de pronto sentado con ella en el dormitorio, con el arma en la mano. Siendo así fue que le efectuó dos disparos en la cabeza, cayendo Norma de espalda sobre la cama”.
De lo que hay certeza es que, esa noche, Juan Carlos Terrera abandonó la vivienda dejando a la niña moribunda. Caminó hasta el domicilio de la familia de su ex esposa, situada a pocas cuadras. Apenas arribó se topó con su ex suegro. El hombre mayor estaba sentado en el patio delantero y tenía sobre él a uno de sus hijos. El policía exigió que le entregara al niño, pero el abuelo se resistió. Lo notó nervioso y fuera de sí.
Sin piedad
Terrera sacó su arma. Lo pensó bien. Largó dos tiros, pero al piso y a centímetros de los pies de su ex suegro. Después se apuntó a la cabeza y martilló otra vez, pero el balazo le rozó una oreja. Ahí cayó desmayado, a la vez que el otro hombre salió corriendo hacia la calle a buscar ayuda.
No pasados unos minutos, Terrera se puso de pie y escapó antes que regresara su ex suegro. Tomó en dirección a su casa y entró a la habitación donde estaba la niña de 13 años mortalmente herida. “Encontró a su amante agonizando, por lo que le asestó varios golpes (en realidad fueron cuchillazos) para ‘ayudarla a morir sin que sufra más (SIC)’. Luego procedió a cambiarse de ropa y volvió a la calle, donde se dio cuenta lo que había hecho”, de acuerdo a las textuales palabras tomadas de la causa, en base a su confesión.
El policía devenido en asesino deambuló toda la noche y la mañana siguiente. Para ese entonces, la Policía había sido alertada sobre los disparos en la casa de sus ex suegros y había encontrado el cadáver de la niña en la casa de Terrera. Otros uniformados ya lo buscaban. Pero no hizo falta apresarlo en la vía pública, en horas del mediodía del 1 de enero de 1970 retornó a su vivienda y se dió con todos los policías que aun trabajaban en el lugar. Se entregó confeso.
La autopsia practicada al cuerpo de la menor reveló que presentaba un disparo en el costado izquierdo del cráneo y otra herida de bala en un dedo de la mano izquierda. Además, detectaron tres heridas corto punzantes en la zona del tórax, señala el expediente.
A prisión
Juan Carlos Terrera fue confinado tras las rejas. En 1972 fue sometido a juicio escrito por el juez Wilson Vaca, en el Segundo Juzgado del Crimen de San Juan. Él siempre confesó la autoría del crimen, aunque argumentó no recordar el momento en que asesinó a la niña. Su abogado defensor sostuvo que ese día el oficial de Policía estaba ebrio y no llegó a comprender la criminalidad de sus actos. A partir de esos fundamentos, entendió que era inimputable y solicitó que lo absolvieran.
El fiscal mencionó todas las pruebas contra el oficial, pero calificó el hecho como homicidio simple y le agregó el delito de abuso de arma. Esto último porque el policía había tomado el arma reglamentaria de un compañero. Pidió la pena de 25 años de cárcel para Terrera.
En el juicio nada se habló sobre el presunto abuso de la niña o del delito de estupro. El magistrado se remitió sólo a analizar el asesinato. Desechó la acusación del abuso de arma porque el planteo fiscal fue extemporáneo y por otro lado descartó que se diera la causal de inimputabilidad.
En su fallo de fecha 28 de junio de 1972, el juez valoró como atenuante la falta de antecedentes del acusado, la poca instrucción, el buen concepto vecinal y el arrepentimiento demostrado. Como agravantes, tomó en cuenta su condición de funcionario público y el modo en que cometió el delito. Fue así que sentenció a Juan Carlos Terrera a 20 años de prisión.