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martes 12 de mayo de 2026

En busca de Justicia

Verdú pide ayuda a España para que el crimen no quede impune

El padre de Natalí y esposo de Ana Gómez, las dos mujeres asesinadas con saña en 2002, dice que quiere usar todos los recursos que pueda antes de que prescriba el caso. Por Miriam Walter.
Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Miriam Walter
 
En dos meses se cumplirán 11 años del homicidio de Natalí Verdú y su madre Ana Gómez, que se convirtió en unos de los casos más conmocionantes de San Juan. Jorge Verdú, el padre de Natalí, decepcionado con la investigación local y apurado por la pronta prescripción del caso, piensa que la justicia puede llegar desde afuera, por lo que ya hizo consultas al consulado de España y espera poder viajar para profundizar los trámites cuando su salud se lo permita.

“Natalí tenía la ciudadanía española, yo los hice ciudadanos a mis dos hijos por si un día necesitaban algo o estudiaban y pensé que ella como ciudadana española podía tener derechos”, explicó el hombre. Aseguró que fue hasta el consulado de España en Mendoza y que allí le respondieron que como la Justicia argentina está atendiendo el caso, ellos no pueden intervenir. “Por eso pensé en viajar, para ver otras autoridades que me escuchen en ese país. No sé si pueda con mi salud”, dijo apesadumbrado.

“Yo tengo los papeles de ciudadanía de mi hija, vamos a ver cómo seguirlo porque ahora soy enfermo de diabetes. Estuve estudiando sobre la enfermedad y entre los causales están los duelos. Yo calculo que en mi caso es por el dolor, estoy bajo tratamiento con medicamentos, cada vez que siento la impotencia me pongo nervioso y me hace mal. Mi hermano me dice que me cuide de los nervios, me dice que a mi hija no me la van a devolver”, continuó.

Verdú dijo estar preocupado por el paso del tiempo sin ninguna novedad del caso, sin ningún culpable. “Le falta poco para prescribir. Yo no querría que prescriba nunca ni esta causa ni otras porque son vidas de personas inocentes, pero la ley no la maneja nunca uno. Los asesinatos no deberían prescribir nunca”. El Código Penal fija que la prescripción de delitos es variable: de 15 años para los penados con reclusión perpetua o prisión perpetua; o del máximo de la pena de prisión que importe el delito cometido con la salvedad que ese plazo no puede superar los 12 años y no bajar de los 2 años. En el caso Verdú, los 12 años se cumplen en 2014.

El crimen ocurrió el 5 de septiembre de 2002 en una vivienda de Avenida Libertador casi Rawson, en Capital. El primero en llegar a la casa fue Emanuel, el hijo de Ana Gómez. Cuando abrió la puerta, vio todo revuelto y se fue a buscar a su padre, Jorge Verdú. Cuando volvieron, entraron a las habitaciones y allí encontraron a las dos mujeres muertas, atadas de pies y manos. A los pocos días, la Policía reveló que Ana tenía 3 tiros en la cabeza y uno en el costado izquierdo del abdomen, mientras que a Natalí le dispararon 5 veces en la cabeza y una en el pecho.

Desde 2002, con fuertes críticas al juez a cargo de la investigación, Guillermo Adárvez, Verdú viene investigando por su cuenta, asesorado por un primo y acompañado por su hijo, a quien le faltan pocas materias para recibirse de abogado. En este marco, Verdú se entrevistó con mucha gente, aportó a la Justicia su hipótesis relacionada con el novio de su hija e hizo movidas especiales: “He recorrido muchísimos kilómetros, he hecho todo, hasta me tomé un café con el que le hace los peritajes al caso Menem, porque quería saber más”, afirmó el hombre, que en 2011 hasta ofreció un 0km de recompensa a quien diera un dato esclarecedor.

“En todo este tiempo con el juez no he podido hablar, quiero hacer un último intento, porque me hace mal vivir con la impotencia de no haber hablado con el juez. ¿Qué le quiero decir?  Quiero  sacarme dudas que tengo, ver que no se cierre el caso y decirle muchas cosas que no me gustaron de la actuación de él. Por ejemplo, no preservó la escena del crimen, está filmado que cuando sacan los cuerpos había como 30 personas. A mí me señalaron como sospechoso y eso me dolió muchísimo. Creo que merezco ser atendido como cualquier ciudadano, es lo menos que puede hacer”, explicó.

Verdú vendió la ferretería en la que solía jugar Natalí de niña. Duerme armado y vive encerrado con rejas y alarmas.  Aunque no desiste en encontrar justicia, es pesimista: “Yo creo que esto va a quedar impune, como todo. Ya perdí las esperanzas”, confesó.
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