Los gases que emitía el combustible, de mucho mayor octanaje que la nafta de autos, provocó ignición y una explosión que terminó con Walter Horacio Gallardo con quemaduras del 3° grado en el 65% del cuerpo; su hijo, Matías Gallardo, de 25 años, con quemaduras de 1° grado en las manos; y Luciano Rodríguez, de 30 años, conductor del camión de combustible, con quemaduras de 3° grado en el 50% del cuerpo.
Walter Horacio Gallardo sería un reconocido piloto que ha trabajado, incluso, en el ámbito de la gobernación volando helicópteros.
Fuentes cercanas a la institución aseguraron que esa manera de trabajo es habitual, a pesar de que no se respetaban mínimas normas de seguridad, como que los tanques estén enterrados, sólo con la boca al exterior, para evitar explosiones.