Todos los factores jugaron en contra de la familia González Saavedra, que este lunes perdió a la madre y dos de los hijos en un incendio. Si bien los pequeños despertaron y pidieron ayuda, los vecinos no pudieron hacer nada para ayudarlos, porque el lugar donde comenzaron las llamas y las medidas de seguridad de la casa lo impidieron.
Las rejas: una protección que fue fatal en la tragedia de Rivadavia
El relato de todos los que fueron testigos de la tragedia coincide en que los chicos, Luz de 15 años y Mariano de 9, intentaron escapar y varios quisieron ayudarlos, pero la reja en la ventana de la habitación en la que intentaron escapar se los impidió. Nadie vio a la madre pidiendo ayuda, por lo que suponen que su fin llegó antes, pero los chicos, según el jefe de Policía Walter Martínez “pidieron ayuda hasta el final”.
El terrible desenlace pudo tener que ver también con que el fuego empezó en la planta baja, como pudieron ver Bomberos tras la primera inspección, y subió al primero piso a través de una escalera. Esta única vía de escapera era también de madera y terminó colapsando debido a las llamas.
Un día como cualquier otro que terminó en el horror
El lunes había comenzado muy temprano para la familia González, con la partida cerca de las 4 de la mañana de Raúl, el padre de familia, hacia Mendoza. Según comentó un familiar a Tiempo de San Juan, el viaje del padre de familia era el que hacía habitualmente para ir a trabajar en el Aeropuerto de Mendoza, ya que se desempeñaba en Aeronáutica. Por eso suponen que al menos la mujer del hombre despertó cuando Raúl partió hacia su trabajo.
Pasadas las 5, poco tiempo después, el llamado de urgencia llegó a Bomberos. Lo hicieron los vecinos, quienes despertaron con los gritos de los niños que pedían auxilio en la ventana que da a la calle desde una de las habitaciones de la casa. Bomberos llegó algún tiempo después, unos vecinos aseguran que pasaron unos 15 minutos, otros que 40.
Tras conocerse la tragedia la zona del Barrio UDAP II que rodeaba la casa incendiada se llenó de lágrimas y silencio. Mientras la familia se agrupaba y era asistida por un equipo de psicólogos, llegaban más personas y conocidos de los integrantes de la familia.
El grupo más numeroso lo formaban los compañeros de Luz, que llegaron al lugar cerca de las 8, con las mochilas y guardapolvos puestos. Los chicos se abrazaban y lloraban, mientras permanecían a distancia de la vivienda, tras el vallado.
Uno de los pocos conocidos de la familia que decidió hablar con la prensa unos minutos fue el sacerdote Diego Vera, párroco de la iglesia donde asistía la familia. “Eran sobre todo amigos, pero también parte de la comunidad, de Acción Católica y el nene era monaguillo”, contó el sacerdote, quien dio su apoyo a la familia.
Mientras pasaban las horas más personas llegaban. Compañeras de trabajo de la madre, algunos parientes y más amigos de la familia. Todos, sin excepción, llegaban mudos de horror al lugar. Unos se quedaban junto al grupo de los más cercanos, otros permanecían a la distancia, sin poder creer lo que había sucedido.
El grupo se cerraba alrededor de Raúl García, padre y esposo de los fallecidos. El hombre viajó de vuelta a la provincia apenas se supo lo que había sucedido y pasadas las 8 estaba en el lugar. Apenas una hora después tuvo que ser trasladado en ambulancia, ya que se descompensó.