Hace un mes se conocía la terrible noticia de la muerte del prestamista Florencio Chávez, de 42 años. La escena era aterradora: sentado en su auto, con un tiro en la nuca y sin vida. Desde ese día, surgieron dos hipótesis: una emboscada para robarle el dinero que llevaba en su “oficina móvil” o una traición de su amante, quien le debía plata.
A un mes del crimen del prestamista, ¿cómo sigue la investigación?
Ese sábado 23 de junio, a dos días del comienzo del frío invierno sanjuanino, una vecina pasaba caminando por calle Roque Sáenz Peña, a metros del Lateral Este de Circunvalación, Santa Lucía, en horas de la mañana. En ese trayecto observó un auto, que nunca había visto por esa intersección: era un Volskwagen Bora, de color blanco.
Al acercarse al vehículo, se encontró con lo peor: un hombre sentado en el lado del conductor, con la cabeza agacha, muerto y con los vidrios delanteros abiertos. La desesperación de la transeúnte fue tal, que inmediatamente llamó al servicio de emergencias de la Policía y contó la terrible escena que estaba viendo.
Rápidamente se constituyó personal policial de Homicidios junto a personal de la Comisaría 29ª y verificaron que se trataba de Chávez. Las características del hombre eran idénticas a las expuestas por familiares que la noche anterior al crimen que habían denunciado en la Seccional 29ª su desaparición de su hogar. Es decir, había perdido contacto tanto con sus hermanos y familia, la noche del viernes 22, por lo que decidieron radicar la denuncia.
Además de conocer su nombre y edad, Florencio se había separado de su mujer recientemente, tenía tres hijos y vivía en Capital. Era hijo de un ex intendente del departamento de Valle Fértil. El hombre se dedicaba al oficio de prestamista, al cual lo ejercía tanto en una oficina ubicada por calle Tucumán, entre San Luis y Av. Libertador, como en su propio auto, lo que denominaba como la “cueva móvil”.
Inmediatamente después de identificarlo, la primera hipótesis que surgió en torno a su asesinato fue la de un posible “ajuste de cuentas”, debido al trabajo con el que subsistía. Además encuadraba esta posibilidad porque le habían robado una mochila en la que llevaba una máquina para contar dinero, su celular y billetera (luego determinaron que también le sustrajeron suma de dinero pero nunca se estableció la cantidad). Además, porque la gente que lo conocía sabía que los intercambios de dinero los hacía en su auto particular, en su gran mayoría.
Según fuentes allegadas al caso, el modus operandi de Chávez era el siguiente: los subía a su Volskwagen Bora, recorrían algunas cuadras del centro sanjuanino y era en esos momentos en los que aprovechaba para intercambiar las sumas de dineros. Típico trabajo de los famosos “arbolitos”.
Sin embargo, esta hipótesis, la de la emboscada para robarle, quedó sin tanta fuerza cuando fueron a inspeccionar el baúl del auto del prestamista. Allí se encontraron con una caja de zapatos, la cual contenía en su interior la suma de un millón de pesos, guardados en fajos, entre moneda nacional y extranjera.
La causa, que quedó en el Tercer Juzgado de Instrucción, a cargo del juez Guillermo Adárvez, tomó un rumbo casi impensado tras el hallazgo en la escena del crimen: su anillo de casado.A pesar de estar separado, tenía la argolla en su mano. Sin embargo, ese día el objeto estaba guardado en el bolsillo de su pantalón, como si hubiera tenido la intención de ocultar su matrimonio.
Esta hipótesis tomó fuerza también porque sus hermanos, Aldo y Beatriz Chávez, informaron que Florencio tenía una relación extramatrimonial con una mujer llamada Sandra. Esta amante le debía gran cantidad de dinero al prestamista y justamente, la noche del 21 de junio se habían reunido para que, entre otras cuestiones, le devolviera la mitad del dinero prestado. Le prometió que le devolvería el resto cuando cobrara el aguinaldo en diciembre.
Según declararon ante el juez, los hermanos de Florencio apuntaron contra esa mujer porque el día que lo dieron por desaparecido fue a ella a la primera en llamar. Luego de varios llamados, atendió a uno. El diálogo fue cortito y ¿conciso? Apenas los atendió, Aldo le preguntó: “Decime que no pasó lo peor”. A lo que ella respondió con un rotundo “Sí”, y rápidamente, sin mediar palabras, cortó la llamada.
Por ese motivo, los investigadores decidieron secuestrar el teléfono móvil de Sandra, la amante, para realizar su debido peritaje. Esto junto a las pericias del automóvil de Florencio Chávez, son las pruebas que el juez está aguardando para avanzar con la causa. Serán peritajes fundamentales para saber qué rol tuvo su amante en su estruendoso fallecimiento.