análisis

¿Podrá la Nación romper su única red de contención?

Macri hace campaña con plata de las provincias. Que hasta ahora, como San Juan, vienen reemplazando las funciones que abandona la gestión nacional. Por Sebastián Saharrea
sábado, 24 de agosto de 2019 · 10:09

Suele pasar que el deudor se evapora y cuando cae el cobrador con la carterita se encuentra con que se esfumó. Ocurriría si es que la gestión Macri abandona la Rosada (no muertos, al decir de Carrió, sino por consecuencia de los votos) y los más de $3.000 millones devaluados por obras que le debe a la provincia quedan en el limbo entre los que se fueron y los que llegan. Y hay que empezar toda la cobranza de nuevo.

Hay particularidades en este caso: que la documentación sobre la deuda queda acreditada de cualquier manera, que los nuevos ocupantes de la silla si es que ya no está Macri será un amigo de la gestión sanjuanina.

La realidad es que una parte de los tomadores compulsivos de ese crédito ya ganaron la puerta de salida con Nicolás Dujovne y un cambio de mando demandará mínimamente la obligación de explicar todo de vuelta. Recién después, rezar para que los nuevos tengan capacidad de comprensión y la espalda para cumplir compromisos tomados por otros, sumados a los que ya tendrá en la misma condición (FMI).

Esa deuda de la Nación con la provincia fue alumbrada en San Juan por la voluntad política de no ver frenada la actividad en obras públicas ante la falta de envíos de fondos nacionales. Razonabilidad pura, de lo que faltó por la Rosada. Se fue generando así una bola de nieve que siempre la gestión Macri con Frigerio a la cabeza pateó para adelante sin el más mínimo gesto que denotara intención de pago.

Expresa la manera en que las provincias como San Juan fueron funcionando como red de contención para las fallas –por considerarlo de una manera respetuosa y gentil- del gobierno nacional en la financiación de lo que tiene a su cargo. En el caso sanjuanino, especialmente obra viales como las de Ruta 40 a ambos lados de la Capital, el acceso Sur que demandó demanciales 3 años paralizados y de camino cortado, el ensanche a Albardón que se debate contra la parálisis.

Es apenas uno de los condimentos de la desnaturalizada relación de la Nación y las provincias, cuyo fuego ahora Macri decidió reavivar con nafta lanzándoles el fardo del peso de sus recientes medidas “populistas”: reducción de los pagos de Ganancias, eliminación de IVA en alimentos. Graciosa condonación con fines de recuperar tono político con dinero que no es suyo, porque una parte de esos impuestos corresponde a las provincias.

Y les acaba de generar un agujero imprevisto, calculado en 1.500 millones de dólares. Para San Juan, el costo de la fiesta macrista es de alrededor de 1.500 millones de pesos, más de 900 sólo de lo que no se cobrará por Ganancias. Para los municipios sanjuaninos, el proporcional es de unos $ 200 que los obligará a replantearse sus obras vecinales. Un nuevo zarpazo de Macri, luego del que les infligió el año pasado con la eliminación de los envíos por los fondos de la soja con lo que hacía pavimento y cordón cuneta.

Pudo haber sido la relación de Macri con las provincias su gran virtud federal, no lo fue por propia ceguera. Y no es que haya tenido una visión especial, sino la necesidad de cumplir con un fallo de la Corte emitido justamente antes de asumir que le ordenó dar marcha atrás con el primer pacto fiscal ordenado-acordado por Cavallo con las provincias que consistía en la condonación del 15% coparticipable para sostener el Anses.

Resulta que tres provincias –dos de ellas que no traspasaron sus cajas jubilatorias, Córdoba y San Luis, la contraprestación ofrecida por el superministro- obtuvieron un fallo favorable en la Corte que se hizo extensivo al resto de las provincias. Y la gestión de Macri se vio obligado a extenderlo y aplicarlo, a un ritmo del 3% de devolución anual, más todo el acumulado de las malas liquidaciones.

Por eso Macri no se cansa de sostener que su gestión fue la que mayor cantidad de fondos envía a las provincias: no fue su decisión, sino el cumplimiento de un fallo. Que el presidente sí aprovechó para llevar agua a su molino: como no hay puntada sin hilo, demoró apenas un año para presentar a la comunidad de gobernadores su propuesta para devolver a María Eugenia Vidal, gobernadora bonaerense, el Fondo del Conurbano que se licuó y abrirle una cajita feliz para mejorar las condiciones financieras de Buenos Aires y hacerse fuerte políticamente.

El anzuelo fue una demanda que la mandataria bonaerense reavivó en la Corte, los supremos no ocultaron su disposición a darle curso, y entonces apareció en bandeja el acuerdo político. El tándem Macri-Dujovne propuso a los mandatarios derogar el artículo que impone las deducciones a la Anses, compensar con el impuesto al cheque, y engordar la torta coparticipable para que nadie gane ni pierda nada, salvo la preferida del presidente.

Vidal se quedó con un fondo garantizado de los 650 millones congelados del viejo Fondo del Conurbano, más nuevos 40.000 millones para el 2018 y 45.000 millones para este 2019. Firmado el acuerdo, la bonaerense retiró la demanda con la que asustaba (en realidad lo que asustaba era la disposición judicial a darle la razón).

Vueltas de la vida, el beneficiario de ese cañón financiero fue nada menos que Hernán Lacunza, entonces ministro bonaerense y hoy de la Nación, pero no pudo convertir esa nueva ventaja concedida por Macri en estímulo productivo u obra pública: el grueso fue a pagar endeudamiento, es decir a la timba financiera.

Y Vidal, la destinataria del esfuerzo político de Macri al blindarla con $ 85.000 millones adicionales a costa del bolsillo del resto de las provincias, redundó en una pálida repercusión en las urnas, debiendo revertir ahora nada menos que 18 puntos porcentuales que le sacó Kicillof en las Paso. Tal vez, por no haber destinado esa ventaja de recursos al circuito productivo o de consumo y volcarlo al endeudamiento.

El siguiente cachetazo de Macri a las finanzas provinciales ocurrió justamente a fines del año pasado, consumada la corrida que estampó al dólar desde la franja de los 20 a la franja de los 40. Allí, la gestión nacional decidió manotear de manera indirecta cortando fondos destinados a sostener la actividad en las provincias para cumplir con el ajuste del FMI.

Dos cosas sobresalieron: el retiro nacional del subsidio a los combustibles para el transporte y el Fonid, fondo docente que operó virtualmente como un sobresueldo para los maestros en varias provincias, entre ellas San Juan. Tuvo que salir la provincia a recomponer con sus recursos para que no subiera exponencialmente el boleto o no se produjera un hueco en el salario docente, nuevamente con sus propios recursos y sin ninguna compensación.

Hasta que ahora apareció este nuevo manotazo unilateral, motorizado por la intención de Macri de mejorar sus números electorales y utilizando recursos que no son suyos. Lo que significó que su administración se pusiera de sombrero la relación política con las provincias, que con tanta pompa había mostrado como ejemplo republicano. Incluso las suyas, atrapadas ahora entre su pertenencia política al macrismo y los pésimos resultados políticos que ponen en riesgo su continuidad, como Mendoza.

Resultó lastimoso que ni el mendocino Cornejo ni el jujeño Morales, víctimas también del cachetazo en las urnas, hayan estado presentes en la sesión de gobernadores en el CFI dedicada a defender sus recursos. Hacen equilibrio por el desfiladero entre no aparecer renegando contra medidas de su espacio político, tampoco señalados como cómplices de cuantiosas pérdidas en sus territorio.

Todo el resto, con excepción del cordobesista Schiaretti, armó el scum para defender el monedero provincial reclamando compensaciones. Mientras el flamante ministro de Hacienda Hernán Lacunza exclama que hace falta “un esfuerzo de todos” en esta búsqueda de recuperar votos para uno solo. Y al que no le guste, que pida el VAR.

 

 

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