Opinión

¡Danger! A Cáceres y Cornejo les cayó auditoría política y financiera del PRO nacional

La conduce otro sanjuanino, quien ya llegó a San Juan a revisar las desprolijidades locales, a hablar con los viejos heridos y a garantizar fondos.
sábado, 21 de septiembre de 2019 · 10:46

Marcelo Orfila y Eduardo Cáceres coincidieron de casualidad en el avión del viernes de la semana pasada, desde Buenos Aires a San Juan. Al llegar a Las Chacritas, el diputado y la dirigente Jimena Martinazzo, quien también viajaba en el mismo vuelo, ofrecieron al visitante llevarlo en su auto hasta el centro. Y así fue, se despidieron y a las pocas horas volvieron a encontrarse: Orfila había llegado justamente a revisar las actuaciones de su gentil anfitrión, el diputado nacional y su reducido séquito, ante los pésimos resultados políticos y las dudosas acciones financieras.

Como peludo de regalo cayó la decisión del macrismo nacional de aterrizar en la provincia a rearmar la tropa, con la excusa de garantizar los fondos de la fiscalización pero la finalidad definida de pasarle por alto a los portadores de la enseña amarilla y ponerse en contacto con todas las víctimas de su cerrazón en los últimos años.

Que redujo al PRO sanjuanino a una estrecha expresión de los citados Cáceres y Martinazzo más un puñado de allegados (el electo diputado Enzo Cornejo, el hermano Gerardo, nuevo concejal), virtuales tomatodo de los mejores años del macrismo que no han dejado nada para nadie más y que produjeron fugas de dirigentes no sólo relevantes sino que además se pusieron enfrente.

Marcelo Orfila

No hubo detalles sobre quienes integran la lista de esas reuniones, pero la tentativa es larga: empezando por Wbaldino Acosta y Hugo Ramírez, fundacionales del PRO local mucho antes de la llegada del tándem Cáceres-Cornejo, hasta dirigentes que se enrolaron en fuerzas diferentes ante las dificultades de encontrar un lugar.

Martín Turcumán como caso excluyente, candidato a gobernador en 2015 e insólitamente eyectado por el manejo de fondos e intereses en favor del entonces candidato a intendente capitalino Cáceres. También los de Dignidad Ciudadana como Lito Sánchez o Federica Mariconda, o el diputado provincial Sergio Sergio Miodowsky, enrolado ahora en el orreguismo. Con algunos de ellos ya se habría reunido, otros podrían esperar su turno luego del viaje de exploración de la semana pasada.

Marcelo Orfila en un sanjuanino en el destierro, que hace años vive en Buenos Aires –donde se recibió de contador además de un postgrado en la Universidad de Columbia- y ahora conduce la empresa Trenes Argentinos. Cada tanto se cansa del ruido y se recluye en la finca familiar de Puchuzún, Calingasta profunda, para descontaminarse y volver al ruedo.

Ahora vuelve a su tierra natal con responsabilidades políticas. Y por mandato no sólo del área a la que pertenece –el Ministerio de Transporte conducido por Guillermo Dietrich- sino también al ala política reflejada en Rogelio Frigerio y hasta el playmaker –al menos hasta las Paso- Marcos Peña.

Estos dos últimos fueron hasta ahora dos de los puntales de Cáceres y compañía en sus manejos sanjuaninos. El actual diputado llegó a las costas macrista de la mano de Emilio Monzó, el operador de Cambiemos que ocupa la presidencia de Diputados pero hace tiempo cayó en desgracia ante los fundamentalistas como Carrió. Incluso se recuerda una presentación en sociedad que Cáceres hizo de Monzó en San Juan, cena incluida en el restorán de la familia de su compañera Martinazzo.

Caído Monzó en la interna, Cáceres se las ingenió para granjearse la confianza del ministro Frigerio y su segundo, García de Luca. Así cubrió con sus allegados todos los cargos nacionales con gente de su confianza (todos los de Anses salvo Colombo, Desarrollo Social, oficina de Empleo, Enacom, Radio Nacional y decenas de cargos menores), fue lentamente parcelando todo el territorio y se tragó la llave de ingreso. Para peor, los resultados no lo acompañaron. Y esa energía en su contra que fue juntando, le iba a explotar alguna vez.

Es lo que parece haber sucedido ahora que le mandaron sin aviso y sin consulta a un comprovinciano como auditor, al que el destino y las coincidencias pusieron en su mismo avión. Claramente le soltaron la mano a Cáceres sus principales sostenes, Frigerio y Peña, con quienes supo hacer buenas migas y ahora aparecen apuntalando al interventor sanjuanino.

Pero estos son otros tiempos. Ya no rinde, quedó probado, el bailecito y la simpatía guionada para obtener voluntades. Hace falta algo más, tanto en la hipótesis –difícil, pero posible- de que Macri obtenga su reelección, como en la más natural que le toque otra vez el llano de la oposición.

En cualquiera de ellas, al PRO nacional le cayó la ficha de lo irracional que significa seguir avalando que el local sanjuanino quede reducido al minúsculo y poco rendidor equipo actual, pasarán con la ambulancia en busca de los heridos que dieron el portazo.

Las fuentes partidarias nacionales que hablaron del tema con Tiempo de San Juan dijeron que el primer objetivo es garantizar que bajen los fondos destinados a la fiscalización. Les llamó mucho la atención la presencia en San Juan de mesas en que los votos para Macri fueron 0, lo atribuyen en parte a algún déficit operacional. Hicieron particular énfasis en la frase “que llegue” la plata destinada a la fiscalización, lo que de manera elíptica indica que existen sospechas de que a esos recursos les esté costando “llegar”. O que en el turno anterior de las Paso hayan agarrado por algún desvío.

Esa es apenas una franja de fondos enviados desde la Nación a la provincia por medio de sus representantes en San Juan –el dream team Cáceres-Cornejo-, hubo y sigue habiendo una amplia variedad. En los cuarteles nacionales aseguran que la lupa estará puesta en todo ese variado abanico.

Pero que el destino final del tren político liderado por Orfila es la estación de una estructura política mejor consolidada en San Juan, más amplia y que contenga a todos los que fueron repelidos por el microespacio liderado por Cáceres y –deben admitirlo- con mandato desde la Rosada.

Empezando por Hugo Ramírez, fundador del macrismo en San Juan e incluso amigo del propio Macri de los tiempos cuando lo trajo por primera vez a San Juan como político. Ramírez es médico y empresario, motivos ambos por los cuales mantuvo el contacto por vía indirecta desde su afinada relación con el PAMI.

Siguiendo por Wbaldino Acosta, abogado e hijo del ex gobernador homónimo, siempre un vocacional del espacio que fue eyectado cuando llegó Cáceres con mandato nacional. Ni hablar del caso de Turcumán, un dirigente que parece haber sido creado a imagen y semejanza del Pro, pero que fue tirado a las vías del tren en medio de la batalla de celos librada por Cáceres frente a todo aquel que le hiciera sombra.

Se fue y formó otro partido, ADN, igual que los dirigentes de Dignidad Ciudadana que fueron desterrados por ensombrecer la proyección del líder local. A todos ellos tiene la misión Orfila de relacionar nuevamente, no será fácil.

Entre los que se quedaron en el PRO también hay calientes. Es el caso de la concejala Raverta, quien tenía expectativas mínimamente de repetir pero no fue incluida en las listas y debió dejar su lugar en manos del hermano de Eduardo Cáceres, Gerardo.

Y los radicales, socios minoritarios de la coalición nacional que en San Juan fueron destratados de manera violenta: no les quedó ni la banca provincial que dispondrán hasta diciembre con Eduardo Castro. Orfila ya dio el primer paso tomándose un café con el ex presidente sanjuanino Hugo Domínguez, quien en San Juan aparece poco pero mantiene contacto con los altos espacios de influencia nacional.

Primeros episodios de una saga que promete varias temporadas.

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