Su bautismo de fuego fue en un cumpleaños, como algo casual. Esa noche le pasaron el micrófono y cantó como nunca antes lo había hecho, en público. Desde entonces “El Emi” le perdió el miedo al escenario, abrazó a la música como otras de sus pasiones y cada vez que puede juega y se transforma en el cantante de cuarteto y cumbia.
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"El Emi", de los pasillos de Tribunales a los escenarios del cuarteto y la cumbia
Esa es la historia de “El Emi” o Emilio Romero, tal cual es su nombre, ese empleado judicial que cumple tareas de ordenanza en la Unidad Fiscal de Investigaciones de Delitos Especiales. Ese muchacho de 34 años que atiende a todos con una sonrisa, que corre con los expedientes y sirve el café a sus compañeros. El mismo que se saca la camisa los fines de semana y se pone el traje imaginario de sus ídolos y cantan las canciones de La Konga, Ale Ceberio, Q Locura, Ulises Bueno, Los Ángeles Azules y Los del Fuego, muchos otros.
“El Emi” viene de una familia de empleados judiciales, hace dos años que trabaja en el Poder Judicial de San Juan. Pero su aventura de cantante empezó tres años atrás en una fiesta de cumpleaños, cuando un conocido suyo que sabía que le gustaba cantar lo invitó a pararse y le pasó el micrófono para que los deleitara con un tema. Esa noche cantó “La Cabaña”, del grupo cuartetero cordobés La Konga, y lo aplaudieron a rabiar.
Ese día cumplió su sueño de cantar ante un público y descubrió que no lo hacía mal. De hecho, en otra ocasión se animó a cantar en un restobar y comprobó que eso era lo suyo, pero como hobbies. “Lo hago por gusto nada más. No busco otra cosa, me divierto y trato de ser feliz cantando”, dice Emilio.
En una de una de las tantas reuniones de amigos conoció a Franco Espejo, quien lo invitó a cantar mientras tocaba la guitarra. A partir de ese momento congeniaron, hoy son amigos y compañeros de escenario. Juntos le pusieron nombre a su nuevo proyecto: “La Nueva Era”, el dúo que conformaron para cantar en restobares, fiestas y algún que otro festival que los inviten.
“A veces te dan algo de plata o no, pero lo hacemos porque nos gusta cantar y queremos alegrar a la gente”, expresa. Emilio cuenta que llegaron a actuar en un festival por la inauguración de la plaza de Bermejo durante la celebración patronal de San Expedito. También actuaron en chocolates y eventos barriales o espectáculos solidarios.
“Mientras nos sintamos felices y divirtamos a los demás, vamos a seguir cantando. Lo importante es que llegue ese mensaje de paz, de unión y de que hay que vivir la vida”, reflexiona. Emilio es muy creyente, los golpes de la vida y la partida de su madre le enseñaron no resignarse y por eso es optimista.
No sabe hasta cuándo va a cantar, pero por ahora disfruta el momento, en especial los fines de semana. A la familia, a la música y al fútbol no lo cambia por nada. Parte de su vida es esa, la otra parte está en el edificio de calle Rivadavia, donde de lunes a viernes se pone la camisa, la corbata y atiende al público y a sus compañeros de la UFI de Delitos Especiales.