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sábado 21 de marzo de 2026

Historias del crimen

La tragedia de Luciano, el nene sanjuanino asesinado a golpes por su padrastro

Esta es la dramática historia de un pequeño de 4 años que sufrió las continuas palizas de la pareja de su madre. Un día de 2005 murió producto de una de esas feroces golpizas. Por Walter Vilca
Por Redacción Tiempo de San Juan

Pocas veces se vio una cosa así. El cuerpo presentaba hematomas en la nariz y la boca. Un derrame en el ojo derecho. Otras serias lesiones en el cuello, en la espalda, la pelvis, el pecho y el abdomen. Fractura de una costilla y desplazamiento de otras vertebras. También marcas en los brazos.

Resulta tremendo y duro describir todo ese cuadro, pero apenas era un niño. Se llamaba Luciano. Y sólo tenía 4 años. La víctima inocente de una terrible historia que tuvo como único responsable a su despiadado y cruel padrastro, que el 5 de octubre de 2005 le dio una dura paliza, como otras tantas veces, con la diferencia que ese día no soportó los golpes y murió en medio de sus llantos en una casa de un lote hogar de Rivadavia.

Rodolfo Jesús Elizondo cargará por siempre esa pesada cruz y la condena social por aquel aberrante crimen del pequeño Luciano Juan Ignacio Zabaleta. Ese niño al que decía querer y supuestamente pretendía darle su apellido por considerarlo su hijo. Nada más lejano que eso para un hombre que desde que se fue a vivir con Luciana Natalia Zabaleta –la mamá del chico-, allá por mayo de 2003, descargaba su bronca contra el niño medianteconstantes castigos.

Quizás ella otra víctima más de este ex soldado voluntario y empleado de una empresa de seguridad privada que dentro de su casa en el Lote Hogar 3 de La Bebida era una verdadera bestia. La familia por parte de Luciana Zabaleta lo sabía e intentó sacar al niño de ese infierno, pero no pudo.

Seguramente era otro el destino de ese chico si le hubiesen dado la tenencia definitiva al abuelo materno. El nene llevaba meses de nacido cuando el padre de Luciana Zabaleta pidió a un Juzgado de Menores su custodia porque sabía que su mamá no podía mantenerlo. De hecho, los abuelos consiguieron que le entregaran provisoriamente al niño en ese momento y viviera con ellos en su casa. Sin embargo, en 2003, al tiempo de que la chica empezó a convivir con Rodolfo Elizondo pidió que le devolvieran al pequeño. A mediados de 2004, la joven en ese entonces de 24 años se llevó al niño y no quiso regresarlo a los abuelos. A partir de ahí inició una demanda judicial para recuperar legalmente la tenencia.

En ese entonces, el abuelo notó que algo andaba mal. Más de una vez vio al pequeño Luciano con moretones y sospechó que era golpeado en su casa. Puso al tanto de la situación a las autoridades judiciales, pero no le creyeron. Tampoco podían con el deseo de esa criatura que, con toda su inocencia, igual quería estar con su madre. Así fue que luego de informes ambientales y consultas con profesionales, el Juzgado de Menores decidió darle la tenencia definitiva del pequeño a la joven Zabaleta en agosto de 2005. Ese sería el camino sin retorno para el niño.

Los vecinos poco a poco descubrieron que el chico era maltratado en esa casa del Lote Hogar 3. Una mujer de apellido Molina relató en la causa que varias veces había visto al “gordito” con moretones. Antes lo había visto enyesado de un brazo. Y cuando le preguntaba qué le había pasado, él decía: "mi papá me pegó…” Otro hombre de apellido Cisterna, también habitante del barrio, relató que le daba impotencia ver a ese chico con marcas de golpes en el rostro y los brazos. Esos hechos sucedían puertas adentro de la casa de Luciana y ni ella ni nadie hicieron nada para frenar a Elizondo. Las golpizas supuestamente se daban cuando la chica se iba al trabajo y era tal el poder que tenía Elizondo, que la joven callaba y prefería mantener su relación con este golpeador.

Sólo el pequeño sabe todo lo que sufrió esa mañana del 5 de octubre de 2005, cuando quedó con su padrastro en la casa. Ese día, Luciana Zabaleta salió como de costumbre pasadas las 6.30 de la mañana para ir a trabajar a una cooperativa de teatro de calle Mendoza, donde hacía tareas de limpieza.Rodolfo Elizondo había vuelto de madrugada tras cumplir su labor como vigilador privado y se acostó a dormir. Lo que él relató después fue que Luciana se marchó y continuó descansando hasta que se levantó pasadas las 10 y vio al niño caminando descalzo. Aseguró que eso lo enfureció, que le dio un reto y un “chirlo” en la cabeza. Según el hombre, el pequeño cayó al piso y empezó a tener “como un ataque”. Supuestamente no entendía que pasaba, dado que notó que Luciano se orinó y defecó encima, dijo.

Esa mañana, Elizondo cargó al chico en su moto y lo llevó al Hospital Marcial Quiroga. Los registros del nosocomio señalan que el pequeño Luciano Zabaleta fue ingresado al servicio de urgencias a las 10.45 y que ya estaba muerto. Y lo peor era que presentaba signos evidentes de múltiples golpes. A la vista de los médicos, las heridas en distintas partes del cuerpo dejaban entrever que había padecido una feroz golpiza, entonces dieron intervención a los policías de la Seccional 13ra y éstos avisaron al juez de turno, que de inmediato ordenó la detención de Elizondo ante la sospecha de que pudiesen estar frente a un crimen.

El informe preliminar del médico legista y posteriormente el del forense fueron contundentes y a la vez muy crudos. La autopsia reveló que el pequeño Luciano había sufrido una brutal golpiza. Presentaba heridas en distintas partes del cuerpo, lesiones internas en tórax y abdomen, además fracturas de costillas, todas producidas aparentemente por zamarreo, golpes de puño y puntapiés. Otro dato es que tenía lesiones de vieja data y el estómago vacío, lo que daba cuenta de que no había ingerido alimentos por un tiempo prolongado, según el expediente. Al chico lo habían matado y estaba descuidado desde antes. En la casa encontraron manchas de sangre, lo mismo que en la ropa de chico.

Luciana Zabaleta se escudó diciendo que esa mañana no estaba en la casa y que no sabía nada de las golpizas. Dos días después de la muerte de su nene fue detenida, imputada como partícipe de ese asesinato que conmovió a toda la provincia.

Rodolfo Jesús Elizondo y la mamá de Luciano fueron llevados a juicio en junio de 2007 en la Sala I de la Cámara Penal y Correccional. Ya en la indagatoria y también durante la audiencia del juicio, Luciana Natalia Zabaleta prefirió guardar silencio y se amparó en el derecho de abstenerse a declarar. Su pareja volvió a intentar desligarse instalando la versión de que sólo le dio un “chirlo”. Aseguró: “nunca pensé que ese golpe que le di al niño iba a provocar todo esto… No fuemi intención que pasara esto, sólo quise aplicarle un castigo. No fue una brutal golpiza ni maltrato”, exclamó, sin reconocer jamás el crimen ni mostrar sinceramente remordimiento. Los jueces Raúl José Iglesias, Arturo Ernesto Velert Frau y Diego Román Molina le dieron una dura condena a Elizondo, la de reclusión perpetua. A la mamá del niño la declararon inocente.

Hasta la fecha, Rodolfo Elizondo continúa preso en el penal de Chimbas. La mamá del pequeño Luciano no lo vio nunca más, pero él inició una nueva relación con una interna de apellido Páez –condenada por corrupción de menores- que actualmente es su pareja.

 

 

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