Por Gustavo Martínez Puga
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“Lamentamos que a Bufano no lo investigaran en su momento”
Tras la desaparición de María Rosa, la noche que había ido a cuidar a su madre al Sanatorio Brown, los Pachecho-Balmaceda habían pedido pública e institucionalmente que investigaran a Bufano, quien estaba mencionado en el libro Nunca Más como uno de los represores que cometieron delitos estando en funciones.
“Esta –por la de María Rosa- fue una desaparición en democracia, pero con la metodología de los militares y con el apoyo de algunas instituciones. No sé si fue por inoperancia o porque arrastraban viejos vicios, pero lo cierto es que una persona sola no puede hacer desaparecer así como así a alguien. Quien lo hizo tenía un equipo, hizo inteligencia previa y un sistema que luego lo terminó apoyando. Digo eso porque en el juicio que le hicieron a mis hermanos –Juan José y Jorge habían sido detenidos por la policía como los autores del crimen, pero en el juicio dijeron que no habían pruebas para vincularlos al hecho-, se ordenó que los jueces de primera instancia investigaran a un grupo de policías por la forma en que procedieron y nunca se hizo. Y ordenaron investigar el crimen y quedó todo estancado”, dice Irma, la hermana menor del ingeniero Juan José Balmaceda, el marido de María Rosa, matrimonio del que nacieron Sebastián y Carolina, quienes eran niños cuando les arrancaron a su madre y hoy cursan estudios universitarios.
Irma, docente de nivel superior, fue quien recibió aquel macabro llamado telefónico que le precisó a la familia, y a los medios, el lugar donde estaban los huesos y alguna pertenencia de María Rosa: “Fue una grabación cuya voz y forma de hablar era la típica de un policía. Además, quisieron que nosotros y los medios nos enteráramos primero que la justicia. A esos restos se les hizo el ADN y se determinó que eran de María Rosa. Fue un típico procedimiento de la dictadura: hacer desaparecer a una persona, responsabilizarla a su familia por el hecho y luego tirar el cuerpo”, asegura Irma.
Nunca hubo un testigo que hubiera visto a María Rosa salir del Sanatorio Brown. La psicóloga había dejado a su hermana cuidando a su madre y desapareció. Luego su auto, un Renault 19 rojo, fue quemado íntegramente en las inmediaciones del Dique de Ullum, donde tuvieron la precaución de sacarle los cuatro neumáticos. Y a los pocos días llamaron avisando que en El Villicum, en Ullum, había huesos, cabello, papeles y parte de un tapado que eran de María Rosa.
“Cómo puede ser que la gente de seguridad no haya visto nada. Ni siquiera la vieron salir a María Rosa. Ellos controlaban todo: en los cambios de turno de María Rosa con sus hermanas para cuidar a su madre, las requisaban y anotaban quién entraba y quién salía”, dice Irma.
En esos años Rubén Bufano estaba vinculado a la agencia de seguridad OVIS. La familia pidió a la justicia local que lo investigara, pero ni la policía ni la justicia lo hizo. “Nosotros no buscamos ninguna situación personal con nadie. Si ahora la justicia entiende que es responsable por los delitos que lo acusan, y tienen pruebas, lo tendrán que condenar. Eso es justicia. Lo que nosotros siempre cuestionamos es que, desde el sentido común, nadie investigó a esa agencia de seguridad en su momento, a pesar de que nosotros lo investigamos y lo denunciamos”, dice Irma.
17 años después de aquella desaparición, Irma cuenta cuál es la sensación en la familia: “Nos hubiese gustado saber qué pasó con María Rosa. Lamentamos mucho que en aquel momento no se investigaran las pisas que habían. Uno siempre tiene esperanza y espera que, aunque sea tarde, se haga justicia. Todavía hay denuncias que están abiertas”.
Quién era
María Rosa Pachecho de Balmaceda era una psicóloga que trabajaba en la parte pública, asesorando al Ministerio de Educación en el Programa de Inversión en el sector Educativo (PRISE), y en la parte privada, en un hogar de recuperación de adictos que se llamaba Centro Caminos. Ninguna de esas instituciones fue investigada por la policía ni por el juez Juan Lanciani, quien instruyó la causa. María Rosa y Juan José estaban vinculados a movimientos católicos y ambas familias siempre fueron muy unidas, sobre todo después de la desaparición y el crimen.
Represor y empresario
Rubén Bufano fue detenido y procesado hace dos semanas por delitos de lesa humanidad. El juez Sebastián Casanello dispuso el procesamiento por su participación en una asociación ilícita destinada a la realización de secuestros extorsivos de empresarios, entre ellos Ricardo A. Tomasevich, Alberto Martínez Blanco y Carlos Koldobsky. En la resolución, dictada en la causa 16.684/05, el juez tuvo por acreditado que Bufano, integrante del Batallón de Inteligencia n° 601 del Ejército, junto a otros participantes que también formaban parte de fuerzas de seguridad, llevaron a cabo un plan destinado a cometer diversos delitos.
Tras su época de militar, Bufano se instaló en San Juan y emprendió varios negocios, entre ellos el de la seguridad privada. Además, se le conoció públicamente su vínculo con estaciones de servicio de “marca negra” –que no pertenecen a compañías petroleras-. Hasta la semana pasada, Bufano se paseaba por los edificios públicos y las calles sanjuaninas con total impunidad. Ahora eso cambió.