A los 61 años, Jacinto Bonifacio de los Ríos demostró que todavía puede. Pero esta vez usó un arma distinta que no se le conocía en su frondoso historial de estafas: la seducción. Así logró sacarle 50.000 pesos a una mujer que conoció en un boliche ubicado en el kilómetro 4 de la Ruta 20, en Santa Lucía, a quien le prometió "conseguirle" un auto mediante el "permiso de un juez".
"Don Juan", el arma que le faltaba a un famoso delincuente en el arte de estafar
Tiene, por lo menos, cuatro condenas. Pero todas habían sido por embaucar a hombres, generalmente en la compra-venta de autos. Por Gustavo Martínez Puga.
Pero el juez Benedicto Correa, del Quinto Juzgado de Instrucción, no solo consideró probado que estafó a esa mujer con la que había salido algunos fines de semana, sino que también estafó a su hija, a quien conoció en esas visitas y logró sacarle otros 25.000 pesos para "moverle" una carpeta en el IPV para que le dieran una casa.
De los Ríos está domiciliado legalmente en la calle Córdoba al 1317 Oeste, Capital, es una persona instruída y está divorciado. Para ganarse la confianza de la mujer que había conocido en el boliche le dio la dirección de la casa de su madre, en el Barrio Enoé Bravo, en Rawson.
Pero el día que la mujer, ilusionada y confiada en esa relación sentimental que habían entablado, lo fue a buscar a la casa de quien podría haber llegado a ser su suegra, De los Ríos la corrió a puros insultos.
Allí ella cayó de que todo había sido una farsa. Y lo denunció penalmente.
La víctima es Rosa del Carmen Pacheco (53) y su hija Érica Anahí Orozco Pacheco (29).
A la madre la estafó diciéndole que era amigo de un juez de apellido Ibáñez. La convenció de que él le podía conseguir un auto de los que tenía secuestrado el juez. Primero le pidió 25.000 pesos. Luego le sacó otros 25.000 pesos. Cuando la mujer le pidió un recibo, le dijo que era para pagar sellos y estampillas, con lo cual no hay recibo.
En medio de ese ardid también estafó a la hija de la mujer. Érica Orozco Pacheco le contó que llevaba años esperando una casa del IPV. Ni lerdo ni perezoso, De los Ríos le dijo que tenía un contacto de apellido Matar. Le pidió 25.000 pesos para hacer mover la carpeta y dejarla lista para los próximos sorteos. Cuando le pidieron recibo, también a ella le dijo que cuando a él se lo dieran en el IPV se los iba a pasar.
Por supuesto que eso nunca ocurrió porque todo era una gran mentira para sacarles el dinero.
Para hacer más creíble su coartada, De los Ríos se valió del dato real de la existencia de un juez de apellido Ibáñez (Mariano Ibáñez, del Primer Juzgado del Trabajo), pero quien no tiene ninguna relación con el delincuente.
CERO CABALLEROSIDAD
Contrario a los códigos de cualquier caballero, De los Ríos reconoció en sede judicial haber conocido a Rosa del Carmen Pacheco en un boliche de Santa Lucía. Pero, para defenderse, trató de ensuciarla diciendo que era "una despechada" porque no la había ido a visitar más; que por eso la insultó cuando la fue a buscar a la casa de su madre; que por eso ella lo denunció. También intentó descalificar a la denunciante diciendo que ella tenía marido y que por ese motivo ella no lo hacía entrar a la casa cuando él la visitaba, donde siempre lo atendió en la puerta.
El juez Correa lo castigó con dureza: "No resulta cierto sus dichos, pues es absurdo, que una mujer que está casada y que ocultaba a su marido que estaba saliendo con el encausado, como lo indica en su indagatoria, haya hecho denuncia y en forma clara indique que salía a bailar con amigas y es donde conoce a De los Ríos, pues esto transparentaría su engaño del tipo sentimental. Que haya dejado que el encausado la frecuente en su domicilio con los riesgo que implicaría, pero lo que resulta menos probable, es que haya puesto en conocimiento a su hija y a su yerno de esta relación extramatrimonial".
Como las estafó a la madre y a la hija, el juez Correa procesó a De los Ríos por el delito de estafas reiteradas, lo embargó en 75.000 pesos y lo mandó a prisión.
El magistrado tuvo en cuenta las anteriores condenas y la presunción de que De los Ríos puede eludir a la Justicia si lo deja en libertad hasta el día que le hagan el juicio.
"No puedo dejar de lado, al valorar los elementos de convicción, los antecedentes del imputado, sobre todo por hechos que revisten una similar conducta delictiva, lo que importa un indicio de cargo, sin que por ello y en modo alguno se este adoptando un derecho penal de autor. Por el contrario, se trata de una prueba indiciaria, de utilidad, que en el caso que no ocupa, se puede observar de la planilla prontuarial del imputado, una manifiesta vocación criminal, con una inclinación por los delitos de estafa.
Según consta en el expediente, Jacinto Bonifacio de los Ríos, sufrió una condena el 19 de abril de 2005 a 18 años de prisión. Se trató de una pena unificada que impuso la Sala Tercera de la Cámara Penal. La que se habría cumplido el 18 de mayo del 2014.
El juez Correa tuvo en cuenta que, si en el juicio por estas dos estafas le aplicaran una pena de cumplimiento efectivo, la condena no sería de cumplimiento condicional. Por eso es que quiere asegurarse que Bonifacio de los Ríos vaya al juicio y lo dejó en prisión.
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