Ladrones que no sólo se llevan miles en electrodomésticos y plata en efectivo, sino que además defecan, comen, tienen sexo y hasta se toman una cerveza en el lugar del robo. Todos casos sanjuaninos en los que las familias sufrieron, además del daño material, un daño moral y psicológico.
Roban, comen y defecan: el mensaje para intimidar a las víctimas
Siete casos sanjuaninos en los que los ladrones además de daño material buscaron el daño moral. La explicación según un psicólogo es que se ponen en un lugar de “todopoderosos” y buscan mostrar “quién tiene el poder”.
La semana pasada una mujer de Rivadavia sufrió un robo tipo "escruche” en su vivienda. Los malvivientes se llevaron más de 20 mil pesos en efectivo, joyas y aparatos. Como les sobró tiempo porque la familia no estaba, se sentaron a tomar el té. "Lo indignante fue ver que se sentaron a tomar el té con galletas, dulce y manteca”, dijo la dueña de casa.
Según el psicólogo forense, Julio Millán, el daño es mucho mayor cuando los ladrones además de robar intentan dejar esta especie de mensajes que buscan mostrar el poder que tienen sobre las víctimas.
"Se ponen en el lugar de todo poderoso, tratan de general un daño moral a las familias que atacan. Cuando yo trabajaba en la secretaría social de la Corte recuerdo hechos donde hacían sus necesidades en el living, el comedor o la cocina”, comentó el profesional.
Así los delincuentes intentan dejar un mensaje, una "agresión subliminal inconsciente”, explicó Millán.
Este mismo año, pero en abril, un robo de similares características se dio en el barrio Frondizi, en Capital.
Allí la familia Ontivero llegó de viaje y se encontró con el desolador panorama. Los ladrones habían empujado un aire acondicionado cercano a la puerta para colarse por esa abertura y robar más de 64 mil pesos en efectivo, ropa y una PC. Pero lo más perturbador para los Ontivero fue descubrir que se habían comido un flan que quedaba en la heladera y hasta prendieron el horno eléctrico para calentarse un lomo.
"Es una burla lo que han hecho”, comentó en ese momento Mauro Ontivero, a la prensa.
Según Millán este tipo de comportamientos incluyen, en muchos casos, un sentimiento de envidia por parte de los ladrones.
"En general hay un sentimiento de envidia al no poder acceder por sus propios medios a esos bienes materiales y se trata de hacer un daño dejando marcas a ese nivel para generar temor inconsciente en las familias”, relató Millán.
Los casos de estas características se incrementaron en los últimos años y en 2014, por ejemplo, delincuentes ingresaron a las instalaciones del Colegio Inglés, ubicado sobre Av. Libertador, y se comieron las golosinas del kiosco. No conformes con esto defecaron en un patio interno del Jardín de 3.
Un año antes, en 2013, la escuela primaria Policía Federal Argentina, de Chimbas, sufría un nuevo robo. Los delincuentes ingresaron de noche, se llevaron ropa y mercadería. Pero cuando la Policía llegó descubrió, además, un preservativo usado en el kiosco del establecimiento.
Si bien la institución educativa ya había sufrido varios escruches, esa fue la primera vez en que los ladrones hasta se tomaron el atrevimiento de tener sexo en las instalaciones.
En 2015 un matrimonio de un minero y una docente de Concepción viajaron a Jáchal a traer a sus hijas y pasaron allí el fin de semana. Cuando volvieron encontraron su casa saqueada. Los ladrones se habían llevado 10 mil pesos en efectivo que tenían para señar el salón para el cumpleaños de 15 de su hija y además se habían tomado una gaseosa y comido bombones y obleas.
Ese mismo año una pensionada sufría el robo de 19 mil pesos de su casa de 9 de julio. La mujer guardaba el dinero para terminar arreglos en el baño de la vivienda pero los ladrones truncaron esa posibilidad. "Lo que más bronca me dio fue que se tomaron una cerveza y dejaron el envase tirado en el piso”, comentó la hija de la víctima en ese momento.
Los casos se repiten en toda la provincia pero todos tienen la misma característica. Los delincuentes monitorearon los movimientos de sus víctimas, esperaron a que se ausentaran por varios días para entrar y comieron, bebieron y hasta defecaron para dejar bien claro "quién manda”.
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